domingo, 26 de diciembre de 2010

Entrevista

Hola a todos,

Finalmente, la entrevista que tenía entre manos se ha concretado. La realicé la semana pasada con el diario 'La gaceta', aunque aún no sé la fecha en la que se va a publicar. Cuando me la confirmen la colgaré en esta entrada.

En otro orden de cosas, sigo dándole vueltas a mi siguiente novela histórica. En lugar de estrechar las posibilidades, como debería, cada vez me surgen más opciones, por lo que, a día de hoy, no tengo ni idea de cuál va ser la época ni la trama. Supongo que es lo malo de tener muchas historias que contar y poco tiempo para sentarse a escribirlas.

Por último, quería aprovechar que tengo una semanita de vacaciones para tratar de montarme una página personal medio decente. Estoy recogiendo ideas y reinstalando algunos programas en el PC, aunque tengo la programación en HTML un poco oxidada. ¡No esperéis demasiado!

Un saludo

domingo, 19 de diciembre de 2010

Atlas digital de Roma y la época medieval

Hola a todos,

La entrada de hoy se la tengo que agradecer a un compañero arqueólogo (aunque también trabaja en informática, como yo) que fue quién me puso en la pista de esta magnífica página.

Se trata de un desarrollo realizado para mostrar sobre un mapa de Europa, el estado del imperio junto con sus características principales (ciudades, obispados, minas, puentes, acueductos, provincias...)

Incluye también datos para los reinos medievales (incluido Bizancio) aunque son mucho más escuetos que los existentes para Roma,

Aquí os dejo el enlace a la página y una imagen para que comprobéis cómo era España cerca del año 600

http://darmc.harvard.edu/icb/icb.do?keyword=k40248&pageid=icb.page188868


Un saludo (y gracias Fernando)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Vestidos y moda en Bizancio

Hola a todos,



En el siglo VI, Bizancio no se había alejado mucho de los estándares romanos previos. Como norma general, se podría decir que la moda bizantina, como fusión de los estilos orientales y occidentales, cambiaba poco a poco respecto a sus orígenes latinos, enriqueciendo colores, tipologías y ornamentos.



La túnica seguía siendo la prenda dominante, aunque ahora aparecía la dalmática, una especie de túnica de mangas anchas que se llevaba encima de la prenda anterior. En el siglo sexto alcanzaba hasta las rodillas, mientras que en siglos posteriores su longitud se fue alargando hasta los pies. En ocasiones la dalmática era sustituida por el colobium, túnica sin mangas, aunque lo suficientemente ancha como para que la tela llegara casi hasta el codo. El colobium poco a poco va sustituyendo a la estola que antiguamente usaban las mujeres. Las túnicas de las mujeres solían ser más largas que las de los hombres, llegando hasta los pies en lugar de hasta las rodillas, como en el caso de los trabajadores o los soldados. Por otro lado, tal y como se puede apreciar en los mosaicos de Rávena, sus estolas o capas disponían de un borde más largo para poder echarlo por encima de la cabeza, tapando el pelo. En el caso de los niños, llevaban también túnicas, adaptadas a su tamaño.


En cualquier caso, hemos de recordar que los atuendos no eran iguales en todas partes. En el campo los agricultores llevaban una túnica más corta, por encima de la rodilla. Sobre ella se ponían la paenula, una pieza de tela redonda con un agujero para la cabeza y con capucha (tal y como se ve en la imagen) La paenula también era utilizada por los clérigos, aunque en su caso era más larga y llegaba hasta los pies.



Por lo general, las prendas bizantinas presentaban los famosos clavi, un par de bandas bordadas que recorrían la prenda en sentido vertical desde los hombros tanto por el frente como por la espalda.


En cuanto a la toga, su forma varió respecto a los estándares anteriores. Tal y como se puede apreciar en la imagen, la toga picta quedaba reducida a una banda anudada de forma compleja por el frente y la espalda sobre la túnica y el colobium.


Una de las razones por las que las túnicas mantuvieron su pujanza durante tanto tiempo era su facilidad de fabricación. Se hacía de una pieza, como una cruz grande, se doblaba por la mitad y se cosían los bordes, haciendo una abertura en medio para la cabeza. Esta forma de fabricarlas permitía que los hilos decorativos centrales, los clavi, fueran continuos, lo que facilitaba el bordado.




Y eso es todo por hoy

Un saludo

viernes, 3 de diciembre de 2010

Primer capítulo de El sueño de Justiniano

Hola a todos,

Algunas personas me han comentado que antes de comprar un libro suelen leerse las primeras hojas para ver si les gusta el tipo de escritura que utiliza el autor, o si el tema les convence.

Hace tiempo que inserté una entrada con el prólogo del libro, así que aquí dejo un enlace a parte del primer capítulo, que se puede leer en web del Corte Inglés:

http://www.elcorteingles.es/libros/secciones/capitulos/capitulo_libro.asp?CCODCAPI=1&CODIISBN=6520543270

Por otro lado, ando detrás de una entrevista en un periódico de tirada nacional. Espero poner pronto una nueva entrada con los detalles.

Un saludo

sábado, 27 de noviembre de 2010

Oftalmología en Bizancio

Hola a todos,

Para la reseña de hoy he pensado regresar de nuevo a los comentarios sobre alguno de los aspectos de la vida en Bizancio. En este caso voy a hablar sobre la primera causa de ceguera en aquella época, el tracoma.

El tracoma ('ojo áspero' en griego) es una enfermedad del ojo provocada por una bacteria que se transmite por contacto directo con secreciones de otra persona infectada, o por contacto con toallas y paños que han tocado dichas secreciones. Si no se trata provoca una ceguera dolorosa, pues los párpados (sobre todo el inferior) se doblan hacia dentro provocando que las pestañas arañen la córnea y provoquen ceguera. Los hombres son afectados el triple que las mujeres y se da en áreas con poca higiene. La bacteria tiene un periodo de incubación entre 5 y 12 días, tras lo cual el sujeto experimenta una especie de conjuntivitis que es recurrente hasta que degenera en la ceguera.

Para los bizantinos el tracoma tenía 4 etapas y lo consideraban una enfermedad del párpado. La primera etapa era enrojecimiento, en la segunda comenzaba el dolor y la incomodidad. En ambas el ojo lloraba. La tercera provocaba bultos grandes y separados que parecen un higo abierto mientras que en la cuarta se formaban en el párpado irregularidades duras y ásperas.

El tratamiento según Hipócrates era: Raspar el párpado con una varilla de madera envuelta en lana espesa y pura mojada por una solución cáustica, con cuidado de no tocar la córnea. Se ha de parar de raspar cuando la sangre comience a salir más licuada o mezclada con agua en lugar de pura. Luego se restriega con polvo de cobre y se cauteriza con una solución cáustica. Cuando se cae la costra y comienzan a curar las úlceras se realiza una incisión. Si los párpados son más gruesos de lo normal hay que cortar tanta carne como sea posible en el lado interno, cauterizando posteriormente con un hierro que no llegue a estar al rojo.

Celso no recomienda el raspado excepto en los casos más graves, sino que prefería medicamentos y dieta. Recomienda ejercicio, baños frecuentes, lavar los párpados con agua caliente, tomar comida con sabor acre y el uso de un colirio llamado caesarianum, llamado así por un tal Hierax.

Galeno recomendaba hasta 15 colirios distintos para el tracoma, a los que se les da el nombre genérico de trachomatikon. El raspado se hacía tras bajar la inflamación con un colirio. Tras el raspado había que curar la herida con un colirio de olíbano (resina aromática de un árbol que se usa en inciensos y perfumes) mezclado con vino. Inicialmente el colirio se usaba muy diluido en vino, aunque luego se va cambiando la proporción hasta que los párpados ya no dañan las túnicas del ojo y las heridas están limpias.

Teodoro Prisciano (físico del emperador Graciano) en su libro Euporista trataba el tracoma cogiendo un ajo, recogiendo el jugo del centro con una sonda y ungiendo el ojo con él.

Aecio de Amida (uno de los protagonistas de mi novela) repetía lo que decía Galeno, desaconsejando el raspado mientras no estuviera en la última etapa. En caso de que existiera una úlcera en el tracoma no aconsejaba aplicar los remedios habituales, pues la córnea podría resultar afectada y el dolor del paciente por la ulceración empeoraba. En esos casos se usaba colirio de piedra pómez finamente pulverizada mezclada con goma. Para realizar el raspado utilizaba un escalpelo, la parte dura de una sepia u hojas de higuera.

Como se puede observar, uno tiene que agradecer haber nacido en esta época, al menos si nos paramos a pensar en los avances médicos.

En fin, ponerse enfermo en aquellos tiempos no debía ser muy agradable.

Un saludo

domingo, 21 de noviembre de 2010

Opinión sobre El sueño de Justiniano

Hola a todos,

Hace ya diez días que salió a la venta El sueño de Justiniano, por lo que nada mejor que poner una entrada para recoger los comentarios de aquellos lectores que quieran dar su opinión sobre la novela.

Un saludo y gracias por compartir vuestras opiniones y sugerencias.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Excelentes noticias

Hola a todos,

El viernes la editora me comunicó que 'El sueño de Justiniano' se reimprime.

Al parecer hay tantos pedidos por parte de las librerías que han colocado toda la primera tirada y van a tener que imprimir más.

¡Menuda alegría me han dado!

Por ahora las expectativas son inmejorables, aunque hace falta esperar al menos un mes para saber si las ventas acompañan. Nos encontramos cerca de la campaña de Navidad, por lo que el momento es excelente. Tengo muy buenas vibraciones.

Un saludo

jueves, 11 de noviembre de 2010

Un suspiro de alivio

Hola a todos,

Tras hablar con la editorial me han comentado que sí se han hecho las entregas, pero que en las grandes superficies se realizan en un punto central desde el que luego se distribuyen, por lo que, como los tiempos han ido un poco justos, es posible que se retrase un par de días, así que esperan que este fin de semana 'El sueño de Justiniano' ya esté disponible en todas partes de España.

¡No gana uno para sustos!

Un saludo

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Decepción

Hola a todos,

pues eso, que me he llevado un buen chasco. Resulta que he ido a ver mi novela en las librerías y ¡aún no está a la venta!

Me he pasado por la FNAC, la Casa del Libro y El Corte Inglés, y en todas partes me han dicho lo mismo, que aún no les ha llegado y que probablemente no la tengan hasta la semana que viene.

Y es algo que no me gusta ni un pelo, pues eso significa que, con toda probabilidad, estará una semana menos en la mesa de novedades, y eso marca mucha diferencia a la hora de llegar al público. En el momento en que desapareces de la mesa se acabó, las ventas bajan a la décima parte.

En fin, hablaré mañana con la editorial a ver qué ha pasado.

Un saludo

lunes, 8 de noviembre de 2010

Semana de estreno

Hola a todos,

¡Por fin! Este próximo miércoles día 10 sale a la venta 'El sueño de Justiniano'.

Ha sido un largo camino de más de tres años. Aún recuerdo la decepción que me llevé cuando la primera versión de la novela no pasó el filtro en la editorial. He necesitado dos años más para reescribirla y verla publicada, pero creo que el resultado final ha valido la pena.

En fin, un pasito más hacia el mundo de las letras.

Un saludo

martes, 2 de noviembre de 2010

Curiosidades sobre la sociedad bizantina

Hola a todos,

Hoy tengo intención de cerrar por el momento la serie de entradas en la que apunto algunas pinceladas sobre temas bizantinos. Por ello, incluiré aquí unas pocas curiosidades sobre distintos aspectos de la sociedad que me han sorprendido.

- Al igual que nosotros, los bizantinos tenían también sus dichos y chistes sobre las distintas regiones del imperio. Al igual que nosotros con los chistes de Lepe, ellos hacían bromas de la vaguería de los armenios, el mal humor de los Cilicios, la ignorancia de los Paflagonios o la traicionera actitud de los escitas.

- En plan de burla, también decían: 'que caigas en manos de físicos'. Supongo que aquí podríamos hacer algo parecido con las listas de espera de la Seguridad Social.

- Un chiste bizantino que he incluido en mi novela (adaptándolo a Justiniano) dice así: 'Dios se aparece en sueños a un clérigo y éste le pregunta: ¿Es cierto que todos los emperadores son nombrados por mandato divino? La respuesta es afirmativa, ante lo que el clérigo replica: Entonces, oh, Señor, ¿por qué enviaste al maldito tirano Phocas? A lo que el Señor responde: Porque no pude encontrar a nadie peor'

- Se decía en plan de guasa sobre la iglesia que había tantas reliquias de los mismos santos que si se reunían todas las piernas se transformaba a un eremita en un pulpo, o a un santo en una hidra si se juntaban sus cabezas.

- En otra ocasión, el emperador Isaac tuvo un pequeño percance con su deficiente acento. En una cena, cuando el emperador pidió sal, pronunció la palabra allâs (otras mujeres) en lugar de la palabra griega para sal, alâs. Ante ese fallo, uno de los invitados, señalando a las mujeres asistentes replicó: 'Probad primero a éstas antes de pedir que traigan más' provocando la risa de los asistentes y del propio emperador. Teniendo en cuenta cómo se las gastaban en la antigüedad, es probable que el chistoso acabara después en una mazmorra.

- A los niños que se portaban mal se les castigaba enviándoles a la cama sin cenar (hay costumbres que nunca cambian) aunque también se les fustigaba, azotaba o ataba a la pata de la cama (afortunadamente hay costumbres que sí cambian)

Y por último, una cosa que me dejó anonadado e incrédulo cuando la leí: Según uno de los códices de medicina en bizancio en el siglo VII (Pablo de Aegina) Bizancio fue el primer lugar en el que se practicó la cirugía estética. Según esa fuente, existían operaciones de pecho... ¡¡para los hombres!!

Al parecer, algunos hombres que engordaban demasiado parecía que tenían pechos al ponerse la túnica, algo totalmente risible por parte del resto de la sociedad, por lo que recurrían a la cirugía para reducir la grasa acumulada en la zona del pecho. Lo que no dice Pablo de Aegina es el porcentaje de atrevidos pacientes que se dejaba el pellejo (nunca mejor dicho) en el post-operatorio, porque supongo que las infecciones posteriores a las heridas debían ser de órdago. Además, teniendo en cuenta que no existía la anestesia como tal sino sólo plantas que disminuían el dolor, muy desesperados deberían estar los aspirantes a estas primeras 'corporaciones dermoestéticas' para meterse en el quirófano.

¡Lo que descubre uno en los libros de historia!

Un saludo

lunes, 25 de octubre de 2010

Escribir un guión de cine

Hola a todos,

Hace ya algún tiempo un amigo me comentó que había escrito un guión. En su momento la idea me pareció bastante curiosa, dado que era algo que yo no me había planteado nunca. Siempre me he centrado en novelas, pero luego comencé a darle vueltas a una idea que había tenido y que no me acababa de encajar, y descubrí que en realidad podría ser un buen guión de cine.

Me hice un esbozo muy básico de la historia pero, en ese momento, me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo se estructuraba un guión, así que me puse a investigar un poco y descubrí que es bastante sencillo, lo complicado, como en las novelas, es escribir una buena obra.

Existen dos tipos de guiones, el literario (el que escribe un guionista) y el de producción (el final una vez adaptado por el director) que tienen diferencias de formato. Aquí voy a hablar sobre el primero.

Al igual que una novela se estructura en capítulos, un guión se estructura en escenas. Si os fijáis en la mayoría de las películas o series de televisión, comprobaréis que la trama se va desarrollando en saltos, cada uno de ellos terminado con un corte de la cámara (ya sé que en 'La Soga' de Hitchcock no hay más que dos cortes y para cambiar el rollo de película, pero esto es sólo una simplificación)

Los guiones tienen un formato muy determinado, tal y como podéis ver en la imagen (extraída de la Wikipedia). Por lo que he leído, la razón estriba en que, con dicho formato, cada página del guión corresponde aproximadamente a un minuto de película.



Un guión lo forman seis elementos, cada uno con su formato determinado. Los cuatro más importantes son:

1) Encabezado: Es el título de la escena, indica el lugar en el que ocurre, si es exterior o interior y a qué hora del día ocurre (aproximadamente)
2) Descripción: Uno o varios párrafos en los que se describe lo que pasa DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA CÁMARA. Recordemos que es una película, no se puede saber lo que piensan los personajes. Algo del estilo:’ Pepa entra en la sala, enciende la luz y descubre el cadáver de Manolo en el suelo frente a él. Pepa grita y se desmaya’. Se escribe siempre en presente.
3) Personaje: Antes de cada diálogo se incorpora una línea con el nombre del personaje que va a hablar ese diálogo. Va siempre en mayúsculas y puede estar acompañado por una indicación de si se trata de un narrador o si el personaje no aparece en la escena (es una voz que está hablando por teléfono, por ejemplo)
4) Diálogo: Indica las palabras que dirán los actores. Se escriben en minúsculas, centrado en la hoja y con unos márgenes muy característicos.

Como he comentado antes, cada uno de los elementos tiene un formato muy característico en cuanto a tipo de letra, márgenes, uso de mayúsculas y minúsculas o situación dentro del texto. Para aquellos que queráis una descripción algo más detallada la podéis encontrar en la propia wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Gui%C3%B3n_cinematogr%C3%A1fico y, posteriormente, pasar a alguno de los libros que te detallan todo el proceso de escritura de guiones.

Otra opción más práctica es buscar uno de los muchos programas de escritura de guiones, los cuales ya traen implantado el formato correcto. Yo bajé una versión beta de uno de ellos pero, lamentablemente, no he dedicado mucho tiempo a revisarlo, por lo que no incluiré ninguna recomendación.

La idea de escribir un guión de cine me tienta bastante, pero he de añadir que, pese a disponer del esqueleto básico de una buena historia, una vez escrito me enfrentaría con otro problema: ¿Dónde se puede enviar un guión? ¿A una productora? ¿A una cadena de televisión?

Supongo que eso habrá que dejarlo para otra entrada.

Un saludo

lunes, 18 de octubre de 2010

La comida en Bizancio

Hola a todos,

Prosigo con las entradas sobre curiosidades bizantinas, y hoy le toca el turno a la comida. Aunque parezca increíble, existen libros enteros dedicados a la cocina en bizancio, en los que se adjuntan desde recetas hasta un listado de los alimentos que se recomendaban por aquel entonces según la estación.

La mayoría de los datos los he extraído de los libros:

Flavours of Byzantium. Andrew Dalby
Daily Life in the Byzantine empire. Marcus Louis Rautman.
Eat, drink and be merry. Anthony Brier, Leslie Brubaker, Kalliroe Linardou




Para iniciar esta entrada, comentar que en el siglo VI los bizantinos aún comían según la moda romana, es decir, tumbados. Eso no quita que el pueblo llano y en las tascas o tabernas no se comiera sentado sobre un taburete ante una mesa, pero aún se conservaba la tradición en las casas de clase media y alta. Lo normal era comer en un diván semicircular llamado stibadium.



La mesa para comer se cubría con un mantel con bordados geométricos o con figuras de pájaros.
Se comía reclinado sobre el brazo izquierdo, sobre un lecho acolchado. En la mesa central que rodeaba el stibadium se ponía un plato del que todos comían, añadiendo pan ya cortado alrededor (cada comensal tenía su rebanada)
Se comía con los dedos, y no había cubiertos sobre la mesa salvo para platos especiales. Las salsas se ofrecían en cuencos aparte, de modo que cada comensal se pudiera echar la cantidad que quisiera.
El plato central solía ser ancho, de base plana y un pequeño reborde elevado en el extremo. Las copas podían ser de metales preciosos, vidrio verdoso o cerámica

Por regla general, el pueblo llano tomaba dos comidas al día, la primera, ariston o también llamada geuma, a medio día. La más rica era la de deipnon, antes de anochecer, y era la única comida caliente al día, si acaso, por que la leña no era barata y el carbón resultaba más caro aún.

El azúcar, jengibre, la pimienta y el sándalo venían de la India, al igual que el nardo, mientras que la nuez moscada, el clavo y el macis venían de Indonesia. La canela venía del sur de China. De los ríos rusos llegaba sal, esturión ahumado y sal.

Ahora que menciono el esturión, como curiosidad, los bizantinos no sabían ahumar, por lo que el secado se hacía al sol.

Justo la semana de antes de la cuaresma era la semana del queso e tyrine, en la cual se podía comer queso, leche y mantequilla, pero no carne. La cuaresma empezaba con el domingo tes apokreos, o 'no más carne' y el final de la cuaresma era el jueves santo. Ese día se tomaba el cordero pascual

La comida típica del ejército, o de los viajeros que no podían encontrar pan normal del día, era la rosca de bucellatum y el pan de cebada o paximandi, cortado en gruesas rebanadas y tostado.

Los pescados más típicos eran salmonetes, lubina, rape, raya, caballa, aunque también les gustaba el marisco, como la langosta, cangrejos, sepia, calamares, pulpo, ostras, mejillones y vieiras.

Respecto a la carne, se comía carne de cerdo, de buey, de búfalo, de cabra y oveja. A veces en las carnicerías se asaba la carne dándola vueltas en un espetón y cortando tiras que se comían calientes (¿os suena de algo?). La cabra se prefería al cabrito, y el cordero más apreciado era el macho de un año castrado.
La caza también se tomaba: venado, gacela, jabalí, burro o asno salvaje, ciervo, cabras salvajes e incluso oso. Pero no conejo, aunque no he encontrado la razón por la que se despreciaba.

Las vísceras (hígado, sesos, médula, corazón y pulmones) también se comían y se consideraban nutritivas, sobre todo el hígado. Los sesos se consideraban un vomitivo, y por tanto se aconsejaba tomarlos con pimienta o mostaza

De las aves el más típico era el pollo. Se le suponía una comida buena y ligera. También se tomaba pato, ganso, codorniz, paloma, perdiz, grulla, zorzal y otras aves menores.

Los huevos de gallina, pato, oca o codorniz tenían distintos usos alimentarios. Con ellos se hacían muses o suflés.

La leche y la mantequilla no eran apreciadas y se consideraban alimento de los bárbaros del norte. Sin embargo, los dietarios recomendaban la leche recién ordeñada porque ayudaba a los humores buenos. Se debía tomar sola, mejor por la mañana, y esperar a digerirla antes de tomar otra cosa.

El queso era muy apreciado y se tomaba en gran cantidad

Sin embargo, la base de la alimentación era el pan, normalmente de trigo (el pan de avena sólo se consumía en las hambrunas, pues se consideraba comida de animales), el aceite, el vino, las legumbres y también las verduras de temporada. Se tomaban asímismo muchas frutas, pero sorprende la cantidad de frutos secos que apuntan los dietarios. A fin de cuentas, la actual Turquía es la mayor productora mundial de avellanas, así que parece que los frutos secos siempre han sido algo muy cercano a la alimentación de esa parte del mundo.

El arroz era raro, sólo de importación, y se tomaba cocido en leche con miel o azúcar.

Bueno, y creo que eso es todo por hoy.

Un saludo a todos.

lunes, 11 de octubre de 2010

Administración de Bizancio en tiempos de Justiniano

Hola a todos,

Recuperando el tema bizantino, en esta nueva entrada voy a incluir una breve reseña de la administración civil bizantina en tiempos de Justiniano.

Tal y como se puede ver en el diagrama, extraído del libro ‘The Cambridge companion to the age of Justinian’ de Michael Maas (pulsar sobre la imagen para ampliarla) el maestro de oficios encabezaba la administración. En tiempos de Justiniano, ese puesto estaba ocupado por Flavio Estrategio (al menos hasta 535, año en que fue nombrado comes sacrarum largitionum) El maestro de oficios, pese a constituirse como cima del aparato administrativo del imperio, no se corresponde a la idea que nosotros podríamos tener de un primer ministro. La administración bizantina no era tan piramidal como aparece en el gráfico o como puede ser la nuestra, sino que algunos departamentos tenían mayor poder que otros que se encontraban teóricamente por encima. Del mismo modo, al igual que ocurre en nuestra propia administración, las competencias no siempre estaban bien definidas, por lo que podía haber varios departamentos tratando de ejercer funciones muy similares.




Como regla general, el maestro de oficios recibía a los embajadores, controlaba la secretaría imperial, el departamento postal y dirigía las celebraciones oficiales. También controlaba a la policía secreta del emperador y supervisaba la fiscalidad aplicada por los prefecto, aunque no era él quien definía dichas políticas fiscales. A partir de 529, conjuntamente con el quaestor sacri palatii, el maestro de oficios se constituyó en el máximo juez de apelación para los juicios militares. También tenía a sus órdenes al comes domesticorum, a cargo de los scholae, la guardia de palacio dedicada a las celebraciones. Por el contrario, no tenía autoridad sobre los excubitores, los verdaderos soldados con los que contaba el palacio imperial.

El quaestor sacri palatii se encargaba de dar curso a los edictos del emperador y recibía las apelaciones que se le hacían.

El comes sacrarum largitionum era el ministro de finanzas, sólo actuaba a nivel de diócesis y provincial y se ocupaba de los ingresos y gastos del emperador. A su mismo nivel existían otras dos figuras en la rama fiscal, los prefectos, que eran los más importantes pues recaudaban el impuesto sobre la tierra, y el comes rei privatae, que se encargaba de gestionar la hacienda privada del monarca (su patrimonio y tierras personales)

Las prefecturas se dividían en diócesis, cada una de las cuales se supervisaba a través de un departamento específico scrinium en Constantinopla. Su administración era bastante compleja, y aunque el número de funcionarios con el que manejaban los asuntos era reducido en comparación con los ingentes números actuales, para la época resultaban muy numerosos.

Como muestra, en el lado judicial de la prefectura de Oriente existían nueve cargos principales:

o Cura epistolarum: Cuatro, uno para cada diócesis, Tracia, Asia, Póntica y Oriente. Se encontraban a cargo de la burocracia asociada con informes oficiales y correspondencia con los gobernadores provinciales en materias de finanzas e impuestos.

o Regendarius: Responsable de las infraestructuras y operación del servicio de correos y de emitir órdenes de detención.

o Ab actis: Responsable de los casos civiles y de los registros judiciales

o Commentariensis: Responsable de los juicios criminales (también he encontrado en otras fuentes este mismo título asociado a simples guardias)

o Primiscrinius: Responsable de que se cumplan los mandatos judiciales (Igualmente, este título está asociado al control de los tiempos en los juicios)

o Cornicularius: Persona que encabezaba el lado judicial de la prefectura y que controlaba al resto.

Cada uno de estos oficiales tenía una secretaría o scrinium supervisada por tres asistentes o adiutores apoyados por oficiales jefe administrativos o chartularii. Disponían también de un exceptor como supernumerarius que no cobraba, tan sólo las propinas establecidas (muy generosas), y que se mantenía a la espera de que se produjera una vacante.

Espero que esto os permita formaros una impresión de lo que podía ser una ‘administración bizantina’.

Un saludo a todos.

sábado, 9 de octubre de 2010

Nobel de literatura

Hola a todos,

Valga esta humilde entrada como felicitación a Mario Vargas Llosa por su merecido Nobel de literatura. Incluso a sabiendas de las influencias políticas que rodean estos grandes premios, cualquiera que se dedique a escribir creo que siente un gran respeto por aquellos que han recibido el más alto galardón que se concede a los literatos.

Mi más sincera enhorabuena.

Un saludo

domingo, 3 de octubre de 2010

Portada de 'El sueño de Justiniano'

Hola a todos,

¡Ya falta menos! Si no hay sorpresas de última hora, el 10 de noviembre saldrá a la venta en España mi segunda novela 'El sueño de Justiniano'. Y para ir abriendo boca aquí os dejo el borrador de la portada




Espero que os guste y os anime a leerla.

Un saludo a todos

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿Cuánto cuestan los ebooks?

Hola a todos,

El otro día estuve en casa de unos amigos y uno de ellos se acababa de comprar un lector de libros, el de Amazon para más señas. Me pareció bastante ligero y con una calidad en la pantalla bastante aceptable. Para gente que lee mucho en el metro, como yo mismo, me parece muy práctico. El problema está en el precio, unos 200 euros por lo que me dijeron. Aún es demasiado caro.

sin embargo, lo que me vino a la mente fue otra cosa, fue un artículo que leí sobre el precio de los futuros e-books. En dicho artículo (lo siento, no he encontrado el enlace) se comentaba que los precios previstos para el mercado de libros en formato digital rondaban entre los 9,99 y los 15 euros.




A primera vista me pareció una barbaridad. Sin embargo, antes de pronunciarme categóricamente se me ocurrió echar unos números para ver si realmente ese precio es tan elevado como parece.

Partiendo del hecho de que se seguirá necesitando una editorial, por el valor añadido que presenta para separar el grano literario de la paja que entrañan los millones de libros que pululan por internet, es evidente que el precio del libro debería incluir las siguientes partes:
- Pago al autor - esto es imprescindible, :) -
- Cubrir los gastos de la editorial (editor, maquetador de la portada, revisiones del texto, galeradas, conversión del manuscrito a pdf y distribución)
- Beneficios de la editorial (no trabajan por amor al arte)
- Gastos derivados de la venta
- Beneficios del distribuidor
- Impuestos (Haciendo somos todos, o eso dicen...)

Inicialmente comencé por calcular cada una de ellas por separado, aplicando coeficientes y ponderando posibles errores, pero no tengo suficientes conocimientos del mercado como para evaluar todos los factores, por lo que se me ocurrió hacerlo más sencillo.

Lo primero, el autor. Pongamos que cobre 1,5 euros por libro vendido.
La editorial: Supongamos que, considerando todos los que intervienen en un libro (lectores, editores, maquetadores, correctores, comerciales...) el esfuerzo invertido en una novela implica tres meses de trabajo a tiempo completo de una persona, unas 520 horas de trabajo efectivo. Considerando una media de coste de 20 euros por hora (Sale un coste de 35.000 euros por trabajador) implica 10.400 euros.

Si las ventas esperadas son 3.000 ejemplares, el precio del libro se ve incrementado en 3,5 euros para satisfacer los costes editoriales y el beneficio, así que llevamos 5 euros.

Distribución. Aquí está la gran ventaja del libro electrónico. El coste es cero. No hace falta imprimir ejemplares, ni almacenarlos, ni distribuirlos físicamente. Tan sólo se necesita una base de datos y un ordenador normalito. Sobre todo, la inversión inicial para hacer una tirada de libros se reduce a prácticamente cero.

Venta. Igualmente, las ventajas son excepcionales. No necesitamos un vendedor, las transacciones se tramitan automáticamente desde la web. No necesitamos una tienda física para vender, ni stock, ni alquilar un local. Basta con una aplicación web y un administrador. El coste por libro vendido es despreciable, por lo que podríamos considerar 0,2 euros, y tirando por lo alto. Si ponemos otros 1,8 de beneficio para el vendedor tenemos un precio final por cada libro de 7 euros, bastante alejado de los 10-15 que se planteaban en el artículo.

El precio aún podría bajar más si los márgenes de beneficio se ajustan - pero no los del autor ¡eh! :( - o si es la propia editorial la que efectúa la venta a través de su página web, algo que varias editoriales ya hacen. Es decir, que un precio adecuado para la venta de un libro en formato electrónico rondaría entre los 5 y los 7 euros, dejando un margen importante de beneficios tanto a autores, como a editoriales o tiendas de venta por internet.

Sé que estos números están hechos a ojo pero no debo andar muy desencaminado, sobre todo cuando vemos libros de bolsillo en la estantería de las tiendas a precios que van desde los 7 a los 10 euros. Es cierto que en estos libros la editorial ya no repercute apenas costes (se suponen amortizados con la edición en tapa dura) y que el autor apenas se lleva 0,5 euros por ejemplar pero, por el contrario, incurren en gastos de impresión, almacenaje, distrubución, espacio en tienda, vendedores...

Esos son mis números. Creo que 5-7 euros por ejemplar de libro electrónico es más que suficiente, y es lo bastante bajo como para desanimar a los piratas (a la mayoría, no a todos) Aunque tal vez, como informático, tiendo a no ser parcial. Lo cierto es que cuando alguien me dice que un fichero en la red cuesta lo mismo o más que un libro físico tengo la impresión de que algo no cuadra.

Un saludo

sábado, 18 de septiembre de 2010

¿Es rentable publicar una novela histórica?

Hola a todos,

En la entrada de esta semana voy a variar un poco de tercio, dejando de lado las curiosidades sobre Bizancio para volver al tema de la publicación.

Una de las cosas que me planteé tras publicar mi primera novela es si el esfuerzo había valido la pena, materialmente hablando. Es decir, si realmente sale rentable el tiempo que se dedica a escribir desde un punto de vista meramente económico, al menos comparándolo con otras actividades más habituales.

Todos los que dedicamos parte de nuestro tiempo a la escritura lo hacemos por aficción, por llenar algún tipo de necesidad personal o porque simplemente nos gusta. Llegados a este punto, en el que, por así decirlo, descubrimos nuestra verdadera vocación, todos (al menos yo) nos hemos planteado si es posible vivir de la escritura.

Así que se me ha ocurrido dejar aquí unos números con los que evaluar la eficacia monetaria de una novela, para lo que partiremos de las siguientes hipótesis:

- Consideraremos que una novela histórica tipo tiene entre 300 y 500 páginas, por lo que pensaremos en una media de 400.

- Consideraremos que el ritmo de escritura es de una página por hora, a lo que hay que sumar un 100% del tiempo total de la novela para labores de correción, relectura, revisión de galeradas, trato con la editorial, promoción del libro, marketing, etc. Esto nos lleva a establecer que una novela normal de 400 páginas supone un trabajo equivalente a 800 horas.

- En las novelas de tipo histórico hay que añadir el tiempo necesario para documentarse. Suponiendo que sea preciso leer alrededor de 30 libros de documentación, y partes o capítulos de otros tantos (pongamos una media de 40 libros leídos para hacer la novela) Eso implica unas 600 horas más a añadir para la creación de la novela. Todo ello considerando que podamos recoger los datos de un libro para documentación en 15 horas.

- Igualmente, una novela supone un gasto, ya sea en libros para documentarse (300 euros) como en envío de manuscritos por correo, tras haberlos impreso y encuadernado (100 euros por cada 8 novelas impresas) Total 400 euros.

- Supongamos que el precio de la novela es de 20 euros (sin IVA), y que nosotros nos llevamos por contrato el 10% del precio sin IVA.

En definitiva, una novela histórica exige unas 1400 horas de trabajo (supongamos que repartidas a lo largo de dos años) y 400 euros de gasto.

Dado que es una primera novela, el escritor novel está trabajando en otra ocupación con la que ganarse el sustento. Esa ocupación le proporciona el salario medio en España (25.000 euros)

Llegados a este punto, ¿es rentable escribir?

Si nuestro escitor hubiera dedicado esas 1400 horas de trabajo a hacer horas extra en su empresa hubiera cobrado lo siguiente:

El precio por hora extra sale de dividir el sueldo por el número de horas de trabajo anual (pongamos 1770) y multiplicarlo por 1,75 (la hora extra es un 75% más cara que la normal) lo que implica un coste por hora extra de 24,72 euros en nuestro caso.

1400 horas x 24,72 = 34.608 euros

Esto es lo que hubiéramos ganado caso de dedicar esas horas de trabajo a hacer horas extra en la empresa. Ahora veremos lo que renta la novela.

Dado que nos llevamos 2 euros por novela vendida, eso significa que necesitamos vender 17.304 novelas para que salga rentable escribir.

Para que os hagáis una idea, vender 10.000 libros ya se considera un éxito de ventas, y la tirada media ronda los 3000 ejemplares, por lo que vender cerca de veinte mil libros es un logro casi inalcanzable para un autor novel.

Unas ventas más acordes con la realidad podrían ser 8000 ejemplares, 4000 en España a 2 euros y 4000 en el extranjero (Latinoamérica) a 1,5 euros. Totalizando unos ingresos brutos por novela de 14.000 euros.

Por ello, parece que escribir no es una actividad rentable (al menos como actividad extra) por lo que, salvo pelotazos tipo Catedral del Mar, sólo queda la opción de pluriemplearse, ya sea escribiendo para un diario o como tertuliano en un programa de radio.

En definitiva, que creo que me queda aún una larga travesía por el desierto antes de lograr que las letras me mantengan.

Un saludo

lunes, 13 de septiembre de 2010

Monedas, pesos y medidas en Bizancio

Hola a todos,

Como complemento de la entrada anterior, aquí detallo alguna de las equivalencias en el sistema monetario y varios datos sobre pesos y medidas.

MONEDA

La moneda principal era el sólido de oro, de unos 4,5 gramos de peso. De una libra romana (unos 357 gramos) se extraían 72 monedas.

Existían otras dos monedas comunes de oro, el semises (de la mitad de peso y valor que el sólido) y el tremises (la tercera parte del peso y del valor)

La plata se acuñaba en dos tipos de monedas, el miliarense, de 4 gramos y una equivalencia de 12 por cada sólido de oro, y el siliqua, de 2 gramos, la más común de las monedas de plata y con una equivalencia de 24 siliqua por cada sólido de oro.

Relacionados con la equivalencia de los sólidos con la plata, hay que destacar que en tiempos de Justiniano también se fabricaron sólidos ligeros de oro, equivalentes a 20 y 21 siliqua de plata de valor. Se cree que eran utilizados para la exportación.

En cuanto a monedas de cobre, la más usada era el follis, que disponía de diversos tipos y tamaños aunque en general era bastante grande, con un diámetro que variaba entre los 23 y los 37 milímetros según la acuñación. Al comienzo del reinado de Justiniano el cambio era de 210 follis por cada sólido de oro, aunque él lo redujo a 180 follis por sólido.

La moneda de menor valor de todo el sistema era el nummus. 40 de ellos equivalían a un follis.

Entre el follis y el nummus existían multitud de monedas de diversos valores, desde el medio follis hasta las monedas de 33, 16, 12, 10, 5, 3 ó 2 nummi.

Por último, para cantidades grandes se utilizaba el centenario que equivalía a cien libras romanas de oro. Por tanto, un centenario de oro eran 7200 sólidos de oro, suficiente para mantener a 12 familias durante cincuenta años.

MEDIDAS

La medida básica de volumen era el modio, equivalente a unos 8 litros, eran unas 26,6 libras romanas (unos 8,7 Kg), pero al ser unidad de volumen y no de peso, cualquier equivalencia es complicada.

Un medimno eran 6 modios, aproximadamente 48 litros de capacidad.

La artaba eran 3,3 modios, por lo que en peso equivalía a unos 28,7 Kg actuales.

El ounkiai eran unos 27 gramos.

Un litra eran unos 327 gramos.

Un orgiya medía 2,1 metros, se dividía en 9 spithamai (23,3 cm), o 108 daktyloi (1,95 cm). Daba nombre también al bastón de esa medida con el que se realizaban las mediciones.

Aunque no era propiamente una medida, el schoinion su utilizaba para medir en las construcciones. Era una gruesa cuerda hecha de cáñamo que medía 10 orgyiai.

El pie bizantino medía 31,23 cm.

Un pie se dividía en 16 daktyloi.

El codo era la medida básica en la época de Justiniano, aunque existían distintas medidas para el codo: codo imperial 0,462 m, codo de construcción 0,75 m, codo comercial 0,64 m

Un estadio era una medida de longitud. Su tamaño varió bastante a lo largo de la antigüedad, desde los 174 metros utilizados en Olimpia hasta menos de 130 en Roma, por lo que resulta complicado dar una medida exacta. Las medidas de Procopio parecen basarse en el estadio de Eratóstenes, equivalente a unos 158 metros.

La superficie de la tierra se media en modios. La medida es algo complicada, pues relacionaban la superficie de la tierra con la cantidad de grano de trigo (en volumen, de ahí los modios) producida. De ese modo, se podría decir que una hectárea de terreno equivalía a 12,5 modios de tierra.

Y eso es todo por hoy.

Un saludo

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Próxima publicación de El esclavo de la Al-Hamra

Hola a todos,

Dentro de las novedades a publicar por Ediciones B el próximo mes, se encuentra la novela de un compañero en la aficción por la escritura, Blas Malo Poyatos: EL ESCLAVO DE LA AL-HAMRĀ

A través de su blog http://lenegaron27.blogspot.com/ he podido ver la portada del libro y leer la sinopsis, y parece que promete, así que aquí dejo ambas, en espera de poder ser de los primeros en leerla.

Un saludo a todos



Sinopsis:

¡Al-Ándalus! En Madinat Garnata, año 748 de la Hégira, un solo hombre soporta sobre su espalda todo el destino del último reino musulmán en Occidente. Ibn Zamrak, visir de Muhammad V, lucha de sol a sol por mantener el frágil equilibrio de alianzas del reino nazarí con los reinos cristianos al Norte y el reino de los meriníes al Sur, mientras en sus largas noches de insomnio medita los versos que embellecerán las paredes del nuevo palacio de la Al-Hamrā.

Pero las sombras de su pasado son alargadas y sus enemigos numerosos. Las manos y el alma del visir están manchadas de sangre y las arenas del desierto al otro lado del mar guardan el único secreto que puede destruirle.

A muchas millas de allí, en las canteras de Al-Mariyyat, en las frías mazmorras de Qalat Yahsūb y en el harén de los señores meriníes de Fez, Ahmed, Abdel y Aixa, víctimas del visir, indagarán ese secreto, en el que su familia se vio involucrada muchos años atrás, y buscarán su venganza contra Ibn Zamrak, político, visir, poeta y conspirador, el hombre cuya poesía, como su ambición, no conoció límites.

Sueldos y coste de la vida en Bizancio

Hola a todos,

Continuando con las curiosidades sobre la época bizantina en la que se desarrolla mi próxima novela, hoy he pensado incluir una pequeña entrada sobre los sueldos que cobraban los bizantinos, así como sobre lo que costaban las cosas en aquella época.

SUELDOS

El sueldo medio de un campesino o de una persona de bajo nivel era de un sólido de oro al mes. Por el contrario, un albañil especializado llegaba a cobrar un sólido de oro por semana.

Un soldado cobraba unos 20 sólidos de oro al año, el doble en el caso de los excubitores de la guardia. En el grado más bajo del escalafón, un remero o un guardia de fronteras cobraban 5 sólidos de oro al año.

Un capsarius, el ayudante de los vestuarios en unas termas, cobraba unos 3 sólidos de oro al año, lo que hace pensar en que se trataba de un trabajo a media jornada, pues con ese sueldo se estaría muy por debajo de lo necesario para mantenerse.

En cualquier caso, los sueldos no sólo eran pagados en moneda, también en especie, en trigo. Como ejemplo, los sueldos de los integrantes de un hospital eran los siguientes:
Médico: 8 sólidos y 45 modios de trigo
Médico asistente: 5 sólidos y 24 modios de trigo
Sirviente: 10 sólidos
Farmacéutico: 7 sólidos y 24 modios de trigo
Cocinero: 7 sólidos y 24 modios de trigo
Lavandera: 2 sólidos y 24 modios de trigo
Xenodochos (Jefe administrativo del hospital): 12,5 sólidos
Asistente de administración: 11 sólidos

COSTE DE LA VIDA

Como regla general, se podía alimentar a un trabajador medio con un coste de unos 5 sólidos de oro al año.

Una capa costaba unos 50 follis, mientras que una buena dalmática podía salir por 10 sólidos de oro.

Un buey costaba 4 sólidos de oro.

Un esclavo de menos de 10 años costaba 10 sólidos de oro, un adulto sin especialización 20, un escriba 50 y un médico 60

Una prostituta barata cobraba 2 follis por servicio

Los panaderos compraban el trigo al almacén imperial en lotes de 1 sólido de oro. A eso le podían sumar en el precio de venta 5 siliqua de plata a la hora de venderlo, 4 eran para pagar los empleados, los hornos y los animales, y 1 era el beneficio del panadero (es decir, su beneficio era del 4% sobre la inversión)

El valor de la tierra no era como actualmente, función de la productividad, sino que influían las relaciones familiares (la tierra de una familia de prestigio valía más que la de un pobre, pese a tener la misma fertilidad) Como norma general se podría decir que un modio de buena tierra costaba un sólido de oro, lo mismo 2-3 modios de tierra media o 5-10 de mala. Igualmente, un modio de viñedos costaba 6 sólidos de oro. Cada olivo costaba un sólido de oro si incluía la tierra anexa, en caso contrario sólo costaba un tercio de sólido.

Las tasas o impuestos eran dispares. Se basaban en estos factores, colocados por orden de importancia: número de bueyes, el tamaño de la familia, el ganado en general y la tierra. Sin embargo, la conexión no era directa y variaba de un pueblo a otro, así que, básicamente, el estado cobraba lo que le daba la gana.
Tampoco tenía relación el precio de una tierra con su tamaño o con las tasas que se cobraban sobre ella. A veces, propiedades pequeñas tenían tasas más altas que otras más grandes y su precio variaba mucho: Algunos ejemplos de coste de tierra con olivos extraídos de varias fuentes en sólidos de oro son:

Nº de árboles Precio Impuestos
24 olivos 7 1
18 olivos 5 1
14 olivos 13 0,5
44 olivos 43 1,33

Como última curiosidad, añadir que el presupuesto anual del estado bizantino en tiempos de Justiniano rondaba los 10-12 millones de sólidos de oro.

Ahora que veo los términos en los que he escrito esta entrada, creo que la semana que viene introduciré una nueva entrada sobre monedas, pesos y medidas.

Un saludo a todos.

lunes, 30 de agosto de 2010

La construcción en Bizancio II

Hola a todos,

Esta semana continuamos con los métodos constructivos bizantinos que, pese a su neta herencia romana, dispuso de un desarrollo propio.

MUROS

El muro se construía con un núcleo de hormigón recubierto con paramentos de sillería, cuyas piedras no están ancladas entre sí. El mortero sustituye a los hierros soldados con plomo utilizados en occidente. En ocasiones se sustituye el mortero entre las piedras por una lechada de cal (como en Santa Sofía)
Cada hilada, además de los sillares, presenta perpiaños. Las hiladas de ladrillo intercaladas en los sillares permitían una mejor unión entre el paramento y el relleno, con los ladrillos haciendo el papel de perpiaños.
El lecho de mortero que se ponía entre los ladrillos era casi tan ancho como el propio ladrillo, aunque en el caso de las hiladas de piedra era menor.
Se ponían vigas de madera unidas entre sí para reforzar el muro mientras el mortero estaba aún fraguando. Cuando el mortero estaba duro pero aún no asentado del todo podía soportar el peso, pero corría el riesgo de deformarse, con lo que aumentaba la posibilidad de que la estructura se derrumbara. Las vigas de madera permitían que se endureciera. Cuando la madera se deterioraba el mortero ya estaba bien y podían ser retiradas.



Para la realización de los muros se usaban andamios que se levantaban anexos a la pared. Se hacía un agujero en el muro por donde se pasaba una viga que sobresalía por ambos extremos. Dos vigas a cada lado permitían poner un andamio sobre el que trabajaban los obreros. A medida que se ascendía se ponían más andamios. Luego, una vez que la estructura estaba finalizada y los decoradores comenzaban su trabajo, lo hacían de arriba hacia abajo, y a medida que terminaban se rellenaban los agujeros y se quitaban los andamios.




COLUMNAS

Los capiteles de las columnas eran bloques de mármol que se tallaban para formar la transición entre la columna redonda y el cuadrado superior.
A los capiteles se les daba primero la forma, tallándolos cuadrados por arriba y circulares por abajo. Luego se dibujaba una línea vertical en el medio del capitel por los cuatro lados y se rebajaban 2 dedos las zonas intermedias entre el centro y las esquinas.
Las columnas de Santa Sofía no tenían ábaco, tan sólo el capitel, pues el contacto con el arranque superior se hacía por medio de cuadrados perfectos, y no de cuadrado con rectángulo, que implica la necesidad del ábaco como transición.
Los fustes solían ser monolíticos, tallados en caliza compacta, aunque en Santa Sofía las columnas eran de mármol, el cual tendía a fisurarse por las vetas blandas, llegando algunas a desintegrarse según Procopio.
Para prevenir estas fisuras longitudinales se recurría a anillos metálicos que zunchaban (rodeaban, aprisionaban) los fustes en la cabeza y en el pie.
Además, para mayor garantía, se asentaban las columnas sobre lechos realizados con un material plástico para conseguir un reparto más uniforme de las cargas. Se usaban láminas de plomo, por lo que los tambores se colocan sobre hojas de plomo de 1 mm de espesor. El problema de esta lámina de plomo es el desbordamiento debido a la tensión en el perímetro del lecho. Para evitarlo se aprovecha el zunchado. Al rodearse por la junta el plomo queda confinado y no puede aplastarse ni extenderse.
Las columnas se elevaban a su sitio mediante cuerdas y poleas, primero la base, luego el fuste y por último el capitel.


CÚPULAS

Para hacer la cúpula se ponía un mástil en el centro hasta la altura de los muros. De la punta del mástil se tienden dos cuerdas, una que coincida con la curvatura interior de la cúpula y otra con la curvatura exterior, así se tiene la forma de la cúpula y su espesor. Se van colocando filas enteras de ladrillos alrededor de toda la cúpula de una en una, por lo que sólo se necesita andamiaje para cerrar el hueco central.
Las cúpulas de ladrillo se hacían por medio de lechos cónicos, en forma de coronas sucesivas, de ese modo podían realizarse sin cimbras. Los ladrillos de cada hilada se colocaban sobre una capa de mortero que los unía a los de la hilada precedente. Una vez terminada, cada hilada se comportaba como un tronco de cono con el vértice apuntando hacia abajo, por lo que no puede deformarse ni descender y sirve de apoyo para la siguiente.
Los vértices de los conos no tienden al punto central de la esfera, sino a un punto superior, pues a medida que la cúpula se va formando las hiladas deberían hacerse cada vez más verticales. Para determinar la inclinación de los lechos se lleva una cuerda o cintrel desde el lecho hasta la base de la cúpula en el otro extremo de la bóveda. El punto en el que corta el eje central es el vértice del cono.
Para cerrar la bóveda en la clave llega un momento que el ángulo es excesivo para que los ladrillos agarren por lo que en ese punto no se continúa aumentando el ángulo sino que se mantiene constante hasta cerrar la cúpula.
Finalmente, las cúpulas se embeben en la base dentro de un muro perimetral de fábrica que la ciñe hasta la altura de los riñones y se empalma con el trasdós mediante una contracurva. Es en este muro donde en Santa Sofía se abren las ventanas o huecos de iluminación, de forma que parece reducido a una serie de contrafuertes discontinuos.
La cúpula de Santa Sofía es nervada. El intradós se divide en 40 husos por otras tantas nervaduras meridianas salientes que convergen en la clave y dan solidez a la fábrica sin aumentar el peso notablemente. Se construyeron al mismo tiempo que los paños de relleno y se ligan al resto de la bóveda por la continuidad de las mismas hiladas cónicas. Su función es rigidizar y volver menos deformable la delgada cáscara de la cúpula.


Y esto es todo por ahora, la próxima semana variaré el tema. Para quien se quede con ganas de más le remito a la reseña bibliográfica de hace unas semanas y, sobre todo, al libro de Auguste Choisy 'El arte de construir en Bizancio'

Un saludo a todos

martes, 24 de agosto de 2010

La construcción en Bizancio

Hola a todos,

continuando con esos apuntes que no he utilizado para la novela, aquí os dejo unas pinceladas sobre los materiales de construcción usados por los bizantinos.


LADRILLOS

El ladrillo era el material constructivo bizantino por antonomasia. Pese a que también utilizaban piedra, mármol, cemento, etc. La mayor parte de sus construcciones eran de ladrillo.
Para fabricar los ladrillos se recogía la arcilla en una cantera, después se colocaba en un hoyo poco profundo y se mezclaba con agua con un azadón o con los pies. Luego se dejaba que la arcilla se asentara durante un tiempo, desde una noche a toda una semana. La masa de arcilla se transportaba entonces en cestas a un suelo de arena donde se llenaba con ella los moldes, hechos de madera o metal (probablemente lo primero). Se trabajaba en equipo, uno traía la arcilla y otro daba forma a los ladrillos en los moldes. Se podían hacer 4000 ladrillos diarios por persona. Los ladrillos se dejaban secar unos días y luego se cocían.

Los hornos de cocción de ladrillos eran redondos con chimenea cónica y tenían dos pisos, por lo que se ponían en las laderas de las colinas por facilidad de carga y aislamiento. En el piso de abajo ardía el fuego de leña o carbón, mientras que en el de arriba se apilaban los ladrillos. Se abrían hendiduras entre ambos pisos para dejar pasar mejor el calor y el humo. El fuego tenía que durar unas 12 horas sin descanso para que el ladrillo cociera bien, luego se dejaba enfriar el horno durante una semana antes de sacar los ladrillos.
El proceso de llenado, vaciado y horneado duraba en total unas dos o tres semanas. Un horno medio tenía unos 4,2 metros de diámetro, en el que se apilaban ladrillos hasta en pilas de 10, con lo que cabían unos 5000 por hornada. Eso implica que si hacían unas 10 tandas por temporada podrían fabricar unos 50.000 ladrillos por horno.
Como ejemplo, una iglesia mediana necesitaba alrededor de 1.000.000 de ladrillos, y si tenemos en cuenta los que se rompen o se cuecen mal, harían falta unos 1.200.000, por lo que se necesitan unos 10 hornos funcionando durante 2 temporadas para hacer los ladrillos necesarios.

Normalmente, los bizantinos intercalaban hiladas de ladrillo en el hormigón para dar al macizo una ligazón transversal firme. Se ponían normalmente 5 hiladas de ladrillo cada 2-3 metros de hormigón. Entre los ladrillos se ponía un lecho de mortero del mismo espesor que el propio ladrillo. A estas hiladas se les llamaba verdugadas. Los ladrillos no tenían las superficies pulidas sino irregulares, y a veces con marcas de huellas de dedos. Eso hacía que se adhirieran mejor al mortero.

Los ladrillos se marcaban con el sello del fabricante hasta el siglo VII, luego raramente hasta desaparecer en torno al siglo XI. Sin embargo, se han encontrado pocas marcas en general fuera de Constantinopla o Tesalónica. No se marcaban todos, sino una parte, entre el 1 y el 50 % de los ladrillos.


HORMIGÓN-MORTERO-CEMENTO

El hormigón bizantino, herencia del romano, se formaba con ladrillo, grava y mortero.

El primer paso para preparar el hormigón, era realizar el mortero, que se sacaba al quemar la cal en un gran agujero, donde ardía por tres días. Luego se mezclaba con aceite de linaza y hebras de algodón hasta darle la consistencia y maleabilidad necesaria para su uso.
Se preferían cales procedentes de la cocción del mármol para hacer el mortero, pero en Constantinopla se usaban calizas menos puras. Eso hacía que pudieran endurecerse en las fosas de extinción, por lo que para apagarla se la regaba con la cantidad justa de agua para que se convirtiera en polvo. Luego el polvo se echaba en capas de 2 dedos sobre un lecho de arena o teja triturada fabricando el hormigón al amasar directamente la mezcla.

El hormigón de los bizantinos utiliza una alta proporción de una materia rojiza (teja triturada) que proporciona consistencia para los grandes espesores exigidos. Normalmente se mezclaban 7 asbestos de cal por cada 3 de teja o ladrillo triturado.
El mortero se transportaba en cajas cuadradas que se colgaban del hombro con una cuerda, y se aplicaba con una especie de llana triangular de metal. Se subía a través de andamios a mano o por medio de cuerdas.
Tal y como ocurrió en Santa Sofía, cuando el mortero se usaba en grandes cantidades el tiempo de secado era uno de los factores críticos del proceso de construcción pues tardaba semanas en secar y endurecerse correctamente.


TEJAS Y VIDRIOS

Se usaban tejas semicilíndricas y ligeramente cónicas, de unos 35-50 cm de largo y 2 o 3 cm de ancho. Se fabricaban igual que el ladrillo, sólo que había un paso intermedio. Se hacían primero planas con una forma trapezoidal y luego se curvaban sobre un cilindro de madera del tamaño correcto hasta que endurecían antes de hornear.
También se usaban planchas rectangulares de metal para los tejados, sobre todo plomo, por su abundancia y maleabilidad. Se martilleaban las juntas dobladas para unir las piezas. Además se podía adaptar la forma de las planchas a la de las cúpulas.

El vidrio se solía soplar en pequeños trozos circulares (20 cm diámetro), con el borde doblado y en el centro mayor espesor, llamado corona. Se podían hacer de colores y se insertaban en las celosías de las ventanas, pero formaban muy poca superficie del total de la ventana. También se hacían en cuadrado o triángulo, aunque con menor frecuencia.


Y eso es todo por ahora... ¡un saludo a todos!

lunes, 16 de agosto de 2010

El esplendor de Santa Sofía

Hola a todos.

Revisando el material que recogí para mi novela me he encontrado con una buena parte de aquello que quedó sin usar, y he pensado que no estaría de más colgar algunas de esas cosas en la web, para los curiosos que quieran investigar un poco más sobre la época bizantina.

En fin, hoy le toca el turno a Santa Sofía, la mayor basílica del mundo en su época, la que retuvo durante un milenio (se dice pronto) el honor de rematarse con la mayor cúpula jamás construida, hasta San Pedro de Roma en el siglo XVI.



Consagrada el 27 de diciembre de 537, la magnificencia de la basílica era proverbial y, como decía Procopio: 'Quién se sitúa en el centro bajo su cúpula creerá que no está apoyada por fuertes obras, sino que se encuentra bajo una esfera dorada suspendida del cielo'.

De entre las muchas maravillas que atesoraba esta joya de la historia podríamos citar las siguientes:

- Las cuatro mesas sobre las que se preparaban las ofrendas y la comunión eran de plata, con las patas chapadas en oro.

- El trono del prelado y los siete asientos de los clérigos eran de plata, con las bases recubiertas de oro.

- El baldaquino tenía columnas de plata recubiertas de oro y coronadas por motivos en forma de lirio. Estas decoraciones eran de plata con encausto, técnica pictórica consistente en mezclar colores con cera fundida. La cera se aplicaba con el cestrum, un punzón o un buril previamente calentado para fundir la cera. Ésta, al colocarla, se solidificaba adhiriéndose a la superficie.

- Sobre el baldaquino se colocó una esfera de oro de 118 libras adornada con lirios de oro de 6 libras, y sobre ella una cruz de oro y piedras preciosas de 70 libras de peso (una libra romana eran unos 320 gramos).

- El altar se situaba sobre cuatro columnas de oro puro y, según lo que cuenta la tradición, era una verdadera maravilla. Estaba hecho de oro, plata y cuajado de piedras preciosas.

- Las puertas exteriores que rodeaban el atrio eran de electro (aleación de oro y plata), mientras que las interiores laterales eran de marfil cubiertas de oro. Las puertas principales de entrada que dan al cuerpo central eran de plata cubiertas de oro.

- El altar se cubría con una tela púrpura en cada lado del ciborio. Dicha tela disponía de una escena bordada con hilo de oro. Cristo, vestido con túnica que deja al descubierto hombro y brazo derecho, tiene en la izquierda la Biblia. Lo flanquean San Pablo con las escrituras y San Pedro con el báculo y la cruz. Sus vestidos son de hilo de plata.

¡Y esto es sólo un pequeño ejemplo!

Lo que daría por poder echar un vistazo a la iglesia recién construida...

En fin, si queréis saber más de Santa Sofía tendréis que esperar a noviembre para comprar mi libro.

Un saludo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Bibliografía de Bizancio para 'Santa Sofía, el sueño de Justiniano'

Hola a todos,

He dudado durante un tiempo si incluir en la versión final de mi novela la bibliografía básica utilizada. Finalmente, me he decidido por no incluirla. No se trata de un ensayo, ni tampoco se indica en cada página de qué libro sale cada dato, por lo que resulta de poca utilidad más allá de la curiosidad de algunos lectores. Sin embargo, dado que a mí siempre me ha interesado saber las fuentes de las que beben los escritores, creo que es una buena idea hacerlas públicas, por lo que este blog es la mejor opción.

En fin, aquí tenéis la lista de los libros usados para la documentación de 'El sueño de Justiniano', está ordenada por autor en orden alfabético.

A.G. Paspates and William Metcalfe, The great palace of Constantinople.

Alan Cameron, Circus Factions.

Alan Cameron, Porphyrius the charioteer.

Alfredo Jácome Roca, Historia de los medicamentos.

Anthony Bridge, Theodora.

Anthony Brier, Leslie Brubaker, Kalliroe Linardou, Eat, drink and be merry. Food and Wine in Byzantium.

Antony Robert Littlewood, Henry Maguire, Joachim Wolschke-Bulmahn, Byzantine Garden Culture.

Armand Trousseau, H. Pidoux y Matías Nieto, Tratado de terapéutica y materia médica.

Auguste Choisy, El arte de construir en Bizancio.

Averil Cameron. Judith Herrin, Constantinople in the early eighth century.

Carolyn L. Connor, Women of Byzantium.

Christopher Kelly, Ruling the later roman empire.

David R. Sear, Byzantine coins and their values.

Dioscórides, Plantas y remedios medicinales.

Dumbarton Oaks, Symposium on Byzantine medicine.

Edward Gibbon, The history of the decline and fall of the roman empire.

Elizabeth Jeffreys, Michael Jeffreys, Roger Scott, The Chronicle of John Malalas: A Translation.

Galeno, Sobre la localización de las enfermedades.

Glanville Downey, Constantinople in the age of Justinian.

Guglielmo Cavallo, El hombre bizantino.

Guy Halsall, Humour, history and politics in late antiquity and the early middle ages.

J.A.S Evans, The age of Justinian. The circumstances of imperial power.

John F. Haldon, Warfare, state and society in the Byzantine world, 565-1204.

José M. Egea, Relato de cómo se construyó Santa Sofía según la descripción de varios códices y autores.

José Seco Baldor, Estudios sobre el cólera de los siglos pasados.

Juan Ceballos, De las tallas perineales y del cateterismo perineal forzado.

Kathryn M. Ringrose, The perfect servant. Eunuchs and the social construction of gender in Byzantium.

Kaveh Farrokh, Angus McBride, Sassanian elite cavalry.

Kevin Uhalde, Expectations of justice in the age of Augustine.

Lynda Garland, Byzantine empresses. Women and power in Byzantium AD 537 – 1204.

Marcus Louis Rautman, Daily Life in the Byzantine empire.

Mary G. Houston, Ancient greek, roman & byzantine costume.

Michael Maas, John Lydus and the roman past.

Michael Maas, The Cambridge companion to the age of Justinian.

Michael McCormick, Eternal victory: Triumphal rulership in late antiquity, Byzantium and the early medieval west.

Michael Moïssey Postan, H. J. Habakkuk, Cambridge economic history of Europe: The agrarian life of the middle ages.

Owsei Temkin, Soranus’ Gynecology.

Owsei Temkin, The double face of Janus and other essays in the history of medicine.

Paul Magdalino, Maria V. Mavroudi, The occult sciences in Byzantium.

Peter Sarris, Economy and society in the age of Justinian.

Philippe Ariès, Georges Duby, Historia de la vida privada.

Procopio de Cesárea, Historia de las guerras.

Procopius, Secret history.

Procopius, Buildings.

Raffaele D’Amato, Graham Sumner, Roman Military Clothing AD 400-640.

Robert Browning, Justinian and Theodora.

Robert Ousterhout, Master Builders of Byzantium.

Simon MacDowall, Christa Hook, Late Roman Cavalryman AD 236-565.

Simon MacDowall, Gerry Embleton, Late Roman Infantryman AD 236-565.

Tamara Talbot Rice, Everyday life in Byzantium.

Tania Velmans, Vojislav Korac, Marica Suput, Bizancio.

Tom Tierney, Byzantine fashions.

Warren T. Treadgold, A history of the Byzantine state and society.

William Gordon Holmes, The age of Justinian and Theodora.

W.R. Lethaby and Harold Swainson, The church of Sancta Sophia, Constantinople a study of bizantine building.

Un saludo.

lunes, 2 de agosto de 2010

Consejos sobre manuscritos

Hola a todos

Ya de vuelta de vacaciones y plenamente incorporado a la rutina laboral (afortunadamente en jornada intensiva) vuelvo a retomar el blog con la entrada prometida con un par de consejillos sobre los manuscritos.

Dado el tiempo y el esfuerzo que implica escribir una novela, llegar al final de la misma supone casi una liberación. Puesto el último punto no podemos sino suspirar y emitir un sonoro ¡por fin! deseando distribuir nuestro manuscrito a editoriales y/o agentes. Sin embargo el primer consejo que os voy a dar es precisamente lo contrario. En lugar de enviar nuestro flamante manuscrito a diestro y siniestro debemos guardarlo en un cajón durante un par de meses (como mínimo cuatro o cinco semanas) Hay dos buenas razones para ello.

La primera es que los tiempos que manejan las editoriales son muyyyyy largos. Como mínimo, pasan seis meses desde que envías el manuscrito hasta que una editorial lo evalúa. Después, si tienes la suerte de firmar su publicación, viene la entrega del borrador definitivo, las galeradas, la portada, etc. En definitiva, otros seis meses como mínimo en trabajos de preparación e imprenta. Es decir, en el mejor de los casos pasará como poco un año antes de ver nuestra obra en las estanterías, y lo más probable es que sean dos o más. Por tanto, pese a lo que pueda parecer a primera vista, mes más o mes menos no va a suponer un retraso importante.

Por otro lado, esos dos meses pueden aprovecharse para dejarle la novela a tres o cuatro personas en cuyo criterio confiamos para que nos den su opinión. Eso sí, tenemos que dejar que lean con una condición muy clara, que nos digan lo malo de nuestro libro. A todos nos gusta que nos regalen los oídos pero eso no nos servirá para mejorar, nos tienen que sacar los fallos, y cuantos más mejor.

La segunda razón (y la fundamental) para meter nuestra obra en un armario a reposar es que antes de enviarla debemos depurar el manuscrito y no podemos hacerlo si no nos DISTANCIAMOS de la novela. Hay que revisarla con la mente fresca, como si fuéramos un lector que la acaba de comprar y no sabe nada sobre la trama. Tened en cuenta que un manuscrito no depurado que se envía a una editorial puede suponer que nuestra obra sea rechazada, y luego no podemos volver a llamar a esa puerta con una versión 2.0

¿Y cuáles son los errores más comunes que se pueden detectar en una segunda lectura? Aquí va una lista de los más comunes:

- Coherencia: Para mí, esta es la parte fundamental de la correción. No me refiero sólo a que un personaje calvo, cien páginas después, tenga una frondosa cabellera (que también pasa) sino a la coherencia de la trama y de los propios personajes. A veces es difícil detectarla pero podemos intentarlo con algunas preguntas sencillas como ¿se comportan los personajes como se espera de ellos según la personalidad que mostramos en el libro? O ¿ juega la suerte un factor demasiado preponderante en la
novela? Una 'casualidad' puede ayudarnos a resolver una trama, por ejemplo, cuando el protagonista se encuentra justo a la persona adecuada en el momento adecuado (el mundo es un pañuelo) Pero si en vez de un encuentro afortunado (o desafortunado) tenemos siete, algo empieza a oler mal en la novela.

- Escenas que sobran: Recordad que siempre se puede recortar, siempre. A veces son pequeños párrafos, como cuando se describe lo mismo en tres sitios distintos. En otras ocasiones son escenas enteras que, al ver la novela en su conjunto, se descubre que no aportan nada a la trama. Aquí hay que tener cuidado pues, al meter la tijera, nos exponemos a eliminar algo que explica un evento posterior en la novela, por tanto mi recomendación es no eliminar nada hasta acabar de leer la obra al completo. Lo más adecuado es marcar para borrar y hacerlo cuando estamos seguros de que no dejamos coja una escena posterior.

- Aquellos encontrados por amigos y/o familiares: Los errores se corrigen, y las sugerencias que nos hagan se toman en conjunto, se digieren y se aplican en su justa medida. Hay que saber aceptar las críticas, sobre todo por que provienen de puntos de vista distintos al nuestro. Si cada vez que nos dicen algo negativo de nuestra obra nos cabreamos es que vamos por mal camino. Pero tampoco hay que hacer caso a todo lo que os digan, hay que separar el grano de la paja.

Terminada la revisión llegó la hora de mover nuestro manuscrito y esperar la llamada de la fortuna.

Y eso es todo por ahora, hasta la próxima entrada.

Un saludo

jueves, 1 de julio de 2010

Vacaciones

Hola a todos,

Sé que prometí una última entrega con consejos sobre el manuscrito, pero me temo que tendrá que esperar hasta agosto, dado que el próximo mes voy a estar totalmente desconectado del mundo virtual.

¡Feliz verano!

lunes, 28 de junio de 2010

Cómo publicar una novela IV

Hola a todos,

Finalmente, de las muchas opciones para publicar una novela sólo nos resta hablar de la autopublicación. A estas alturas, después de haber enviado manuscritos a una docena de editoriales y haber hecho spam con otros tantos agentes literarios, uno de los temas que bullen en nuestra cabeza mientras esperamos comiéndonos las uñas a que nos contesten es la posibilidad de autopublicar.

Autopublicar tiene una ventaja fundamental. No necesitamos a nadie, ni editoriales, ni agentes, ni nada de nada. Basta entrar en una de las webs que se dedican a ello (www.bubok.com o www.lulu.com, por ejemplo) y en un abrir y cerrar de ojos tendremos a nuestra disposición una forma rápida de conseguir nuestro libro impreso en papel a precios razonables. Este tipo de webs que ofrecen servicios de autopublicación disponen de tutoriales de uso e, incluso, de simuladores que nos ofrecen una aproximación de los precios de coste de nuestra futura obra, en función del tipo de papel utilizado, el tipo de cubierta, el número de hojas que componen el libro, etc. La rapidez que permite internet para la edición del libro ofrece la posibilidad de recibir un paquete en casa con los ejemplares impresos en unas semanas, mientras que cualquier proyecto en una editorial no baja de seis meses.

Ahora las pegas. La primera es la más obvia e importante, con esta alternativa no llegaremos al mercado. Pasaremos de ser autores desconocidos con un manuscrito a ser autores desconocidos con un centenar de libros ocupando sitio en casa. Es así de simple.

Si vuestra meta es ver vuestro libro impreso para regalárselo a familiares y amigos, sin ningún tipo de ambición adicional, autopublicar es una buena opción. Para cualquier otra cosa olvidaros. Basta con que os hagáis una sencilla pregunta: ¿A cuántos conocéis que hayan entrado en las webs de Bubok o Lulú a comprar un libro? Yo a nadie. Pese a que las webs te ofrezcan la posibilidad de disponer de una tienda virtual en la que vender vuestras novelas, dos cosas dan al traste con cualquier opción de venta. La primera es la cantidad de títulos publicados de esta forma. La propia Lulú comenta en su web que dispone de 1000 nuevos títulos diarios ¡¡¡1000 diarios!!! ¿Quién va a elegir vuestra libro entre los más de un millón que ofrece la web? La segunda piedra en el camino son los costes de envío, que convierten un libro que debería ser barato en algo casi tan costoso como un best-seller.

La alternativa a esta casi absoluta seguridad de no vender más que un puñado de ejemplares, se centra en que el propio autor se convierta en vendedor, comprando un lote de libros y endosándoselos a familiares, amigos y conocidos. Esta opción es factible, pero por mucho que nos llevemos fenomenal con la gente de Facebook, no creo que nadie pueda colocar más de doscientos o trescientos ejemplares (y eso los que sean muy sociables). No penséis haceros ricos con ello.

Por otro lado, encargarte personalmente de realizar la distribución a través de librerías conlleva todo tipo de problemas. El primero de los cuales sería, con toda probabilidad, tener que darse de alta como autónomo, con todo lo que conlleva. Eso si encontramos alguna librería dispuesta a tomarse la molestia de trabajar con nosotros. Aún así, si conseguimos salvar este obstáculo, eso sólo nos garantiza que nuestro libro se encuentre en un puñado de librerías de nuestra ciudad de origen. Si queremos llegar a más sitios deberíamos contactar con una distribuidora seria, lo cual conlleva gastos, tiempo, etc. Si nos dedicamos a esto ¿cuándo vamos a escribir?

En definitiva, la autopublicación sólo se la recomendaría a esas personas que quieren ver su libro en papel por satisfacción personal, a los que no les importa que su obra no salga nunca del círculo más íntimo de amigos y familiares. Para cualquier otro, mejor abstenerse. Al menos esa es mi opinión.

Un saludo

lunes, 21 de junio de 2010

Cómo publicar una novela III

Hola a todos,

Recogiendo el testigo de la semana pasada, hoy toca hablar de los agentes literarios. En pocas palabras, un agente es una persona que trabaja colocando novelas en las editoriales y cobrando una comisión al autor por ello.

Un agente hace por nosotros lo que os adelantaba cuando hablaba de enviar manuscritos a las editoriales. Cuando decide representar nuestra novela el agente se dedica a llamar a las puertas de las editoriales para intentar venderla, sólo que el agente tiene contactos que garantizan que lo que él lleva sí será leído con atención. Tener un agente no garantiza que nos vayan a publicar, pero nos da muchas posibilidades, pues ellos llegan a donde nosotros, simples desconocidos, no. Obviamente, también realizan otro tipo de labores, como negociar el contrato con la editorial, revisar los derechos de autor, etc... aunque lo que ahora nos interesa, como autores noveles, es colocar nuestro flamante manuscrito. Por otro lado, un agente literario también es una especie de filtro. Dado que viven de su profesión, están en constante contacto con el mercado, por lo que, la aceptación de un manuscrito por parte de un agente literario es una buena demostración de que puede funcionar comercialmente y de que, por tanto, puede ser publicado.

Sin embargo, no todo son luces en este panorama, también hay sombras. La más básica es el dinero. Los agentes literarios viven de su profesión, por lo que, en primer lugar, sólo aceptarán representar novelas con las que prevean un beneficio económico. Si les envías un manuscrito de calidad literaria excepcional, verdadera joya de las letras, pero que no tiene mercado comercial, lo más probable es que te lo devuelvan. Por otro lado, si consigues que un agente literario acceda a representar tu novela no te va a salir gratis. Los beneficios del agente salen de la parte del autor. Por lo que parece, el porcentaje que cobran sobre lo que ganas ronda el 15% ó el 20% y siempre sobre tus beneficios. Si pretende cobrar antes de que tú ganes nada, malo.

Dicho esto, la cuestión que se plantea es: ¿cómo busco un agente literario? La respuesta puede parecer fácil, pues en internet tenemos un buen número de páginas en las que aparecen listados de los agentes literarios que operan en nuestro país (para muestra un botón: http://www.fuentetajaliteraria.com/recursos/sub_recursos.php?categoria=13) Dado que lo normal es que no tengamos ni idea de cuáles de ellos son los más adecuados, lo más fácil parece ser mirar en blogs o noticias en internet para seleccionar una lista de los agentes a los que nos gustaría enviar nuestro manuscrito. En este punto deberíamos hacer lo mismo que con las editoriales (comprobar forma de contacto, escribir una carta de presentación, adjuntarla junto con el manuscrito o una parte del mismo, etc...)

Sin embargo, en cuanto a agentes literarios se trata me he topado con un problema con el que no había contado. Muchos ya no aceptan manuscritos.

Suena raro, dado que viven de eso, pero parece que la mayoría de los agentes literarios que actualmente operan en España están colapsados de trabajo o representan ya a todos los autores que tienen capacidad de atender.

De la lista de agentes literarios los siguientes no reciben manuscritos por el momento (al menos eso me dijeron hace más o menos un mes) o resultan imposibles de localizar: Claudia Bernaldo de Quirós, Ángeles Martín, ACER, MB, Silvia Bastos, AMV, Bookbank, Schavelzon, Kerrigan Miró, Pontas, Mercedes Casanovas, RDC, Fons y Rodríguez, Virginia López Ballesteros

La agencia IMC y Sandra Bruna aceptan manuscritos, pero tras un informe previo que supone un coste (unos 100 euros si no recuerdo mal) Por lo que comentan en su web o por correo electrónico, realizan un informe del manuscrito que te envían, con recomendaciones, análisis del texto y sugerencias de mejora. Tal vez sea una buena idea para alguien que acaba de comenzar y que aún no ha podido contrastar la calidad de su trabajo, pero a mí me da un poco de escrúpulo comenzar una relación con un agente pasando por caja.

Margarita Perelló afirma aceptar propuestas pero, dado que está sola en su trabajo, tiene muy poco tiempo para evaluarlas, lo que conlleva que cualquier manuscrito que se le envíe tardará en ser respondido.

Del resto de agentes literarios que figuran en la lista sólo he contactado con la agencia de Carmen Balcells, que aún recibe propuestas, dando unos dos meses de plazo para contestar.

En vista del panorama, el problema comienza a ser no ya que nuestro manuscrito disponga de la calidad necesaria, o que resulte comercialmente rentable, sino que alguno de los agentes literarios tenga un hueco para leerse nuestra propuesta y decida representarnos. Por tanto, el primer consejo que os puedo dar es que, antes de enviar vuestros manuscritos, contactéis con los agentes por teléfono o mail para comprobar si aceptan nuevas propuestas. En el caso de que aún lo hagan os indicarán el procedimiento a seguir.

Resulta bastante descorazonador, pero es lo que hay...

Un saludo

martes, 15 de junio de 2010

Cómo publicar una novela II

Hola a todos.

Siguiendo con el tema del último comentario, hoy toca hablar de las editoriales.

Una vez que tenemos nuestro manuscrito terminado, una de las opciones más obvias para intentar publicarlo consiste en enviarlo a una o varias editoriales directamente, con la esperanza de que se lo lean, les guste y quieran contratarlo.

Ese es el camino que seguí con mi primera novela y, afortunadamente, logré encontrar una editorial que se interesara. Sin embargo, una vez dicho esto, reconozco que es, probablemente, el camino más complicado para un escritor novato.

En cualquier caso, lo primero que debemos hacer si queremos seguir esta senda es elegir las editoriales a las que enviar la novela. Hay cientos de editoriales de todo tipo en nuestro país, pero no es buena idea disparar a todo lo que se mueve, pues muchas editoriales están especializadas, por lo que enviarles una novela cuando, por ejemplo, sólo se dedican al ensayo, no servirá mas que para perder el tiempo.

Una buena idea es pasarse por la Casa del Libro, la FNAC, el Corte Inglés o cualquier librería cercana y observar las editoriales que publican novelas de temática similar a la nuestra (novela histórica, policíaca, romántica....) Ese simple ejercicio nos proporcionará fácilmente una docena de editoriales conocidas en las que nuestra obra podría tener cabida (calidad literaria aparte)

Este sistema tiene una pega, consistente en que la mayoría de las editoriales cuyos libros podemos encontrar en los estantes de novedades de una librería son lo que podríamos denominar 'grandes'. Precisamente, mi impresión es que estas son las editoriales que menos posibilidades proporcionan a los manuscritos que les llegan por correo. Por ello, otra opción es centrarse en editoriales más pequeñas y con menos nombre. Sin embargo, eso suele conllevar, caso de que una de ellas se decida a publicar nuestro libro, menos posibilidades de llegar al gran público. Uno tiene que valorar ambas opciones. En cualquier caso no son excluyentes, y nuestra lista de editoriales puede contener ambos tipos.

El siguiente paso es, con esa lista, adentrarse en la web de cada una de las editoriales. Muchas de ellas disponen de un procedimiento para el envío de manuscritos, ya sea por web o mediante el envío del manuscrito físicamente por correo. En otras no hay nada al respecto, pero siempre disponen de un mail o teléfono de contacto con el que podemos indagar en la editorial si aceptan el envío de manuscritos. Con un poco de paciencia, pronto tendremos una lista de direcciones a las que enviar nuestra primera novela.

Una vez completa la lista el último paso consiste en enviar el manuscrito a todas esas editoriales. En todos los casos, siempre es necesario enviar una carta de presentación adjunta en la que se explica brevemente el interés de publicar la novela, se adjunta una corta sinopsis sobre el libro y se añade información sobre la actividad literaria del autor. No os olvidéis de añadir información de contacto. Yo suelo incluirla en la portada, de forma que con el propio manuscrito la editorial siempre disponga de la posibilidad de contactar conmigo.

Hecho esto, sólo resta esperar.

Algunas editoriales (muy pocas) envían una respuesta acusando recibo del manuscrito, pero lo normal es que sepamos que ha llegado correctamente porque el paquete, o el e-mail no nos llega de vuelta. Una vez en manos de la editorial, lo lógico es que tarden entre dos y seis meses en contestar, si es que contestan, claro, por que la mitad (más o menos) de las editoriales ni siquiera contestan al envío. En esto, como en todo, las hay formales y las hay... bueno, no tan formales. Hay excepciones, pero si en seis o siete meses no tenéis noticias podéis considerar el silencio administrativo como una negativa.

Mi impresión es que, de todos los manuscritos que llegan a las editoriales muchos quedan sin leer. Por ello, una negativa por parte de una editorial (o de diez) no debe desanimaros. Lo primero que debéis tener cuando os dedicáis a la escritura es paciencia, y lo segundo tenacidad. Así que si una editorial os dice que no buscad otra, ellos se lo pierden, ya llorarán cuando os convirtáis en número uno de ventas.

En el caso de que, felizmente, os llamen, una de las cuestiones que en seguida os vendrá a la cabeza es: ¿Querrán publicar la novela con el nombre de otro?

Todo el mundo habla de los famosos 'negros' del mundo literario, y se especula con que tal o cual autor no sería capaz de escribir tan deprisa. Cada uno es muy libre de aceptar un trato así si se lo ofrecen (a mí nadie me habló del tema) pero si queréis mi opinión, salvo necesidad urgente de dinero yo no aceptaría. Como dicen en el anuncio, hay cosas que no tienen precio, y la ilusión de ver tu nombre en la portada de un libro es una de ellas.

Y eso es todo por ahora.

Un saludo

miércoles, 9 de junio de 2010

Cómo publicar una novela

Hola a todos.

Dado que tengo un poco abandonado este blog, me he planteado que debería dedicarle algo más de tiempo, así que, como primera medida para revivirlo, he pensado incluir unos comentarios sobre el proceso de publicar, sobre la forma de pasar de una novela en el papel a verla en una librería.

Cuando uno comienza a escribir lo hace llevado por algún tipo de impulso personal. Ese impulso, finalmente, se concreta en una novela, un ensayo, poesía, un guión de cine... Sea cual sea el resultado, antes o después surgirá el gusanillo de la publicación. A veces son los familiares o amigos los que te impulsan a ello después de leerse tu libro. En otros casos es un sentimiento propio, una forma de comprobar si lo que hemos escrito es realmente bueno, lo suficiente como para pasar el filtro de un profesional y entrar en el mercado. En cualquier caso, eso nos llevará a la pregunta inevitable: ¿cómo se publica una novela?

Me centraré en el proceso de publicación de novelas, dado que ya he pasado por esa experiencia. Supongo que para publicar un ensayo o un libro de poesías el proceso será similar.

En fin, vayamos paso a paso:

- En primer lugar, lo primero es registrar la novela. La verdad es que nunca he tenido la impresión de que nadie quisiera robarme mis obras, pero nunca está de más hacer las cosas bien. Registrar una obra es bastante sencillo, basta con llevar un ejemplar impreso y encuadernado (con espiral o canutillo vale, no hace falta ponerle tapas duras) a la oficina del registro de la propiedad más cercano, junto con una fotocopia del DNI. En Madrid se encuentra en la Plaza del Descubridor Diego de Ordás número 3.
Una vez presentado el manuscrito se pagan las tasas (unos 12 euros) y ya está. El registro te entrega un recibo con la fecha de entrada y, meses más tarde, te envía una notificación a casa en la que te indica que tu novela ha quedado registrada. Respecto al trámite en sí es bastante fácil, lo hacen todo los administrativos que te atienden y apenas hay cola, lo único que hay que hacer es firmar el ejemplar en la primera y la última hoja. Tan sólo me indicaron que se complicaba en el caso de poner imágenes, por lo que cuando yo llevé mi novela lo hice sin el plano de Constantinopla que se adjunta en la misma.

- Una vez has presentado el manuscrito en el registro (no hace falta esperar la contestación por carta) comienza la parte difícil, publicar. Las opciones que se presentan son variadas, pero las resumiremos en tres:
1) Buscar directamente una editorial que se interese en el libro
2) Buscar un agente literario
3) Autopublicación

Y, como decían en un,dos,tres hasta aquí puedo leer. En próximos post las iré desgranando una por una, y terminaré con el propio manuscrito, con unos consejillos para tratar de pulirlo antes de presentarlo al mundo. ¡Estad atentos!

Un saludo a todos.

domingo, 18 de abril de 2010

Publicación de nueva novela

Hola a todos

¡Por fin! La semana pasada firmé el contrato de mi nueva novela. Si no hay cambio de planes, a partir de noviembre podréis encontrar mi segunda novela histórica en las librerías.

El título de Nueva Roma parece que se ha caído y, finalmente, el que tiene más posibilidades es 'Santa Sofía, el sueño de Justiniano'

Estoy muy ilusionado con esta nueva publicación y estoy seguro de que va a ir fenomenal. Así que, ya sabéis, estas Navidades en cuanto la tengáis en vuestras manos espero que pongáis una entrada en el blog para comentarme qué os ha parecido.

Como avance os pongo aquí la sinopsis que he preparado (está pendiente de revisión, pero creo que la del libro será muy parecida)

Año 532. En el corazón de Constantinopla se alza la iglesia de la divina sabiduría, Santa Sofía. Centro del culto cristiano del imperio, el majestuoso edificio es el orgullo de sus habitantes. Sin embargo, el emperador Justiniano, obsesionado con la idea de recuperar la antigua gloria del imperio romano, forja un secreto pacto con Dios, por el que se le concederá un heredero si construye la mayor basílica jamás concebida en la historia de la humanidad. Pero cumplir con su juramento implica que Justiniano debe destruir la iglesia más querida por los romanos. Para ello, el emperador provoca secretamente una revuelta en la ciudad, una insurrección que le permita destruir la antigua basílica sin que nadie pueda relacionarle con semejante sacrilegio.
En la revuelta se ve implicado Héctor, un antiguo profesor de la Academia ateniense, que malvive como peón junto a Penélope, su mujer. Marginado por la clase alta de la sociedad debido a su pasado pagano, Héctor se convertirá de forma accidental en uno de los líderes de la revuelta. Aprovechando la incendiaria actitud del pueblo, Héctor se unirá a patricios y senadores en una dramática conjura para derribar al emperador. A medida que la espiral de violencia se extiende por Constantinopla, Justiniano observa como la revuelta se le escapa de las manos, poniendo en peligro su trono e, incluso, su propia vida.

Un saludo