sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Hola a todos,

Quería dedicar esta entrada a felicitaros la Navidad. Espero que paséis muy buenas fiestas y que el nuevo año os traiga un montón de alegrías.

Un saludo

lunes, 19 de diciembre de 2011

Nueva novela en Amazon: República

Hola a todos,

Pues eso, que después de marear mi novela República en no sé cuantas editoriales con más silencio que los maitines de un convento, me he decidido a sacarla como e-book en Amazon, aprovechando que ya está en España y que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Estoy revisando la novela para darle el formato adecuado, y he hablado con mi cuñado para que me haga una portada para el libro, porque yo dibujando no paso de hacer palotes. En estas fechas no creo que avance mucho, por lo que no espero tenerla en la tienda antes de enero.

No era yo de los que pensaba en autopublicar y, de hecho, no creo que venda más de un centenar, pero bueno, me servirá de experimento sobre lo que algunos dicen que es el futuro (publicar en web prescindiendo de editoriales)

Aún estoy pensando el precio, pero me estoy decantando por 1,49 euros.

Respecto a la novela, se trata de un género distinto a lo habitual, ya que no es histórica, sino más bien ciencia ficción, aunque en realidad es una crítica de la sociedad actual. Los que lo han leído han acabado encantados, aunque algún fallo debe tener cuando ninguna editorial apuesta por él. Supongo que el tema (lo más parecido sería '1984') no es comercial.

En fin, para mis futuros lectores aquí dejo una sinopsis: Se admiten comentarios sobre la misma (interesante, bodrio, no la quiero ni regalada, etc.) cualquier opinión (mala y buena) es bienvenida.

Un saludo


En un futuro lejano, la sociedad se rige por medio de la verdadera democracia. Violencia y religión han sido proscritas, las guerras forman parte del pasado y tanto el progreso como la corrección política dominan la vida de los ciudadanos.


Olvidado por una sociedad que desprecia su pasado, el último museo de historia contempla cómo sus salas se van vaciando de visitantes, a medida que la sociedad va perdiendo sus raíces. Andrés, uno de los cuidadores del museo, ve como la inútil burocracia consume el poco tiempo que le queda antes de la jubilación, hasta que un enigmático joven, deseoso de aprender sobre el pasado, se cruza en su camino haciendo renacer su ilusión por la historia. En la búsqueda de la comprensión por los antiguos valores ya perdidos, maestro y alumno van desgranando los problemas que subyacen bajo la aparente sociedad perfecta, reflejo de la nuestra, descubriendo poco a poco la oscura realidad que se esconde tras la idílica cortina de progreso y democracia.

Al mismo tiempo, las intrigas políticas que se desarrollan en el marco de unas corruptas y reñidas elecciones, en las que despiadados miembros del gobierno buscan una nueva forma de manipular a la opinión pública para mantenerse en el poder, forjan una trama paralela que, finalmente, chocará de manera brusca con el propio museo de historia y cuantos en él trabajan, en una espiral de sucesos que pueden dar un vuelco a la democracia y a toda la sociedad.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Armamento de los ejércitos bizantinos del siglo X

Hola a todos,

Para finalizar con el repaso de la milicia en el Bizancio del siglo X, veamos un poco qué clase de armamento portaban los ejércitos bizantinos de aquella época.

Los escudos variaban en forma y tamaño. El más común para la infantería pesada era el skuta, oval y de tres o cuatro pies de largo, aunque algunos portaban otro circular de 70 cm. de diámetro, el thureos, igual al utilizado por la caballería. Sin embargo, la infantería ligera usaba uno muy pequeño, de apenas 28 cm. de diámetro, al igual que los arqueros a caballo, que no podían usar uno más grande debido a sus arcos. Hacia finales de siglo aparecen los llamados escudos triangulares, más grandes los de infantería que los portados por los jinetes.



En cuanto al armamento en sí, las armas básicas del soldado bizantino eran la espada y la lanza (kontos ó kontarion). La lanza, de poco más de 3 metros de largo para la caballería y algo más para los infantes, se había adaptado de los sármatas y alanos. Se combinaba en ocasiones con la jabalina (verutta, akoution y menaulion) o, para la caballería pesada, con los dardos de punta de plomo.
La espada (spathion) medía 85 cm. y se llevaba en una funda en el lado izquierdo de la cintura, aunque existía otro tipo de espada menos común, una especie de sable de un único filo, el paramerion. También se utilizaba el hacha y la maza, aunque eran raros para los bizantinos y se utilizaban sobre todo en unidades de mercenarios como los varengos. La maza era a veces utilizada por la caballería, como arma secundaria, mantenida en una funda de cuero atada a la silla.

El arco y la honda eran las armas de alcance más comunes. El arco era de tipo compuesto, de poco más de un metro de largo, probablemente adoptado de los hunos. Se utilizaba indistintamente por la caballería y la infantería, aunque entre los infantes su uso declinó rápidamente, mientras que en la caballería, la mayor parte de los arqueros eran mercenarios asiáticos. Se intentó reorganizar la caballería pesada de forma que dos de cada cinco hombres fueran arqueros, abandonando las lanzas, pero la posterior introducción de hondas (spendone) entre los jinetes en lugar de arcos da pie a pensar que la arquería en los bizantinos resultaba bastante ineficiente.



Dentro de los manuscritos de la época se habla de un tercer tipo de arma de alcance, conocida como solenarion. Aún se discute a qué corresponde, aunque la mayor parte de los bizantinistas hablan de ella como una especie de ballesta, puesto que se relaciona con flechas cortas conocidas como menai. Se las consideraba un arma muy efectiva, pues la velocidad de las flechas era suficiente para traspasar armaduras y poseía un gran alcance. Utilizada por tropas de infantería ligera, desaparece del campo de batalla a finales del siglo X para reaparecer de nuevo a principios del siglo XII tras el contacto de bizantinos y normandos.

Finalmente, un arma mencionada muchas veces en las crónicas en relación con con la guardia palaciega es la rhomphaia, que genera tanto debate como el solenarion. Aunque los tratados militares bizantinos suelen ser detallistas y exhaustivos, no existe una referencia sobre la forma de este arma, por lo que existe discrepancia sobre si se trataba de una espada de distinta longitud de las clásicas para el ejército de campo, o si se trataba de una especie de falcata, de filo curvado y  un único filo.

Y eso es todo por hoy

Un saludo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Armaduras en los ejércitos bizantinos del siglo X

Hola a todos,

Para no variar de tema, tanto esta entrada como la siguiente las destinaré al equipo con el que combatían los bizantinos a finales del primer milenio. Hoy toca hablar de armaduras, dejando el resto del equipo para la semana que viene.

Gracias a placas, dípticos, mosaicos y algunos restos materiales encontrados en la actual Turquía, disponemos de un amplio conocimiento de la proteción con la que contaban los soldados bizantinos, sin contar con las descripciones que proporcionan los detallados manuales militares de la época. Existían tres tipos de coraza básicos: la cota de mallas, la armadura de escamas y la de placas.

- La armadura de placas era la predominante. Se componía de pequeñas planchas rectangulares de metal (normalmente de hierro) enlazadas en filas mediante tiras de cuero que encajaban en pequeños agujeros hechos al efecto, de forma que las placas se superponían unas sobre otras ocultando las juntas. La coraza resultante se denominaba kibanion, nombre que surge del latín clibanarius, que designaba a uno de los combatientes de caballería pesada del bajo imperio. Normalmente esta coraza se realizaba sin mangas y protegía sólo hasta la cintura, aunque se han documentado algunas variantes que incluyen protección para la parte superior de los brazos. Igualmente, se han descubierto referencias a armaduras de placas que llegaban hasta las rodillas en manuscritos del siglo XI, aunque son muy raras. Como protección para los brazos y la parte baja del cuerpo se añadían pteruges, compuestas por cintas de cuero o metal.



- La armaduras de escamas, muy parecida a la anterior aunque realizada con medallones de metal en lugar de placas, resultaba poco flexible e incómoda. Cubría el torso y se presentaba siempre sin cobertura en los brazos. La técnica de su construcción era similar a la de las placas aunque, a diferencia de las placas (en las que las filas de abajo se superponían a las de arriba) la superposición se hacía al revés, de forma que las superiores se sobreponían a las filas inferiores.

- La cota de malla se denominaba zabai, o lorikia (del latín lorica) era poco común, pese a su extensión en la zona occidental de Europa. Normalmente llegaban hasta la rodilla, y disponían de mangas hasta el codo o la muñeca, combinadas normalmente con capuchas de cota de malla para cubrir la cabeza. En ocasiones se sumaba a las armaduras de placas, llevándose debajo como protección adicional. Tal vez la escasez en su uso se debiera a las mejores condiciones sanitarias existentes en Bizancio respecto de Europa, donde el simple concepto de hospital era desconocido. Las cotas de malla, pese a lo que muchos creen, no servían como protección integral, puesto que resultaban fáciles de atravesar con la espada y no eran útiles contra mazas o martillos. Su utilidad descansaba en que resultaban una protección magnífica contra los pequeños cortes que se producen en los combates, heridas que, si bien no causaban la muerte al ser poco profundas, se infectaban con facilidad en el insalubre ambiente de la Edad Media.

- Por último, existían también coseletes de cuero, algodón prensado o lana, de hasta dos dedos de espesor y que recibían varios nombres, como epilorikion (usado por la caballería), kabadion y bambakion. Se hacían con mangas y algunos de ellos con capuchas del mismo material. Se utilizaban en solitario o en conjunción con la armadura de placas, como protección adicional contra las flechas.

Para antebrazos y parte baja de las piernas existían protecciones como grebas o brazales, tanto de metal como de cuero, aunque se llegaron a realizar también en madera. Las altas botas usadas por los soldados también aportaban algo de protección pues serían estar acolchadas por medio de un segundo forro de cuero. Para el caso de la caballería pesada se utilizaban igualmente guantes de cuero recubiertos de cota de malla.

Y eso es todo por ahora.

Un saludo

martes, 29 de noviembre de 2011

La organización de los ejércitos bizantinos en los últimos siglos del primer milenio

Hola a todos,

El otro día, mientras escribía la entrada de los Themas, me pareció que se quedaba un poco coja, dado que comentaba unidades que la mayoría desconocen.

La base para conocer el ejército bizantino de la época es el Strategicon del emperador Mauricio, aparecido a inicios del siglo VII y vigente hasta finales del milenio o, incluso, hasta el siglo XI. En él, se comenta que la unidad básica tanto de infantería como de caballería es el bandon, también llamado tagma o arithmos. El término bandon proviene del germano, lo que demuestra la influencia de los ejércitos mercenarios en Bizancio.

Un banda de infantería se componía de 16 lochaghiai, cada uno de ellos de 16 hombres mandados por un oficial o lochaghos (jefe de fila) asistido por un dekarchos, un pentarchos, un tetrarchos y un ouraghos (el que cierra la fila) Cada cuatro lochaghiai componían un allaghion.

En las unidades de infantería pesada tres cuartas partes de los hombres eran lanceros (skutatoi) y el resto arqueros, mientras que la infantería ligera era de un solo tipo.

En caballería, cada banda se dibidía en tres hekatontarchia, comandadas por un hekatontarchos, con un illarche como segundo. El jefe del banda era el comes. Sin embargo, con Leo VI esta distribución desaparece, y el banda de caballería se divide en seis allaghia, cada uno de ellos con 50 jinetes organizados en cinco dekarchiai de 10 hombres cada una. En el campo de batalla, la caballería formaba sus dekarchiai en dos columnas de cinco caballos de profundidad, con el dekarchos y el pentarchos en cabeza (los cuatro oficiales de la unidad eran lanceros, mientras que en la propia unidad se alternaban lanceros y arqueros)

A un nivel mayor, las tropas se agrupaban en moirai o dhoungoi (con un número de banda que variaba entre 2 y 5) y en turmai o merai, que agrupaban a su vez a tres moirai. Obviamente, el número final de efectivos de una turma era variable, dado que las unidades nunca contaban normalmente con plenos efectivos, pero podía ser estimado en 6000 ó 7000 hombres

Un saludo

domingo, 20 de noviembre de 2011

Los Themas

Hola a todos,

Uno de los sistemas de defensa más eficaces de Bizancio fueron los Themas. Básicamente, se componía de una serie de distritos militares, en los que ciudadanos-soldado se encargaban de la defensa del territorio.

Heraclio es quien tradicionalmente ha sido reconocido como el inventor de los Themas, que comenzaron en Asia Menor en el siglo VII, aunque es probable que fueran realmente obra de Constantino IV. En cualquier caso, se trataba de una división militar en provincias, normalmente a cargo de un strategoi o general, auxiliado por tres oficiales civiles para labores administrativas (los protonotarios) y con una guardia de entre una y seis unidades de militares profesionales, conocidas como kentarchai spathariorum, compuesta cada una de ellas por 100 jinetes.



A este pequeño núcleo de fuerzas profesionales había que sumar el grueso de las tropas de defensa, compuesto por los campesinos-soldado, que disfrutaban de tierras a cambio de la posibilidad de ser llamados al combate. Entre estos campesinos existían enormes diferencias, desde los ricos terratenientes, capaces de mantener el mejor de los equipos y disponer de esclavos para cultivar la tierra, hasta los pobres labradores, que apenas podían mantener escudo, lanza y casco, o que debían agruparse para pagar entre todos el equipo de un caballero.

Las tierras estaban asociadas a la disponibilidad de ser llamados a filas, por lo que eran heredadas por el primogénito. Pero si se perdía la capacidad económica para mantener el equipo los propietarios eran expulsados.

Las tropas de cada Thema se organizaban en turmai, subdivididas en moirai o dhoungois, cada una de ellas compuesta a su vez de varias banda. El número total de hombres variaba enormemente de un distrito a otro. En 902, iba desde los 4.000 de la Thema de Charsianon hasta los 15.000 de Anatolikon. Estas cifras se refieren únicamente a la caballería, pues también existían infantes en las Themas, aunque ellos no recibían tierras y eran, probablemente, simples conscriptos. Su número es dudoso, aunque algunas fuentes de la época hablan de hasta 24.000 infantes por Thema, lo que es, a todas luces, exagerado (Con esas cifras, los 46 distritos del siglo XI hubieran sido capaces de elevar en armas casi 1.300.000 hombres)

El sistema funcionó muy bien, hasta que, con el tiempo, comenzó a resquebrajarse. El principal problema fue que los strategoi, aprovechando sus extensos poderes militares y civiles, comenzaron a imponerse como grandes propietarios de tierra, convirtiendo sus terrenos en estados semi-independientes, mientras que los campesinos que componían su clientela comenzaron a operar como una especie de ejército privado. Una vez comenzada la corrupción, el estado poco pudo hacer por eliminarla. No sólo eso, a medida que pasaba el tiempo tenía que realizar concesiones a los grandes propietarios para asegurarse su compromiso militar, hasta el punto que llegó a concederles la exención de impuestos, lo que conllevó un aumento del deterioro a largo plazo, a medida que más y más pequeños propietarios caían en la esfera de influencia de los strategoi. Eso conducía a una disminución de los soldados bajo control del estado, de modo que, a finales del siglo X, la media de hombres útiles era de sólo 3.000 por distrito, cuando en 902 ninguno bajaba de 4.000, y algunos llegaban a 15.000

Debido a esto, ya en tiempos de Niceforo II Focas (963-969) se comenzó a emplear mercenarios para formar el núcleo de combatientes de los Thema, descuidando el entrenamiento y equipo de los campesinos-soldados, cuya fiabilidad dependia en gran parte de los deseos de los grandes propietarios.

Finalmente, tras la muerte de Basilio II, último emperador capaz de mantener el orden entre los terratenientes, los strategoi comenzaron una pugna por el poder político, encabezando revueltas constantes contra la corte de Constantinopla, hasta que uno de ellos, Isaac Comneno llegó a hacerse con el trono. La respuesta de la burocracia ante estos repetidos asaltos consistió en desmontar la eficacia combativa de los Themas, ejecutando generales y desmovilizando ejércitos enteros, como ocurrió en la importantísima provincia de Iberia. Los campesinos dejarían de ser soldados a cambio de una tasa o impuesto, lo que conllevó que la desapareción del pequeño campesino, el alma de este sistema, se acelerara, engullidos por las ambiciones de los grandes terratenientes y sin que su compromiso por la defensa recabara el interés del estado por mantenerlos.

El ejército bizantino entró entonces en decadencia, erosionado por las intrigas, las luchas civiles y la falta de apoyo desde la propia corona. De ahí a Manzikert, sólo restaba un paso.

Un saludo

lunes, 14 de noviembre de 2011

Las unidades de la guardia en el siglo X bizantino

Hola a todos,


Durante los siglos IX y X, dentro de las expresiones militares de Bizancio nos encontramos frecuentemente con la palabra 'Tagmata', traducida a veces de manera incorrecta como 'regimiento', dado que la realidad es bien distinta.

Durante esta época, el núcleo del ejército lo formaban las unidades de la guardia estacionadas en Constantinopla. El Tagmata, era la denominación colectiva que se asignaba a un grupo de ellas, en concreto a las unidades de caballería de Scholae, Excubiti, Arithmos e Ikanatoi (caballería) Este núcleo de tropas al servicio directo del emperador formaban el Tagmata, aunque a veces se asignara a esta formación otras unidades, como los Numeri, o incluso la flota imperial.



El número de hombres que conformaban el Tagmata depende de la interpretación que se de a las fuentes, puesto que hablan de 6.000 hombres. Sin embargo, algunos opinan que ese era el total de todas las unidades (1.500 hombres por cada una de las cuatro) mientras que otros aducen que ese era el registro de cada unidad, elevando el total a 24.000, cifra excesiva y que hace pensar en la primera interpretación como la correcta. Baste decir que en tiempos de Justiniano, cuando los Scholae eran la mayor parte de la guardia, nunca contaron con más de 3.500 hombres.

Cada unidad estaba comandada por un domestikos, excepto el Arithmos, también conocido como Vigla, a cuya cabeza se encontraba un dhoungarios. Igualmente, en campaña las tareas de la Vigla también diferían de las del resto de unidades, dado que obedecían las órdenes directas del emperador, guardaban su tienda y se ocupaban de los prisioneros de guerra.

Fuera del Tagmata existían otras dos unidades: el Numeri, compuesto por 4.000 infantes y que se encargaba de la defensa de la propia Constantinopla, por lo que normalmente no abandonaba la ciudad, y la Hetaereia, un regimiento de unos 1.000 efectivos que comprendía tanto caballería como infantería. Dado su nombre (que procede de hetareos, la palabra griega para compañero) es probable que se tratara de la camarilla de nobles o hijos de nobles que acompañaban al rey.

Y eso es todo por esta semana.

Un saludo

domingo, 30 de octubre de 2011

La cara oculta de Teodora

Hola a todos,

Teodora, la mujer que compartió con Justiniano los años de gloria del imperio bizantino, se mantuvo muy por delante de su tiempo, dejando atrás el rol de simple consorte y ama de casa que dominaba el mundo romano de aquella época, para convertirse en una verdadera gobernante, rivalizando con su esposo en poder.

Una de las primeras mujeres a las que se les podría poner el título de 'feministas', utilizó su creciente poder para mejorar las condiciones de vida de las más desfavorecidas, cambiando leyes, atenuando la dureza de algunas disposiciones contrarias a las mujeres y utilizando los inmensos recursos del tesoro bizantino para liberar a prostitutas de su penosa situación.



Sin embargo, esta mujer también tenía un lado oscuro. El poder corrompe, y pocas mujeres han disfrutado de tanto poder como Teodora. Al igual que su amistad implicaba una vía directa hacia la riqueza, cruzarse en su camino era sinónimo de muerte.

No dudó en ordenar la muerte de la reina Amalasunta, en cuanto tuvo sospechas de que ella podría intentar unirse a Justiniano. Prisco, secretario paflagonio de Justiniano, fue desterrado, tonsurado y obligado a ingresar en un monasterio contra su voluntad debido a que se oponía a las políticas de Teodora.

De cuantos tuvieron la mala fortuna o falta de cuidado para enemistarse con Teodora, uno de ellos captó mi atención más que el resto, lo suficiente para incluirlo en mi novela. Basanio era un joven prominente, miembro de la facción verde, que realizó un comentario insultante contra la emperatriz, en un tiempo en el que Teodora disponía de espías por toda la ciudad de Constantinopla. Enterada de ello, Teodora envió al prefecto de la ciudad para arrestarle, pero Basanio fue advertido y huyó a la iglesia del Arcángel Miguel, donde solicitó asilo. Pese a que, según la ley, el asilo en una iglesia era sagrado, el prefecto, siguiendo órdenes de Teodora, le arrancó del altar, le azotó en público y le condujo a la prisión del Gran Palacio. Allí, la emperatriz, acusándole de pederastia en lugar de injurias, ordenó que le castraran, con lo que Basanio se desangró hasta morir. Posteriormente sus propiedades fueron confiscadas.

Y es que, en aquellos tiempos, nadie estaba a salvo de la cólera de la emperatriz.

Un saludo

domingo, 23 de octubre de 2011

II Jornadas de Novela Histórica en Murcia

Hola a todos,

Ya de vuelta en Madrid después de un intenso fin de semana. Acabo de regresar de Murcia, donde he tenido el placer de participar en las jornadas de novela histórica organizadas por Hislibris (un abrazo desde aquí para Ariodante, Akawi y Upta-Raptor) y en la que, en este primer fin de semana, hemos acudido cuatro de los ocho autores invitados: Carlos Aurensanz, Guillermo Galván, José Emilio Iniesta y yo mismo



El fin de semana ha sido una gran experiencia, y ha resultado muy divertido. La organización por parte de los compañeros de Hislibris ha sido magnífica, hasta conseguir que nos sintiéramos como en casa, y no sólo durante la firma de libros o las charlas en el museo, sino en la comida y la cena que siguieron a los eventos, y en las que pudimos disfrutar de unas buenas pinceladas de la comida murciana.



Por mi parte, comentar que he vuelto encantado de este viaje, y que me llevo en las alforjas una gran experiencia que espero repetir otro día. Por ponerle un pero a estas jornadas, ha sido una lástima que el museo se haya empeñado en dividirnos en dos grupos, me hubiera gustado coincidir con los cuatro autores. En fin otra vez será.

Un saludo

domingo, 16 de octubre de 2011

El entrenamiento de la caballería en tiempos de Justiniano

Hola a todos,

Cautivados por el cine, la idea que tenemos de la caballería romana es, básicamente, un tópico de un periodo muy concreto del imperio. Debido a su eclecticismo, que les llevaba a adoptar las estrategias militares más prácticas de sus enemigos, así como las armas, los romanos copiaron de persas y hunos las tácticas de los arqueros a caballo. Este tipo de guerreros, antes minoritarios en el ejército romano, llegó a convertirse en el siglo VI en la base del poder militar de Bizancio, componiendo la fuerza de choque y la élite de los ejércitos liderados por Belisario, hasta el punto de bastar 5000 de ellos para derrotar a los vándalos, sin que los 10.000 infantes, que componían el grueso de las fuerzas de Belisario en África, llegaran a participar en la lucha de forma significativa.



Sin embargo, la diferencia no estribaba sólo en cómo se empleaban estas tropas, sino que el propio soldado a caballo había cambiado totalmente respecto a su predecesor de siglos anteriores. En lugar de ser un simple escaramuzador, los arqueros montados de tiempos de Justiniano estaban entrenados duramente en múltiples aspectos del combate. Eran capaces de actuar como escaramuzadores, aguijoneando a las tropas enemigas con sus arcos, al tiempo que podían cargar con lanza o espada como caballería pesada tradicional, incluso eran capaces de descabalgar y formar a pie un muro de escudos, como demostraron durante una de las batallas libradas contra los persas, a los que derrotaron utilizando la primitiva aunque eficaz táctica de la falange.

Según el Strategikon, los soldados, que debían ser excelentes jinetes, eran entrenados de forma que pudieran disparar un par de flechas con su arco, guardarlo en la funda que colgaba de la silla, recoger la lanza que transportaban a la espalda, cargar con ella a través del enemigo y, finalmente cambiarla de nuevo por el arco para hostigar al contrario mientras se alejaban para reagruparse.

Como la mayoría de los jinetes no podían alcanzar semejante habilidad con todas las armas, muchas unidades se especializaban directamente como lanceros o arqueros, sin combinar ambas opciones, hasta que las bajas y el declinar del ejército bizantino empezó a hacer mella en sus filas, disminuyendo el número de estos super-guerreros, mientras el imperio dejaba recaer en los hombros de los aliados la carga de proveerles de caballería, volviendo nuevamente a las tácticas seguidas por la antigua Roma.

Tal vez, sólo tal vez, de haber mantenido la tradición y la fuerza, la historia del imperio bizantino hubiese sido muy distinta.

Un saludo

domingo, 9 de octubre de 2011

Los abusos en el acuartelamiento de tropas en el siglo VI bizantino

Hola a todos,

Acostumbrados como estamos a ver a los soldados en cuarteles, no concebimos otra forma de estacionar a las tropas. Sin embargo, durante el siglo VI, los ejércitos de campo bizantinos no disponían de cuarteles permanentes. Durante las campañas, obviamente permanecían en campamentos levantados allí donde se encontraran, pero en tiempos de paz se acomodaban con la población local.

Según la ley, los ciudadanos debían entregar un tercio de su casa a los soldados. Era el precio que los nuevos romanos tenían que pagar por dejar de lado su participación en la defensa del imperio. Sin embargo, pese a que la ley sólo obligaba a entregar las estancias o habitaciones, nada más se le podía exigir al sufrido ciudadano. Pero lo que la ley no contemplaba era el resultado de meter a bárbaros armados, a veces incluso con sus familias, en casa de temerosos ciudadanos. Los abusos eran tan frecuentes que recibieron un nombre, salgamum, prohibido por varias leyes nunca respetadas.



Como muestra, un relato de Edessa, que sostuvo una importante concentración de tropas entre los años 503 y 505, habla de como los soldados echaron a la gente de sus casas, les golpearon y robaron. Los humillados ciudadanos presentaron una denuncia ante el comandante local quien, pese a las leyes imperantes, únicamente decidió, como mal menor, limitar los saqueos de las tropas a ciertas ropas y a aceite.

Obviamente, las familias más acaudaladas lograban mantenerse exentas de este tipo de prácticas, por lo que todo el peso de la carga que suponían las tropas acababa siendo soportado por las familias más pobres de campesinos o trabajadores de ciudad, convirtiéndose esta costumbre en una de las causas por las que los ejércitos de la época estaban tan mal considerados incluso entre sus propios compatriotas.

Un saludo

sábado, 1 de octubre de 2011

El verdadero Arzes

Hola a todos,

Hoy quería traer al blog una pequeña historia sobre el Arzes real que dio origen al personaje de mi novela 'El sueño de Justiniano', uno de los mercenarios de Belisario e inseparable compañero de Drías.

El verdadero Arzes se encontraba presente con el ejército de Belisario durante el asedio de Roma. Fue allí, durante uno de los combates contra los ostrogodos cuando fue herido de manera bastante aparatosa. Una flecha se le clavó en la cara, entre la nariz y el ojo derecho, penetrando profundamente en la cabeza.



Los médicos pensaban extraer la flecha tirando del asta y, aunque ya daban por perdido el ojo, no se atrevían a hacerlo pensando en el daño que podrían provocar en los tejidos del interior. Sin embargo, antes de que comenzaran con ese plan, un médico llamado Teoctisto tuvo una idea. Presionó varias zonas del cuello de Arzes hasta encontrar una en la que el paciente sentía más dolor. Pensó que la flecha había entrado muy profundamente y que la punta se encontraría cerca de la piel en la zona trasera del cuello, por lo que realizó una incisión en el punto del cuello de Arzés donde éste sentía más dolor y... ¡acertó! Encontró la punta de la flecha, por lo que, tras cortar el asta que sobresalía por delante de su cara, extrajo el resto de la flecha desde la parte de atrás del cuello, realizando la operación de forma tan brillante que Arzés sobrevivió sin siquiera una cicatriz.

Quien no tuvo tanta suerte fue su compañero Cutilas, el que aparece en la imagen vestido con una túnica roja y un asta sobresaliendo de su frente. Al parecer, una javalina se le clavó en la cabeza. Para sorpresa de sus compañeros, no sólo no murió sino que se mantuvo sobre su caballo y regresó al campamento por sus propios medios, alarmando a cuantos se cruzaban a su paso y le veían con la javalina clavada y tan campante. Sin embargo, en su caso los físicos sí que realizaron la extracción de manera forzada. Cuando le quitaron la punta de javalina de la cabeza Cutilas cayó en coma y murió tres días más tarde.

Inmersos en un mundo con hospitales, farmacias, cirujanos, antibióticos, vacunas y máquinas de rayos X, a veces olvidamos que las cosas no siempre fueron así. Tal vez, precisamente por los avances que tenemos, resulta más sorprendente comprobar lo que lograban hacer los médicos bizantinos con simples escalpelos de bronce y plantas.

Un saludo

sábado, 24 de septiembre de 2011

Yarmuk 636 (V) La batalla

Hola a todos,



¡Por fin! La diplomacia, el primer arma con el que combatían los bizantinos, llegó a su fin. Tras meses de fútiles conversaciones, Vahan se decide a combatir a los árabes, comenzando una batalla que durará durante seis largos días.

DÍA 1:

Según la tradición que nos ha llegado, Vahan dividió sus fuerzas en veinte unidades, agrupadas a su vez en cuatro divisiones. A la derecha, al mando de Gregorio, se encontraba la infantería de élite, armada con grandes escudos que utilizaban para formar el ‘fulcum’, una especie de muro de escudos parecido al testudo romano. Según las fuentes árabes estaban ‘encadenados’ unos a otros, pero no deberíamos tomarlo literalmente, pues esa táctica no era conocida en Bizancio y, por otro lado, teniendo en cuenta que Vahan se planteaba atacar y no defenderse, sería difícil que sus tropas avanzaran correctamente atadas unas a otras.

Khalid Ibn al Walid formó a su vez treinta y seis grupos, unidos igualmente en cuatro divisiones a unos 1.500 metros de los bizantinos, distribuyendo a lo largo de toda la línea a sus arqueros yemeníes y dejando un grupo de caballería de reserva al mando de Zarrar.



Organizadas las líneas de batalla, tras las luchas entre héroes o campeones a las que las fuentes árabes dan tanto valor (sobre todo porque dicen que ganaron todas, aunque vaya uno a saber si era verdad) Vahan ordena un ataque a las nueve de la mañana en el que no emplea todas sus fuerzas, como si se tratara de un ejercicio de tanteo para comprobar el poder militar del enemigo.

DÍA 2:

Tras el tanteo del día anterior, Vahan decide lanzar un ataque serio justo antes de amanecer, esperando coger así al ejército enemigo desprevenido, en mitad de la oración. Sin embargo, Khalid había previsto la situación y dejó una guardia suficiente por la noche para que la treta bizantina no diera resultado, y su ejército pudiera incorporarse a las armas en mitad de la oración. El plan bizantino consistía en realizar un ataque sobre el centro para bloquearlo y presionar sobre ambas alas aprovechando la ventaja numérica para rodear a los musulmanes y aniquilarlos.



Al principio todo fue bien y ambas alas cedieron. Khalid envió su caballería de reserva al ala derecha, estabilizando ese frente, pero en su ala izquierda los bizantinos empujaron a los árabes hasta su campamento. En este punto, la leyenda dice que las mujeres de los soldados avergonzaron a los hombres que huían y obligaron a los árabes a volver y seguir peleando. El caso es que el frente se estabilizó lo suficiente como para dar tiempo a Khalid a reorganizar su caballería de reserva y llevarla al ala izquierda, conteniendo allí también a los bizantinos.




DÍA 3:

Tras el casi éxito del día anterior, Vahan decidió concentrar el ataque en su flanco izquierdo, cuyo terreno era más adecuado a la caballería. Tras iniciar el asalto, los árabes perdieron terreno con fuertes pérdidas, pero una nueva intervención de la caballería de reserva de Khalid restableció el frente.




DÍA 4:

El día decisivo de la contienda. Convencido de tener la victoria al alcance de la mano, Vahan decide insistir en la estrategia del día anterior, repitiendo el asalto al flanco izquierdo. De nuevo los bizantinos logran empujar a los árabes, aunque su ataque se rompe cuando Khalid divide su reserva de caballería en dos y realiza un movimiento de pinza sobre el centro de la línea de asalto bizantina, al tiempo que el resto de su caballería del ala izquierda golpea en el expuesto flanco izquierdo de la línea de Vahan.



En este punto el ataque bizantino se detiene y se recuperan las posiciones iniciales. Llegados a este punto uno se plantea la pregunta de ¿qué hizo la caballería bizantina mientras tanto? En el ala derecha, los arqueros a caballo acribillaron a los desprotegidos infantes árabes, hasta el punto de que en las crónicas recuerdan ese día como el ‘día de los ojos perdidos’. Sin embargo, en el flanco izquierdo, el del esfuerzo principal bizantino, la caballería de Vahan no supo detener el contraataque árabe. Es más, parte de los jinetes huyó del campo de batalla, arrastrando consigo el pánico en la unidad de reserva que custodiaba el único puente por el que podía retroceder el ejército de Vahan. De esa forma, los árabes pudieron cortarle la retirada a los bizantinos con sólo un puñado de jinetes.



DÍA 5:

Desmoralizados ante la resistencia árabe, los bizantinos solicitan una tregua para retomar las negociaciones. Este error convence a Khalid de que tiene la victoria al alcance de la mano. Niega la solicitud de Vahan y concentra toda su caballería en un solo cuerpo en el flanco derecho, con el que piensa golpear al día siguiente la izquierda bizantina.

DÍA 6:

Por primera vez a lo largo de la batalla son los árabes quienes toman la iniciativa. Khalid ordena un ataque general que contenga a la infantería bizantina mientras su caballería golpea el flanco, hace huir a los jinetes bizantinos y ataca por la espalda el flanco izquierdo de Vahan. Los infantes se desmoronan y huyen, pero su camino de salida está cortado por barrancos en los que se despeñan por miles según las crónicas, mientras los árabes les persiguen vengándose de las duras bajas sufridas en los días previos. Es el fin del ejército de Heraclio, que perderá la batalla, Siria y, posteriormente, todo el norte de África.






De Vahan no vuelve a saberse nada. Se especula con su muerte en la batalla o la huida, aunque algunas crónicas le sitúan como monje en el monasterio de Santa Catalina del Sinaí. En cualquier caso, Bizancio ha dejado de ser el imperio que domina el Mediterráneo oriental. Apenas cien años después el Islam se encuentra a las puertas de Francia y de Constantinopla. El mundo cambió para siempre, y para ello, bastó una batalla.

Un saludo

domingo, 18 de septiembre de 2011

Yarmuk 636 (IV) la incógnita del tamaño

Hola a todos,




Pues sí, el tamaño sí que importa, ¡en los ejércitos, mal pensados! Uno de los eternos problemas a los que nos enfrentamos cuando se habla de una batalla ocurrida mil cuatrocientos años atrás, estriba en averiguar el tamaño de los ejércitos enfrentados. De sobra es sabido el interés de los cronistas que relatan la victoria de su bando por añadir unos miles de enemigos al contrario y restarlos de su lado, de forma que la hazaña conseguida fuera aún mucho más ilustre. Eso convierte las cifras de las fuentes en poco menos que ciencia ficción, y si no que lo digan los que escriben sobre la batalla de Gaugamela / Arbelas, en las que las tropas persas de Darío oscilaban entre los 140.000 y los 1.040.000 según el autor. Por tanto, para averiguar el tamaño de los ejércitos enfrentados, la única herramienta con la que contamos, aparte de ciertos conocimientos logísticos y poblacionales, es la lógica.

Según las distintas fuentes e investigaciones las cifras de tropas bizantinas oscilan entre los 15.000 – 20.000 hombres que proporciona Kaegi y los 200.000 que comentan las fuentes árabes de la época. Dado que los bizantinos superaban numéricamente a los árabes, es necesario conocer su número para averiguar el tamaño del ejército árabe, el cual también oscila mucho, llegando incluso a 24.000 – 40.000 según algunas fuentes.



Dado que saber el número exacto de combatientes es poco menos que imposible, nos conformaremos con dar una aproximación utilizando la lógica. Los 200.000 soldados de las fuentes son, obviamente, una exageración. En el culmen de su poder, durante el periodo de Justiniano, Bizancio contaba con unos 160.000 hombres distribuidos por todo el imperio, de los cuales sólo la cuarta parte eran tropas realmente fiables, el resto eran poco menos que milicias. De hecho, tenemos un detalle bastante preciso de los tamaños empleados por los ejércitos bizantinos en las conquistas de África, Italia, Persia y España, y siempre oscilaron entre los 15.000 y los 35.000 hombres. En tiempos de Heraclio, con las arcas vacías, tras el desastre del enfrentamiento con Persia y la reconstrucción posterior del ejército, es más que probable que la capacidad militar fuera aún menor, por lo que reunir 40.000 hombres en un solo punto de Siria se antoja una proeza. Los 20.000 hombres que indica kaegi parecen una cifra medianamente ajustada a la realidad. Además, se indica que, inicialmente, los bizantinos aventajaban a los árabes en una cantidad de 4 a 1, lo que, exageraciones aparte, arroja un ejército árabe de unos 5.000 – 7.000 hombres, que junto a los cerca de 6.000 que recibieron posteriormente como refuerzos deja un total de unos 11.000 – 13.000 combatientes, también cerca de la capacidad de los árabes en ese momento, quienes inicialmente no contaban con un enorme ejército y, además, debían contar con tropas de guarnición tanto internas como en previsión de un ataque sobre o desde Persia. Con estas cifras, el refuerzo árabe resulta significativo, tal y como las crónicas nos dicen que fue, mientras que si los árabes hubiesen contado con 30.000 hombres, incrementarlos en una quinta parte contra un ejército bizantino de cerca de 100.000 efectivos hubiese sido insignificante.



La última prueba que podríamos considerar para calcular el tamaño del ejército es la siguiente. Según las crónicas, el ejército del general bizantino tenía un frente de unos 13 kilómetros, mostrando Vahan su preocupación por cubrir un frente tan amplio con sus efectivos. Si su ejército hubiera contado con los 80.000 – 120.000 hombres que le asignan algunos autores, no hubiera tenido el más mínimo problema para cubrir dicho frente con una línea continua de ¡hasta 9 hombres de fondo! Sería un frente continuo más nutrido que una falange griega ¿cómo podría estar entonces Vahan preocupado? Igualmente, si hubiese dispuesto de 80.000 hombres contra 20.000 ó 30.000 árabes, ¿cómo hubiera podido perder una batalla en la que dispusiera de 50.000 tropas de ventaja. Por muy buena que fuera la caballería árabe sería imposible evitar un flanqueo y el consiguiente ataque por la espalda sobre el frente principal.

En definitiva, las cifras más creíbles sobre el ejército bizantino deberían oscilar entre los 20.000 y 25.000 hombres, mientras que los árabes no debieron juntar en el campo más de 15.000

La semana que viene, la última entrega…

Un saludo

domingo, 11 de septiembre de 2011

YARMUK 636 (III) La campaña previa a la batalla

Hola a todos,



Continuando con la batalla de Yarmuk, hoy hablaré de la campaña previa que condujo a la gran batalla, y de los movimientos de ambos ejércitos hasta llegar al combate decisivo.


Desde Julio de 634 a Septiembre de 635, las incursiones árabes se sucedieron en Siria. El primer encuentro de importancia entre bizantinos y árabes se dio en Ajnadayn, el 30 de julio de 634. La batalla, tal y como ocurre con la mayoría de combates de la época, se encuentra mezclada con varias leyendas, por lo que apenas conocemos unos pocos hechos. Lo indudable es que las bajas fueron cuantiosas por ambos bandos, y que los bizantinos fueron derrotados aunque lograron evitar el desastre. La mayoría de las unidades lograron retirarse del campo de batalla pese a que varios de los líderes del ejército fueron capturados o muertos.

Una vez derrotados los bizantinos, el camino hacia el centro de Siria quedaba expedito a los ejércitos árabes, que se adentraron en el territorio tomando las ciudades y fortalezas de Pella, Scythópolis y Tiberius, también en batallas envueltas en leyenda. Una de ellas comenta la muerte de Khalid Ibn Sa’id, líder de los árabes, que se había casado el día anterior a la batalla. Según la historia, al enterarse su mujer acudió al combate vistiendo aún el velo nupcial.

Estas historias de tipo heroico tienen en los textos que nos ha legado la historiografía árabe casi más importancia que los propios hechos, pues dichas leyendas forman el cuerpo de los relatos, teniendo que extraer la realidad a través de tan veladas historias. De hecho, es una de estas historias la que conduce a la caída de Damasco en manos de los árabes.



Tras las victorias en la zona central de Siria, los ejércitos árabes se reunieron en torno a Damasco, manteniendo su asedio durante seis meses, durante los cuales derrotaron a una columna de caballería bizantina que trataba de auxiliar la ciudad, así como las varias salidas que efectuaron los defensores, a quienes los árabes describen en sus crónicas como muy valientes. Al parecer, un tal Jonás, enfadado porque el asedio había interrumpido su boda (menuda excusa se buscó el chaval para convertirse en traidor) reveló a los árabes que el día 18 de septiembre se celebraría una fiesta religiosa con procesión en la que sólo unos pocos guardias custodiarían la muralla, con lo que los árabes pudieron tomarla por asalto. Según el relato, Jonás se encontró de nuevo con su novia, pero ésta se suicidó antes que casarse con un traidor, por lo que Jonás se convirtió al Islam y murió en Yarmuk. Doy por hecho que esta historia es más falsa que un hipopótamo verde oliva, pero es probable que se escribiera basada en algún tipo de traición real.



En Noviembre, tras la conquista de Damasco, cayó Emesa, pero cuando los árabes continuaron hacia el norte de Siria se toparon con la contraofensiva bizantina, que les expulsó hacia el sur, obligándoles a renunciar a sus nuevas conquistas, abandonando tanto Emesa como la propia Damasco. Durante tres meses, ambos ejércitos se mantuvieron frente a frente en las cercanías de Yarmuk, mientras los bizantinos trataban de comprar a los diferentes líderes árabes, sin éxito. En el momento inicial, la ventaja numérica de los bizantinos se contaba como tres o cuatro a uno, aunque es probable que fuera una exageración. En cualquier caso, el general bizantino Vahan, contaba con debilitar a su enemigo o comprarle para que abandonara voluntariamente el territorio. Sin embargo, lejos de conseguir su objetivo, concedió tres meses de cuartel que los árabes utilizaron para reforzar considerablemente su ejército con diversos contingentes de tropas, mientras que era entre los propios bizantinos donde comenzaban las disensiones, incluso con peleas entre las propias unidades.

Finalmente, dado lo fallido de su táctica hasta el momento, Vahan se dispuso a atacar.



Un saludo

domingo, 4 de septiembre de 2011

YARMUK 636 (II) Los ejércitos enfrentados

Hola a todos, continuando con la entrada sobre Yarmuk, hoy toca hablar un poco sobre los ejércitos que se jugaron el destino de oriente durante aquel combate:


Bizantinos



En el siglo VII, el ejército bizantino estaba compuesto por mercenarios. En tiempos de Heraclio, gran parte de la tropa era originaria del interior del propio imperio, pero años de conflictos habían hecho mella en sus filas, por lo que se había dado un gran impulso a la alianza con pueblos ‘bárbaros’, incluidas tribus árabes y armenios. Estos aliados extranjeros formaban el núcleo de la caballería ligera.

El ejército bizantino, comandado por el propio emperador, estaba formado en su parte más básica por una unidad conocida como tagma, de 300 hombres. 10 tagmatas formaban un meros o regimiento y 3 meros formaban un ejército. Existe cierta discrepancia sobre la aparición del que se será el centro de la organización militar bizantina posterior, el thema. Hay datos que llevan a pensar en su aparición en 628 en Anatolia, aunque, de ser cierto, no sería una estructura tan desarrollada como lo fue posteriormente.

La férrea disciplina romana de antaño no había tenido continuidad en los ejércitos bizantinos de la época, mientras que el armamento y la capacidad combativa variaba mucho de unas unidades a otras. La caballería estacionada en Armenia suponía la élite del ejército de Heraclio, pero el núcleo de la tropa lo formaban lanceros a pie.




La táctica bizantina estaba fielmente reflejada en el Strategikon del emperador Mauricio, tratado que indicaba la organización de los ejércitos de la época. En ella, se especifica el ataque de la caballería, formada en grupos de Cursores en los flancos (arqueros a caballo) y un grupo de Defensores en el centro (Escoltas de los anteriores) Dado que el arco se disparaba hacia la izquierda, las tácticas de caballería buscaban flanquear al enemigo para atacarle por su derecha, cogiéndole indefenso. Respecto a la infantería, se articulaba en cuadros, rodeados por arqueros a pie y con el frente formado por lanceros con escudos cuadrangulares de casi metro y medio de alto. Los arqueros seguían aún las tácticas sirias, es decir, las primeras líneas disparaban a las patas de los caballos enemigos, mientras que los que estaban detrás lo hacían sobre los jinetes, para evitar que sus escudos pudieran proteger a hombre y montura al tiempo. Los infantes deberían llevar armadura, pero debido a la carencia de hierro que aquejaba al imperio, la mayoría sólo contaban con la protección de un yelmo y del escudo.



Árabes



No mucho se sabe de los ejércitos árabes de aquella época. Al parecer, los hombres eran reclutados de las diversas tribus, aunque la estructura y organización de la tropa no seguía esa base más que a un nivel muy básico. Por encima se creaban niveles de mando desde el amir hasta los comandantes de campo. Pese a la idea generalizada de los árabes como unidades de caballería organizadas en qatiba o escuadrones, muchos de ellos combatían a pie.

Las tácticas iniciales que emplearon los árabes fueron, probablemente, copia de las de Bizancio y el imperio Sasánida, aunque de éstos últimos les diferenciaba la insistencia de sus arqueros por preferenciar el tiro más lento y potente, como los bizantinos, en lugar de la rapidez de las descargas como en el ejército sasánida. En lo que los árabes tenían neta superioridad era en sus movimientos estratégicos. Acostumbrados a actuar sin largas colas de suministros, podían penetrar en profundidad sobre terreno enemigo o retroceder al desierto gracias a sus conocimientos de las fuentes de agua y pozos.



Las tácticas árabes en los inicios del Islam se basaban principalmente en situar a la infantería en línea en fuertes posiciones defensivas, manteniendo a la caballería en alas y retaguardia para flanquear al enemigo en cuanto se hubiese desgastado. Los infantes se protegían con grandes escudos, a tenor de las heridas que detallan las crónicas, sobre todo en parte baja de las piernas, cabeza y cuello. Dada la procedencia de las tropas, no existía un equipo unificado, aunque se tiene la certeza de que, pese a no alcanzar los estándares bizantinos o persas, los combatientes estaban bien armados.


Un saludo

lunes, 29 de agosto de 2011

Yarmuk 636 DC

Hola a todos,


 
Para las próximas semanas, quiero realizar una disección de la batalla que marcó el final de Bizancio como potencia dominante del Mediterráneo y su sustitución por el Islam: Yarmuk. Siempre me ha intrigado cómo fue posible que las tribus árabes, recién unificadas durante la década anterior, fueran capaces de derrotar tan fulminantemente al mayor imperio de la zona. Como todo, este enigma tiene su explicación, y trataremos de verla a lo largo de las próximas entradas.

 
ANTECEDENTES

 
Durante la década que va desde el año 620 al 630 la evolución que se observa sobre el papel en los futuros contendientes no presagia en absoluto cómo será el final de la pugna. Bizancio, tras la fulgurante campaña de Heraclio y su recomposición de su maltrecho ejército, culminó en 627 su victoria sobre el imperio persa, recuperando todo el territorio perdido ante el avance de los sasánidas. Por el contrario, el Islam apenas comenzaba su andadura, en mitad de un territorio con escasos recursos y enfangado en luchas tribales y desunión. Todo eso cambiaría en apenas quince años.

 
 
 
Pese a la aparente solidez que otorgaba a Bizancio la inmensidad de sus dominios y la continuidad histórica de su herencia romana, tres grandes hechos, a priori desapercibidos, inclinarían fatalmente el fiel de la balanza en su contra.

 
  • El primero fue la destrucción de los Gasánidas, los aliados naturales de Bizancio por parte de los persas. Expertos en la lucha a caballo contra enemigos móviles, eran ellos la mejor arma con la que Bizancio hubiera contado para frenar la acometida árabe.
  • El desgaste de Bizancio. Pese a las victoriosas campañas de Heraclio, el ejército bizantino había sido despedazado por la invasión persa, desintegrándose hasta el punto de perder su fuerza combativa. El nuevo emperador tuvo, básicamente, que empezar de cero, por lo que el ejército que tendría que hacer frente a los árabes, pese a su victoriosa campaña contra Persia, era una formación joven. Por otro lado, su despliegue estaba precisamente orientado contra el imperio sasánida, sin que el flanco abierto al Islam fuera objeto de vigilancia.
  • Por último, Siria, que pese a ser parte del imperio y cristiana, mantenía una herencia semita alejada de la helenización que dominaba la zona norte de Bizancio. Su religión se diferenciaba abiertamente de la ortodoxia, dado que sus habitantes eran mayoritariamente monofisitas, así como judíos o samaritanos, todos ellos perseguidos duramente por la jerarquía imperial.

 
Cada uno de estos factores por separado hubiera podido ser salvable, pero todos juntos eran un cóctel que sólo necesitaba una pequeña llama para encenderse y provocar un incendio que cambiaría para siempre el destino del Mediterráneo.

 
Y este es el marco en el que se desarrollará la historia. En próximas entradas descubriremos a ambos ejércitos, la campaña que emprendieron y la batalla que destruyó un imperio, creando otro nuevo de sus cenizas.

 

  
Un saludo

 

sábado, 20 de agosto de 2011

Más cambios

Hola a todos,

Pues eso, que he decidido cambiar de tercio (una vez más) Tras el abandono de la historia que comencé en verano tenía pensado comenzar a escribir una novela policíaca, en base a un guión que tengo escrito. Sin embargo, tras darle una segunda lectura no me ha acabado de convencer. Como guión está bien, pero como novela se queda algo floja, y el tema es bastante manido, por lo que la voy a meter en el cajón.

En su lugar, voy a comenzar con una historia totalmente nueva. Se me ha ocurrido una buena idea respecto a la base, y ya tengo los personajes principales en mente. Ahora 'sólo' me falta elaborar la trama (ahí es nada...) y cuando lo tenga claro comienzo. Espero poder hacerlo en un par de semanas.

Lo malo es que me he pasado todo el mes sin escribir, y no puedo evitar que me invada la sensación de que estoy desperdiciando el tiempo. Tengo tantas cosas que escribir que creo que me estoy aturullando y al final no acabo de comenzar con nada. Espero que esta agonía acabe pronto y vuelva enseguida a sentarme ante el ordenador.

Hay que ver, unos con crisis creativa porque no tienen ideas y a mí va a pasarme justamente lo contrario, que tengo demasiadas...

Un saludo

lunes, 8 de agosto de 2011

De vuelta en Madrid

Hola a todos,


Para mi desgracia, he finalizado las vacaciones. Hay que ver lo rápido que pasa un mes, creo que las próximas vacaciones las pasaré en el curro, a ver si así pasan más despacio...

En fin, el caso es que ya estoy de vuelta en Madrid, poniéndome al día de lo que ha ocurrido durante mi ausencia y, afortunadamente, todo sigue más o menos igual, con la ventaja de estar en jornada intensiva, por lo que me quedan las tardes para poder consolarme del regreso al mundo laboral y comenzar de nuevo a escribir.

Estas vacaciones han sido bastante fecundas en el terreno literario. Acabé finalmente mi novela sobre el contable-asesino, por lo que he comenzado la ronda de envíos a amigos y familiares para que hagan una primera lectura y critiquen todo lo criticable. Después haré las correciones oportunas y la enviaré a mi editorial.

No tengo muchas esperanzas de editarla en Ediciones B, dado que no se trata de novela histórica y tampoco encaja con facilidad en ninguna de sus líneas actuales, por lo que tendré que buscar otra editorial o, con más probabilidad, un agente. Ya os iré comentando.

Finalizada esa novela comencé con la siguiente, una historia sobre un asalto a un banco que no es lo que parece. He escrito bastante, unos 30 folios. Sin embargo, no me estaba gustando nada de nada. La trama es buena y la idea está bastante bien, pero el desarrollo no me acababa de convencer. Demasiado rápido, demasiado facilón. No sabría cómo contarlo, pero el caso es que no me sentía cómodo, así que la he dejado en suspenso.

La verdad es que esto echa por tierra mi planificación literaria, pero tampoco es problema. Esta semana comenzaré con otra cosa, una novela policíaca, transformando un guión que escribí en su momento. Creo que puedo hacerlo en unos meses.

También he comenzado a investigar sobre mi próxima novela histórica y, la verdad, pese a que me he leído unos cuantos libros sobre el tema, me estoy dando cuenta de que me espera una aventura de proporciones épicas. Espero que luego responda a las expectativas y consiga enhebrar un buen relato, porque la historia lo merece.

Además, y para continuar con esa extraña necesidad que tengo para complicarme las cosas, se me han ocurrido un par de ideas nuevas. La primera es una historia corta sobre una batalla, mientras que la segunda es una novela al estilo Dumas, es decir, por capítulos semanales. Se trataría de una historia bélica ambientada en el presente para la web de un amigo. Lo malo es que no he trabajado nunca con plazos tan estrictos, por lo que antes de comprometerme quiero tener un guión y comenzar a escribirla, a ver si realmente puedo cumplir o no.

Y eso es todo por ahora. En fin, muchos proyectos y poco tiempo, como siempre. Veremos en qué acaba la cosa.

Un saludo

sábado, 25 de junio de 2011

Vacaciones

Hola a todos,

Pues eso, que el próximo fin de semana comienzo mis vacaciones. Estoy contando los días para dejar el trabajo e irme a la playita.

En fin, nos veremos en agosto.

Un saludo

domingo, 19 de junio de 2011

El primer asedio de Constantinopla

Hola a todos,

Tras unas semanas de noticias, la reseña de hoy regresa a las murallas de Constantinopla, la inabordable línea de defensa cuya sola visión logró que Atila desistiese de atacar la ciudad. Sin embargo, el 29 de julio de 626 los enemigos que llegaron a las puertas de la capital de Bizancio venían decididos a triunfar sobre aquellas murallas.

Los Ávaros, tras dominar los Balcanes frente al disminuido poder de Bizancio, se habían aliado con los persas sasánidas. Mientras estos últimos arrasaban las provincias orientales del imperio, los ávaros acudieron ante Constantinopla dispuestos a dar el golpe de gracia a su mortal enemigo.



Conocedores de la fortaleza de sus defensas, los ávaros planificaron su ataque con minuciosidad, acumulando ante las murallas de la capital una ingente cantidad de máquinas de asalto, torres, trebuchets, catapultas, arietes y refugios móviles. La mayoría fueron acarreados hasta la zona por partes, y montados allí mismo aprovechando la madera de los edificios cercanos para finalizar las máquinas. De ese modo, dos días después de comenzado el asedio, los ávaros estaban en disposición de lanzar su primer asalto.

Centrándose en el mesoteichion, la sección central de la muralla, cubrieron con pieles una docena de torres de asalto y se lanzaron contra la muralla. Sólo la desesperada defensa de los soldados bizantinos logró contener el ataque.

Poco después, las avanzadillas del ejército persa alcanzaron el Bósforo. El plan de los aliados consistía en unificar ambas fuerzas en un único e invencible ejército, cuya potencia sería capaz de arrollar a los agotados defensores de las murallas. Sin embargo, pese a la abrumadora mayoría de la que disfrutaban ávaros y persas en tierra, la batalla decisiva se libró en el mar. La flota bizantina desbarató el desembarco de los persas en la orilla europea del Bósforo, manteniendo a ambos ejércitos separados.

Sin el apoyo de sus aliados, durante la noche del 7 al 8 de agosto los ávaros incendiaron sus máquinas de asedio y se retiraron de nuevo a los Balcanes. Las murallas de Constantinopla habían resistido su primera prueba de fuego. Dada la cercanía de la derrota, nadie en la ciudad hubiera confiado que aquellos muros resistirían incólumes durante más de cinco siglos, cediendo únicamente en 1204, ante los cruzados.

Un saludo

lunes, 13 de junio de 2011

II Jornadas de Novela Histórica en Murcia

Hola a todos,

Gracias a Blas Malo quien, por cierto, ha anunciado en su blog la publicación de su segunda novela (¡Enhorabuena Blas!) me he colado entre el elenco de escritores que se espera acudan a Murcia las últimas semanas de octubre para participar en las segundas jornadas de novela histórica, organizadas por Ariodante, conocida hislibreña, y con la participación de Hislibris http://www.hislibris.com/

Aún hay muchos cabos sueltos, pero si las cosas siguen el curso previsto acudiré el sábado 29 de octubre al museo arqueológico de Murcia a hablar sobre Justiniano y la España bizantina a cuantos quieran acercarse a compartir esa mañana.

Los participantes hasta el momento son el propio Blas Malo, Claudia Casanova, Guillermo Galván, Sebastián Roa y Carlos Aurensanz. Se ha invitado a Juan Eslava Galán y Arturo Pérez Reverte, aunque aún no han confirmado asistencia. En cualquier caso, exceptuando a un servidor, que es un advenedizo en estas lides, se trata de un magnífico elenco de escritores, por lo que seguro que las charlas resultan todo un éxito.

Si os encontráis por la zona esas fechas, ¡ni se os ocurra perderos este evento!

Un saludo

domingo, 5 de junio de 2011

De exámenes

Hola a todos,

Pues sí, a mis años y aún en la universidad... Es lo que tiene la aficción por la historia, que uno un día se lía la manta a la cabeza y se pone a estudiar una segunda carrera. Si me lo hubiesen dicho mientras terminaba ingeniería aeronáutica me hubiera reído durante un mes seguido, pero aquí estoy, dando el último repaso a la historia del mundo actual, revisando la caída del comunismo y el nacimiento de la globalización en espera de finalizar mañana los exámenes de junio y dejar el camino despejado al veranito.

Siempre que llega esta época me digo a mí mismo: ¿para qué demonios tienes que ponerte a estudiar a estas alturas de la vida? Sin embargo, al año siguiente llega septiembre y vuelvo a picar, me matriculo de otras dos o tres asignaturas y vuelta al ruedo.

Dado mi ritmo de tortuga, este va a ser el último año que puedo matricularme de la licenciatura, el año que viene ya toca pasarse a Grado, tal y como ordenan el maldito plan Bolonia. Resulta increíble que hayamos visto tres planes diferentes en la universidad en menos de diez años, así nos va, menos mal que yo ya entré directamente en el plan nuevo, pero cambiarme a Grado va a suponer que pierda un buen puñado de asignaturas. En fin, espero que me disculpéis por no poner una reseña más interesante esta semana pero, como se decía antes: 'primero el deber y luego el placer'.

Un saludo

domingo, 29 de mayo de 2011

La marina bizantina en tiempos de Justiniano

Hola a todos,

Uno de los aspectos de los que he conseguido encontrar menos información es el relativo a la marina del siglo VI. En aquella época el imperio romano occidental ya había desaparecido, con su lugar ocupado por visigodos, francos, ostrogodos y vándalos. De todos ellos, los únicos que poseían una flota eran los vándalos, quienes desde el norte de África, la actual Túnez, dominaban todo el Mediterráneo.

Pese al inmenso poder que atesoraba Bizancio bajo el reinado de Justiniano, por los comentarios de los historiadores de la época se deduce que la marina de guerra era muy inferior a la flota vándala, lo cual me lleva a pensar que, dada la diferencia de recursos disponibles, esto se debió más que nada a la dejadez con la que los emperadores orientales trataron los temas náuticos.

Centrados en sus luchas con la Persia sasánida, los bizantinos descuidaron su flota tras el último intento de recuperar África, en el siglo V. Tras el fracaso de su proyectada invasión no hay más noticias sobre la flota de guerra bizantina hasta la incursión de Belisario, en la que se especifica que casi un centenar de barcos de guerra escoltaba su flota de transporte. Sin embargo, el mismo Procopio indica que dicha escolta no sería capaz de derrotar a la armada de los vándalos, y que el convoy de Belisario siempre se vio envuelto en el temor a ser descubierto y destrozado por los barcos bárbaros.

Esto crea un sinfín de dudas en los historiadores:
- ¿Cómo es posible que los vándalos fueran capaces de adueñarse del Mediterráneo en tan corto espacio de tiempo?
- Dado que la conquista de África resultaba fundamental para los planes de Justiniano ¿por qué no dedicó una mínima parte de sus ingentes recursos a construir una flota capaz de enfrentarse con ellos?
- ¿Por qué Roma abandonó el necesario control del mar a unos bárbaros durante casi un siglo?

De aquella época, ni siquiera he logrado localizar una descripción fiable de los dromones, las galeras de guerra bizantinas. Esta que he conseguido es una representación del siglo IX.



Por otro lado, al verla surge otra de las grandes preguntas que aparecen al leer a Procopio. Este autor, la fuente más fiable y detallada de los conflictos bélicos que lideró el general Belisario, indica que cada uno de los barcos de guerra bizantinos llevaba una tripulación de sólo veinte hombres. ¿Se trataría de pequeños barcos con diez filas de remeros por cada lado o, por el contrario, los remos estaban manejados por esclavos y no contaban dentro de los cálculos de tripulación? ¿Qué tácticas empleaban en el siglo VI? ¿Sobrevivían aún las viejas estrategias de ataque creadas por los griegos para el combate de galeras?

Teniendo en cuenta que los grandes cargueros que traían el trigo de Egipto eran capaces de transportar 1000 toneladas ó 600 pasajeros, y que medían 60 metros de largo y 15 de ancho ¿acaso no estaban los bizantinos capacitados para dar un salto técnico y crear poderosos barcos de guerra? Pues por lo visto no, ó, en todo caso, sencillamente no lo vieron necesario. En cualquier caso, este error se repitió nuevamente siglo y medio después, cuando los árabes, otro pueblo sin ningún pasado marinero, fueron capaces de asediar Constantinopla por tierra y agua, siendo sólo derrotados gracias al fuego griego.

Resulta extraño constatar como un imperio comercial como Bizancio, situado en una encrucijada de rutas económicas, no comprendiera la necesidad de poseer una potente flota y el control del Mediterráneo oriental para garantizar su supervivencia.

Aunque nosotros mismos no lo hicimos mucho mejor. Mil años después la España de los Austrias, pese a extraer la mayor parte de los recursos y el comercio de las Américas, derrochaba el dinero en inútiles guerras europeas en lugar de asegurarse el dominio del mar, dominio que pasó a manos inglesas. No fue hasta los inicios del siglo XVIII cuando Patiño o Ensenada comprendieron dónde se encontraban los intereses estratégicos de España. Desgraciadamente, pese a los esfuerzos de estos ministros y del gobierno de Carlos III, nuestro tiempo ya había pasado y, aunque con notorios triunfos, no fuimos capaces de cerrar la brecha que nos separaba de la flota británica.

Es una lástima, pero da la impresión de que los gobernantes parecen destinados a no aprender nada de lo que nos revela la historia.

Un saludo

domingo, 15 de mayo de 2011

Derechos de autor

Hola a todos,

Todos sabemos que el tema de los derechos de autor es algo que está en boca de mucha gente. Sobre este punto en particular se arrojan muchas preguntas y, aunque todo el mundo se refiere al canon de los CDs, los escritores también tienen sus propios derechos de autor provenientes de varias vías (entre las que no está ese famoso impuesto)

Los derechos de autor de los escritores vienen de fotocopiadoras, impresoras, libros existentes en bibliotecas públicas y algún que otro cacharrillo electrónico (pero no de CDs ni DVDs)

Al igual que la SGAE, para los escritores existen también organizaciones que gestionan esos derechos de autor, la más conocida de las cuales es CEDRO que, si no recuerdo mal, tiene alrededor de 20.000 representados.

Sin embargo, la cuestión por la que he tenido la idea de escribir esta entrada no es el canon de los escritores, sino el que se paga por los DVDs. Tal y como dice actualmente el estado, CDs y DVDs vírgenes se cargan con un sobreprecio que se dirige a compensar a los autores por el derecho a copia privada que se permite sobre los artículos comprados legalmente. Es decir, si me compro un DVD puedo copiarlo como medida de seguridad para evitar que, por cualquier razón, lo perdiera o se deteriorara.

Pues bien, reconozco que no soy un comprador compulsivo de DVDs, pero algunos tengo. El caso es que se me ocurrió ejercer ese famoso derecho sobre una de las películas originales de las que dispongo. La cuestión es que ¡¡¡está protegido contra copia!!!

Es decir, pago una especie de impuesto en TODO el material virgen que compro por si en algún momento se me ocurre hacerme una copia de seguridad, y resulta que cuando voy a hacerlo no puedo, y no porque mi ordenador no sea capaz, sino porque los mismos que me han vendido el artículo original lo protegen para que no pueda ejercer ese derecho por el que pago. En una de mis novelas a un comportamiento parecido lo llamaría una vulgar estafa.


Y luego a algunos les extraña que exista la piratería...

Un saludo

domingo, 8 de mayo de 2011

Y llegó la decisión

Hola a todos,

Hace unas semanas comentaba en una entrada las numerosas opciones que bullían en mi cabeza. Tras mucho pensar, y viendo que me queda poco para acabar con la novela que tengo entre manos, ya he tomado una decisión sobre la novela histórica que vendrá a continuación.

Con gran pesar por mi parte voy a abandonar por un tiempo la historia del imperio romano de oriente, dejando los relatos que tengo en la cabeza sobre Bizancio a cambio de zambullirme en el siglo XVIII español. En la elección han jugado diversos factores aunque, si he de ser sincero, el que más ha pesado ha sido la propia Constantinopla. Llevo seis años recorriendo literariamente sus calles y, a estas alturas, necesito distanciarme un poco de la segunda Roma. Aunque no es un adiós, sólo un hasta la vista, pues no dudo que más adelante sobrevolaré de nuevo las orillas del Mármara con la imaginación y una buena historia.

Aún no tengo trazada la historia de mi nueva novela, tan sólo algunos personajes y una vaga idea en mente. También he de partir de cero con la documentación, es decir, sucesos, vestimenta, embarcaciones, armamento, construcción... Y, como podéis deducir a partir de estas pocas palabras, la novela se ambientará en uno de los periodos bélicos en los que se vio inmersa nuestra querida patria. No sé cuánto me va a llevar el primer repaso a la historia de esa época, pero calculo que no podré sentarme en el teclado a escribir antes de, como mínimo, un año, por lo que en ese interludio tengo pensado aprovechar el tiempo realizando tres obras de temática no histórica.

Sé que es un objetivo en extremo ambicioso, pero creo que con un poco de planificación es asumible. Este año he tenido una certificación profesional y dos asignaturas anuales de la UNED que me han restado bastante tiempo, por lo que eliminando esos dos factores creo que voy a poder sacar más jugo a mi tiempo libre.

En principio, en verano tengo pensado empezar con la primera de las obras, que consistirá en la transformación en novela del simulacro de guión que elaboré sobre el asalto a un banco 'con sorpresa'. ¿Por qué esta novela? Porque tengo prácticamente todas las escenas esquematizadas y, con pequeños cambios, podría ser fácilmente vendible en el mercado internacional, lo que me lleva a la necesidad de localizar un buen agente cuando la acabe, pero bueno, mejor ir pasito a pasito.

Una vez finalizada (en Navidad, si Dios quiere) la siguiente será el desarrollo del relato que escribí para el concurso de Hislibris, aunque dejo la puerta abierta a otras posibilidades, dado que he comprobado que las planificaciones a tan largo plazo no suelen ser demasiado factibles.

Y la tercera será la de mis sobrinos, a los que ya hace mucho que les prometí escribirles una historia en la que fueran los protagonistas. Dado que no es una novela para publicar la haré de rato en rato, en los huecos libres. Ya tengo la trama más o menos planteada en la cabeza, así que espero no sea demasiado complicado, únicamente tendré que buscar los huecos para ponerme ante el ordenador (que ya es bastante)

En fin, esas son mis expectativas, lo que no quiere decir que mañana surja algo que eche abajo mis planes. Pero en principio, por muy bien que vayan las cosas mi siguiente novela histórica no vería la luz antes de... ¡¡2014!! Mejor no lo pienso que me deprimo...

Un saludo

lunes, 2 de mayo de 2011

Algunas novedades

Hola a todos,

Hace algunas semanas comenté que iba a escribir algunas reseñas para un amigo que está montando una web de temática militar. Finalmente ya la tiene casi a punto, así que aquí os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo:

http://war-combat.com/

En otro orden de cosas, le he dado un buen empujón a mi actual novela y ya tengo escrito en torno al 75%, creo que en un mes o así lograré terminarla, si todo va bien y los exámenes de la UNED no me distraen demasiado. Y aunque no espero que vea la luz con facilidad, aquí os dejo el prólogo para vuestro disfrute.

Un saludo

PRÓLOGO

Debería estar asustado. Sin embargo, el sentimiento que predomina en mi interior es la decepción.


A decir verdad la culpa no es mía. Vemos tantas películas y series baratas de televisión que acabamos convencidos de que lo que muestran las pantallas es un fiel reflejo de la realidad. Por ello, aquel cuarto de interrogatorios me producía más lástima que temor. Esperaba una habitación luminosa, con un gran espejo que ocupara toda una pared, como una amplia ventana que transmitiera sobre el sospechoso la acusadora mirada de media docena de invisibles detectives.

Para mi sorpresa, el cuarto en el que esperaba pacientemente casi se podía abarcar con los brazos. La capa verdosa de pintura que cubría las paredes mostraba tantas grietas que se asemejaba a una inmensa telaraña, oscurecida por el paso del tiempo. El famoso cristal de espejo por el que los policías podían observar el interior de la estancia sin ser vistos apenas tenía tres o cuatro palmos de ancho, de modo que si dos personas quisieran mirar al mismo tiempo casi deberían hacerlo una por encima del hombro de la otra. En aquellas circunstancias, el respeto y el temor que me embargaban al llegar a la comisaría habían desaparecido en unos minutos.

Y, pese a ello, debería estar asustado.

La puerta se abrió, emitiendo un sordo chasquido que preludiaba la aparición del inspector. Con la misma frialdad que había mostrado en nuestro primer encuentro, el detective Arteaga se adentró en la sala, cerrando la puerta tras de sí. Se sentó en la silla vacía situada frente a mí y depositó una delgada carpeta marrón sobre la mesa. Sin una palabra, extrajo varias fotografías del archivador y las colocó una junto a la otra en la fría superficie. Todas ellas mostraban a una persona muerta, y todas me resultaban conocidas. Después me miró en silencio, aunque sus ojos parecían decir: 'ahora ya sé que los has matado tú'

Mantuve su mirada durante unos segundos, ignorando deliberadamente las macabras estampas que nos separaban, relajando los músculos de la cara para evitar en lo posible que mi rostro delatara los sentimientos que se agolpaban en mi interior. Finalmente, el detective suspiró, permitiendo que sus labios se curvaran en una ligera sonrisa.

- ¿Qué tal si empezamos por el principio? – comentó.

Por toda respuesta, me limité a levantar ambas cejas en un gesto de indiferencia. Por la confianza que mostraban sus ojos, el detective parecía dar por hecho que todo aquel asunto tenía un inicio claro, un instante perfectamente identificable en el tiempo, como el pistoletazo que marca el comienzo de una carrera. Y lo que es más importante, que ese inicio le permitiría encontrar un motivo por el que un hombre normal llega a sentarse un día en una sala de interrogatorios como sospechoso de varios asesinatos.

Me llamo José María Fernández, y soy uno más de los millones de anodinos habitantes que pueblan Madrid. Hasta hace poco, mi biografía no hubiera servido para rellenar siquiera un simple párrafo. Casado y con dos hijos, trabajaba como contable en una empresa multinacional afincada en España. A mis cuarenta y seis años esa escueta frase encerraba toda mi vida, una vida sin emociones, sin sobresaltos; una vida normal. De hecho, no recuerdo haber vivido ninguna experiencia fuera de lo común. No le he salvado la vida a nadie ni he estado nunca en riesgo de perder la mía. No he luchado en guerras, ni entrado en edificios en llamas; incluso era un niño durante la transición. Siempre he ejercido un oficio alejado de cualquier violencia o complicación que no fuera la continua lucha con jefes y compañeros de trabajo. Si en un diccionario buscarais la palabra ‘normal’ junto a ella encontraríais una foto mía. Incluso mi aspecto es monótono. No soy alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni gordo ni delgado. Básicamente soy el típico cuarentón con poco pelo y una incipiente barriga producida por la vida sedentaria. Ojos marrones, pelo castaño… lo último que espero cuando camino por la calle es que alguien se fije en mí.

Tal vez por ello, cuando el detective lanzó al aire sus palabras me resultó difícil evocar un momento al que pudiera ponerle el nombre de principio. A decir verdad, sí hubo un instante clave, una señal. Fue el chasquido del crepúsculo el que me marcó el camino. Pero sería inútil comenzar mi historia hablando de ese hecho en concreto, pues son muchos los factores que influyeron hasta llegar a ese punto y, sobre todo, en lo que pasó después. Para entender los acontecimientos que me condujeron hasta ese estrecho cuarto de interrogatorios hay que retroceder más, hasta el tiempo en el que no me diferenciaba de ningún otro, el tiempo en el que mi vida aún era monótona y vulgar.

domingo, 24 de abril de 2011

Novela negra

Hola a todos,

Esta semana he pensado que sería deseable dejar que el tema de la medicina en Bizancio respirara un poco, así que me voy a centrar en otra cosa.

En una entrada anterior comentaba que había adquirido un Kindle, el lector electrónico de Amazon. Ya comenté entonces que estaba encantado con él, pero la cuestión que viene al caso de esta entrada es que, desde que tengo el aparatejo, he leído más novela policíaca que histórica.

Si he de ser sincero, la novela histórica nunca entró entre mis lecturas favoritas hasta que comencé a escribir 'El ocaso de Bizancio', fue a partir de ahí cuando me entró el gusanillo. Anteriormente era la novela negra y la ciencia ficción la que llenaba mis estanterías, así que sólo he recuperado un poco mis anteriores gustos. Y, la razón final de esta entrada, es comentar que me he llevado una buena decepción.

Con todo el bombo que ha tenido la serie de Stieg Larsson, han aflorado novelas policíacas como churros, por lo que he vuelto a picar y me he leído algunos de los 'best sellers' que he encontrado, con el resultado de fiasco tras fiasco.

En primer lugar me leí un libro de Camilla Läckberg, La princesa de hielo. Muchas ediciones y, en mi opinión, un bluff. Sé que soy muy crítico con las novelas, que me revientan los giros que salen de la manga sin ton ni son y los periodistas que investigan y saben más que la policía, al igual que las pistas obvias en las que nadie repara y, de repente, a media novela se convierten en la clave del caso. Primera decepción.

Después seguí con 'Aurora Boreal', de Asa Larson, algo mejor pero, en mi opinión, uno más. Desde luego no es para sacar veinte ediciones. Seguro que si en lugar de apellidarse Larson se hubiera llamado Pérez no hubiese vendido más de 5000

El siguiente en la lista fue El observatorio, de Michael Conelly. Es parte de una serie pero, sin dudarlo, el mejor hasta el momento. No es nada del otro mundo pero al menos dispone de una trama correcta con pasos lógicos que llevan a un desenlace algo forzado pero medianamente razonable.

El cuarto fue 'Sé en lo que estás pensando', que tiene un comienzo prometedor pero luego va perdiendo fuelle y acaba con el típico psicópata de toda la vida. Otro best seller inmerecido (y lo peor es que lo he regalado...)

Y ahora estoy con 'La biblioteca de los muertos'. Buen nombre, portada atractiva, comienzo interesante (asesinatos sin ningún nexo aparente que desconciertan, y te hacen interesarte en descubrir cómo el asesino los ha planificado) y ahí acaba la cosa. Comienza a saltar en el tiempo como un código Da Vinci cualquiera y se saca de la manga un hallazgo 'mágico'. Ahí se acaba la historia, otra decepción.

En definitiva, que después de cinco libros no acabo de encontrar ninguno que me enganche. Empiezo a pensar que el problema lo tengo yo, que me he puesto el listón muy alto.

En fin, creo que volveré al género que no suele decepcionarme, el ensayo.

Un saludo

domingo, 17 de abril de 2011

La decadencia de la cirugía en Bizancio

Hola a todos,

Continuando con la reseña sobre la medicina en Bizancio, he rebuscado entre los libros que utilicé como documentación para El sueño de Justiniano recordando algo que había leído.

En los siglos IV a VII se dieron varios casos de famosos médicos cuyos compendios quirúrjicos han llegado hasta nosotros. Oribasio, el médico de Juliano, Aecio de Amida, protagonista en mi novela, y Pablo de Egina nos han legado ingentes trabajos en los que detallan hasta 120 tipos de operaciones y el instrumental que se utilizaba en ellas. Gracias a esos tratados sabemos que operaban hernias, tumores, piedras en el riñón e, incluso, masectomías, aunque la mayor parte de los tratamientos invasivos se centraban en la superficie del cuerpo y las áreas en las que se dispone de aberturas naturales para acceder con el instrumental a zonas más profundas, como la nariz y los genitales (para aumentar el dolor al leer esta frase, adjunto una imagen de antiguos instrumentos médicos)



La cuestión es que, a partir del siglo VII desaparecen las descripciones de cirujía de los textos bizantinos. Únicamente se hace referencia a las sangrías. Tan sólo en el siglo IX aparece una mención a 40 operaciones en los textos de León el físico. Sin embargo, no son ni mucho menos tan detalladas como las de sus predecesores siglos antes, se limita a mencionarlas de pasada sin dar explicaciones de cómo se realizaban, e incluso olvida muchas de las operaciones más corrientes del siglo VII como tratamiento para algunas dolencias.

Esto parece indicar una fuerte decadencia de la cirugía a partir del siglo VII. La única prueba en contra de esta teoría, es una extensa lista de instrumentos que data de un códice del siglo IX (Parisinus Latinus 11219) Según algunos autores, la existencia de tan exhaustivo compendio de instrumental indica que todavía seguiría en uso y, por tanto, las operaciones en las que se utilizaba serían aún parte de los tratamientos médicos de siglos posteriores. Por el contrario, hay opiniones que disienten de ésta, pues indican que los instrumentos son bastante generales y pueden ser utilizados para más cosas y, por otro lado, hay que notar que en esa época el prestigio médico había disminuido enormemente en el imperio bizantino, lo que podría ser indicativo de una generalizada pérdida de saberes en la profesión por causas varias. A este respecto, comentar que en siglo VIII Alejandría, el anterior centro de medicina por excelencia, se encontraba ya en manos árabes, lo que, indudablemente, debió influir en la bajada de experiencia de los médicos bizantinos.

En cualquier caso, se trata de un tema en el que se mantienen las especulaciones.

Y eso es todo por hoy.

Un saludo

sábado, 9 de abril de 2011

La formación médica en Bizancio

Hola a todos,

De nuevo regreso con una entrada de temática bizantina, algo que llevaba sin hacer unas cuantas semanas. En esta ocasión toca escribir sobre los estudios que debían seguir los bizantinos para convertirse en médicos, y es que resultaba necesario estudiar si uno quería vestir la túnica azul. Espero poder completarla con alguna entrada posterior sobre instrumental médico, operaciones, etc.

Sólo había dos formas de formarse como médico. La primera era colocarse como aprendiz de un físico en activo, y la segunda atendiendo a las clases de un profesor de medicina. Obviamente, el primer caso constituía la forma más accesible, pero la otra era mucho más prestigiosa, sobre todo si era en la escuela de medicina de Alejandría donde se cursaban los estudios. Sin embargo, estudiar no era nada barato, por lo que sólo los adinerados se instalaban en la ciudad del Delta (los estudios duraban cuatro años).

Se leía a Hipócrates (11 tratados del total) y Galeno (15 ó 16 tratados) explicándose los textos por parte del profesor. De Hipócrates se leían desde los principios generales o aforismos hasta las discusiones especializadas sobre las enfermedades de las mujeres. De Galeno anatomía, fisiología, diagnósticos y terapias. En época de Justiniano predominaba Galeno aunque a Hipócrates se le tenía como un iniciador. Otros grandes autores eran Alejandro de Aphrodisias, Themistio y Simplicio (de principios del siglo sexto) En el primer cuarto del siglo VI Juan Philoponus transcribió los comentarios de Ammonio a los libros uno y dos de Aristóteles (De anima). Es el mejor ejemplo de comentarios filosóficos que emplean ideas médicas. Se escribió en Alejandría y, probablemente, formaba parte de la formación médica. No se centra en los detalles, sino en los principios que se encuentran detrás de las ideas médicas. Y, al tiempo, muestra una de las grandes deficiencias de la medicina de la época: demasiada teoría y poca práctica (sobre todo poca práctica que tuviera visos de funcionar...)


El proceso de estudio era el siguiente: primero se detallaban las palabras del texto y su significado individual, siguiendo con el significado general de la frase y, por último, varias explicaciones realizadas por comentaristas anteriores y cómo decidir entre ellas.

En muchos casos los profesores no estaban ligados a la práctica, pero en otros acudían a realizar su trabajo acompañados de los alumnos, que así podían ver la medicina de primera mano. Estas lecciones prácticas se centraban en el último año de la 'carrera'.

Y eso es todo por hoy.

Un saludo