lunes, 27 de septiembre de 2010

¿Cuánto cuestan los ebooks?

Hola a todos,

El otro día estuve en casa de unos amigos y uno de ellos se acababa de comprar un lector de libros, el de Amazon para más señas. Me pareció bastante ligero y con una calidad en la pantalla bastante aceptable. Para gente que lee mucho en el metro, como yo mismo, me parece muy práctico. El problema está en el precio, unos 200 euros por lo que me dijeron. Aún es demasiado caro.

sin embargo, lo que me vino a la mente fue otra cosa, fue un artículo que leí sobre el precio de los futuros e-books. En dicho artículo (lo siento, no he encontrado el enlace) se comentaba que los precios previstos para el mercado de libros en formato digital rondaban entre los 9,99 y los 15 euros.




A primera vista me pareció una barbaridad. Sin embargo, antes de pronunciarme categóricamente se me ocurrió echar unos números para ver si realmente ese precio es tan elevado como parece.

Partiendo del hecho de que se seguirá necesitando una editorial, por el valor añadido que presenta para separar el grano literario de la paja que entrañan los millones de libros que pululan por internet, es evidente que el precio del libro debería incluir las siguientes partes:
- Pago al autor - esto es imprescindible, :) -
- Cubrir los gastos de la editorial (editor, maquetador de la portada, revisiones del texto, galeradas, conversión del manuscrito a pdf y distribución)
- Beneficios de la editorial (no trabajan por amor al arte)
- Gastos derivados de la venta
- Beneficios del distribuidor
- Impuestos (Haciendo somos todos, o eso dicen...)

Inicialmente comencé por calcular cada una de ellas por separado, aplicando coeficientes y ponderando posibles errores, pero no tengo suficientes conocimientos del mercado como para evaluar todos los factores, por lo que se me ocurrió hacerlo más sencillo.

Lo primero, el autor. Pongamos que cobre 1,5 euros por libro vendido.
La editorial: Supongamos que, considerando todos los que intervienen en un libro (lectores, editores, maquetadores, correctores, comerciales...) el esfuerzo invertido en una novela implica tres meses de trabajo a tiempo completo de una persona, unas 520 horas de trabajo efectivo. Considerando una media de coste de 20 euros por hora (Sale un coste de 35.000 euros por trabajador) implica 10.400 euros.

Si las ventas esperadas son 3.000 ejemplares, el precio del libro se ve incrementado en 3,5 euros para satisfacer los costes editoriales y el beneficio, así que llevamos 5 euros.

Distribución. Aquí está la gran ventaja del libro electrónico. El coste es cero. No hace falta imprimir ejemplares, ni almacenarlos, ni distribuirlos físicamente. Tan sólo se necesita una base de datos y un ordenador normalito. Sobre todo, la inversión inicial para hacer una tirada de libros se reduce a prácticamente cero.

Venta. Igualmente, las ventajas son excepcionales. No necesitamos un vendedor, las transacciones se tramitan automáticamente desde la web. No necesitamos una tienda física para vender, ni stock, ni alquilar un local. Basta con una aplicación web y un administrador. El coste por libro vendido es despreciable, por lo que podríamos considerar 0,2 euros, y tirando por lo alto. Si ponemos otros 1,8 de beneficio para el vendedor tenemos un precio final por cada libro de 7 euros, bastante alejado de los 10-15 que se planteaban en el artículo.

El precio aún podría bajar más si los márgenes de beneficio se ajustan - pero no los del autor ¡eh! :( - o si es la propia editorial la que efectúa la venta a través de su página web, algo que varias editoriales ya hacen. Es decir, que un precio adecuado para la venta de un libro en formato electrónico rondaría entre los 5 y los 7 euros, dejando un margen importante de beneficios tanto a autores, como a editoriales o tiendas de venta por internet.

Sé que estos números están hechos a ojo pero no debo andar muy desencaminado, sobre todo cuando vemos libros de bolsillo en la estantería de las tiendas a precios que van desde los 7 a los 10 euros. Es cierto que en estos libros la editorial ya no repercute apenas costes (se suponen amortizados con la edición en tapa dura) y que el autor apenas se lleva 0,5 euros por ejemplar pero, por el contrario, incurren en gastos de impresión, almacenaje, distrubución, espacio en tienda, vendedores...

Esos son mis números. Creo que 5-7 euros por ejemplar de libro electrónico es más que suficiente, y es lo bastante bajo como para desanimar a los piratas (a la mayoría, no a todos) Aunque tal vez, como informático, tiendo a no ser parcial. Lo cierto es que cuando alguien me dice que un fichero en la red cuesta lo mismo o más que un libro físico tengo la impresión de que algo no cuadra.

Un saludo

sábado, 18 de septiembre de 2010

¿Es rentable publicar una novela histórica?

Hola a todos,

En la entrada de esta semana voy a variar un poco de tercio, dejando de lado las curiosidades sobre Bizancio para volver al tema de la publicación.

Una de las cosas que me planteé tras publicar mi primera novela es si el esfuerzo había valido la pena, materialmente hablando. Es decir, si realmente sale rentable el tiempo que se dedica a escribir desde un punto de vista meramente económico, al menos comparándolo con otras actividades más habituales.

Todos los que dedicamos parte de nuestro tiempo a la escritura lo hacemos por aficción, por llenar algún tipo de necesidad personal o porque simplemente nos gusta. Llegados a este punto, en el que, por así decirlo, descubrimos nuestra verdadera vocación, todos (al menos yo) nos hemos planteado si es posible vivir de la escritura.

Así que se me ha ocurrido dejar aquí unos números con los que evaluar la eficacia monetaria de una novela, para lo que partiremos de las siguientes hipótesis:

- Consideraremos que una novela histórica tipo tiene entre 300 y 500 páginas, por lo que pensaremos en una media de 400.

- Consideraremos que el ritmo de escritura es de una página por hora, a lo que hay que sumar un 100% del tiempo total de la novela para labores de correción, relectura, revisión de galeradas, trato con la editorial, promoción del libro, marketing, etc. Esto nos lleva a establecer que una novela normal de 400 páginas supone un trabajo equivalente a 800 horas.

- En las novelas de tipo histórico hay que añadir el tiempo necesario para documentarse. Suponiendo que sea preciso leer alrededor de 30 libros de documentación, y partes o capítulos de otros tantos (pongamos una media de 40 libros leídos para hacer la novela) Eso implica unas 600 horas más a añadir para la creación de la novela. Todo ello considerando que podamos recoger los datos de un libro para documentación en 15 horas.

- Igualmente, una novela supone un gasto, ya sea en libros para documentarse (300 euros) como en envío de manuscritos por correo, tras haberlos impreso y encuadernado (100 euros por cada 8 novelas impresas) Total 400 euros.

- Supongamos que el precio de la novela es de 20 euros (sin IVA), y que nosotros nos llevamos por contrato el 10% del precio sin IVA.

En definitiva, una novela histórica exige unas 1400 horas de trabajo (supongamos que repartidas a lo largo de dos años) y 400 euros de gasto.

Dado que es una primera novela, el escritor novel está trabajando en otra ocupación con la que ganarse el sustento. Esa ocupación le proporciona el salario medio en España (25.000 euros)

Llegados a este punto, ¿es rentable escribir?

Si nuestro escitor hubiera dedicado esas 1400 horas de trabajo a hacer horas extra en su empresa hubiera cobrado lo siguiente:

El precio por hora extra sale de dividir el sueldo por el número de horas de trabajo anual (pongamos 1770) y multiplicarlo por 1,75 (la hora extra es un 75% más cara que la normal) lo que implica un coste por hora extra de 24,72 euros en nuestro caso.

1400 horas x 24,72 = 34.608 euros

Esto es lo que hubiéramos ganado caso de dedicar esas horas de trabajo a hacer horas extra en la empresa. Ahora veremos lo que renta la novela.

Dado que nos llevamos 2 euros por novela vendida, eso significa que necesitamos vender 17.304 novelas para que salga rentable escribir.

Para que os hagáis una idea, vender 10.000 libros ya se considera un éxito de ventas, y la tirada media ronda los 3000 ejemplares, por lo que vender cerca de veinte mil libros es un logro casi inalcanzable para un autor novel.

Unas ventas más acordes con la realidad podrían ser 8000 ejemplares, 4000 en España a 2 euros y 4000 en el extranjero (Latinoamérica) a 1,5 euros. Totalizando unos ingresos brutos por novela de 14.000 euros.

Por ello, parece que escribir no es una actividad rentable (al menos como actividad extra) por lo que, salvo pelotazos tipo Catedral del Mar, sólo queda la opción de pluriemplearse, ya sea escribiendo para un diario o como tertuliano en un programa de radio.

En definitiva, que creo que me queda aún una larga travesía por el desierto antes de lograr que las letras me mantengan.

Un saludo

lunes, 13 de septiembre de 2010

Monedas, pesos y medidas en Bizancio

Hola a todos,

Como complemento de la entrada anterior, aquí detallo alguna de las equivalencias en el sistema monetario y varios datos sobre pesos y medidas.

MONEDA

La moneda principal era el sólido de oro, de unos 4,5 gramos de peso. De una libra romana (unos 357 gramos) se extraían 72 monedas.

Existían otras dos monedas comunes de oro, el semises (de la mitad de peso y valor que el sólido) y el tremises (la tercera parte del peso y del valor)

La plata se acuñaba en dos tipos de monedas, el miliarense, de 4 gramos y una equivalencia de 12 por cada sólido de oro, y el siliqua, de 2 gramos, la más común de las monedas de plata y con una equivalencia de 24 siliqua por cada sólido de oro.

Relacionados con la equivalencia de los sólidos con la plata, hay que destacar que en tiempos de Justiniano también se fabricaron sólidos ligeros de oro, equivalentes a 20 y 21 siliqua de plata de valor. Se cree que eran utilizados para la exportación.

En cuanto a monedas de cobre, la más usada era el follis, que disponía de diversos tipos y tamaños aunque en general era bastante grande, con un diámetro que variaba entre los 23 y los 37 milímetros según la acuñación. Al comienzo del reinado de Justiniano el cambio era de 210 follis por cada sólido de oro, aunque él lo redujo a 180 follis por sólido.

La moneda de menor valor de todo el sistema era el nummus. 40 de ellos equivalían a un follis.

Entre el follis y el nummus existían multitud de monedas de diversos valores, desde el medio follis hasta las monedas de 33, 16, 12, 10, 5, 3 ó 2 nummi.

Por último, para cantidades grandes se utilizaba el centenario que equivalía a cien libras romanas de oro. Por tanto, un centenario de oro eran 7200 sólidos de oro, suficiente para mantener a 12 familias durante cincuenta años.

MEDIDAS

La medida básica de volumen era el modio, equivalente a unos 8 litros, eran unas 26,6 libras romanas (unos 8,7 Kg), pero al ser unidad de volumen y no de peso, cualquier equivalencia es complicada.

Un medimno eran 6 modios, aproximadamente 48 litros de capacidad.

La artaba eran 3,3 modios, por lo que en peso equivalía a unos 28,7 Kg actuales.

El ounkiai eran unos 27 gramos.

Un litra eran unos 327 gramos.

Un orgiya medía 2,1 metros, se dividía en 9 spithamai (23,3 cm), o 108 daktyloi (1,95 cm). Daba nombre también al bastón de esa medida con el que se realizaban las mediciones.

Aunque no era propiamente una medida, el schoinion su utilizaba para medir en las construcciones. Era una gruesa cuerda hecha de cáñamo que medía 10 orgyiai.

El pie bizantino medía 31,23 cm.

Un pie se dividía en 16 daktyloi.

El codo era la medida básica en la época de Justiniano, aunque existían distintas medidas para el codo: codo imperial 0,462 m, codo de construcción 0,75 m, codo comercial 0,64 m

Un estadio era una medida de longitud. Su tamaño varió bastante a lo largo de la antigüedad, desde los 174 metros utilizados en Olimpia hasta menos de 130 en Roma, por lo que resulta complicado dar una medida exacta. Las medidas de Procopio parecen basarse en el estadio de Eratóstenes, equivalente a unos 158 metros.

La superficie de la tierra se media en modios. La medida es algo complicada, pues relacionaban la superficie de la tierra con la cantidad de grano de trigo (en volumen, de ahí los modios) producida. De ese modo, se podría decir que una hectárea de terreno equivalía a 12,5 modios de tierra.

Y eso es todo por hoy.

Un saludo

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Próxima publicación de El esclavo de la Al-Hamra

Hola a todos,

Dentro de las novedades a publicar por Ediciones B el próximo mes, se encuentra la novela de un compañero en la aficción por la escritura, Blas Malo Poyatos: EL ESCLAVO DE LA AL-HAMRĀ

A través de su blog http://lenegaron27.blogspot.com/ he podido ver la portada del libro y leer la sinopsis, y parece que promete, así que aquí dejo ambas, en espera de poder ser de los primeros en leerla.

Un saludo a todos



Sinopsis:

¡Al-Ándalus! En Madinat Garnata, año 748 de la Hégira, un solo hombre soporta sobre su espalda todo el destino del último reino musulmán en Occidente. Ibn Zamrak, visir de Muhammad V, lucha de sol a sol por mantener el frágil equilibrio de alianzas del reino nazarí con los reinos cristianos al Norte y el reino de los meriníes al Sur, mientras en sus largas noches de insomnio medita los versos que embellecerán las paredes del nuevo palacio de la Al-Hamrā.

Pero las sombras de su pasado son alargadas y sus enemigos numerosos. Las manos y el alma del visir están manchadas de sangre y las arenas del desierto al otro lado del mar guardan el único secreto que puede destruirle.

A muchas millas de allí, en las canteras de Al-Mariyyat, en las frías mazmorras de Qalat Yahsūb y en el harén de los señores meriníes de Fez, Ahmed, Abdel y Aixa, víctimas del visir, indagarán ese secreto, en el que su familia se vio involucrada muchos años atrás, y buscarán su venganza contra Ibn Zamrak, político, visir, poeta y conspirador, el hombre cuya poesía, como su ambición, no conoció límites.

Sueldos y coste de la vida en Bizancio

Hola a todos,

Continuando con las curiosidades sobre la época bizantina en la que se desarrolla mi próxima novela, hoy he pensado incluir una pequeña entrada sobre los sueldos que cobraban los bizantinos, así como sobre lo que costaban las cosas en aquella época.

SUELDOS

El sueldo medio de un campesino o de una persona de bajo nivel era de un sólido de oro al mes. Por el contrario, un albañil especializado llegaba a cobrar un sólido de oro por semana.

Un soldado cobraba unos 20 sólidos de oro al año, el doble en el caso de los excubitores de la guardia. En el grado más bajo del escalafón, un remero o un guardia de fronteras cobraban 5 sólidos de oro al año.

Un capsarius, el ayudante de los vestuarios en unas termas, cobraba unos 3 sólidos de oro al año, lo que hace pensar en que se trataba de un trabajo a media jornada, pues con ese sueldo se estaría muy por debajo de lo necesario para mantenerse.

En cualquier caso, los sueldos no sólo eran pagados en moneda, también en especie, en trigo. Como ejemplo, los sueldos de los integrantes de un hospital eran los siguientes:
Médico: 8 sólidos y 45 modios de trigo
Médico asistente: 5 sólidos y 24 modios de trigo
Sirviente: 10 sólidos
Farmacéutico: 7 sólidos y 24 modios de trigo
Cocinero: 7 sólidos y 24 modios de trigo
Lavandera: 2 sólidos y 24 modios de trigo
Xenodochos (Jefe administrativo del hospital): 12,5 sólidos
Asistente de administración: 11 sólidos

COSTE DE LA VIDA

Como regla general, se podía alimentar a un trabajador medio con un coste de unos 5 sólidos de oro al año.

Una capa costaba unos 50 follis, mientras que una buena dalmática podía salir por 10 sólidos de oro.

Un buey costaba 4 sólidos de oro.

Un esclavo de menos de 10 años costaba 10 sólidos de oro, un adulto sin especialización 20, un escriba 50 y un médico 60

Una prostituta barata cobraba 2 follis por servicio

Los panaderos compraban el trigo al almacén imperial en lotes de 1 sólido de oro. A eso le podían sumar en el precio de venta 5 siliqua de plata a la hora de venderlo, 4 eran para pagar los empleados, los hornos y los animales, y 1 era el beneficio del panadero (es decir, su beneficio era del 4% sobre la inversión)

El valor de la tierra no era como actualmente, función de la productividad, sino que influían las relaciones familiares (la tierra de una familia de prestigio valía más que la de un pobre, pese a tener la misma fertilidad) Como norma general se podría decir que un modio de buena tierra costaba un sólido de oro, lo mismo 2-3 modios de tierra media o 5-10 de mala. Igualmente, un modio de viñedos costaba 6 sólidos de oro. Cada olivo costaba un sólido de oro si incluía la tierra anexa, en caso contrario sólo costaba un tercio de sólido.

Las tasas o impuestos eran dispares. Se basaban en estos factores, colocados por orden de importancia: número de bueyes, el tamaño de la familia, el ganado en general y la tierra. Sin embargo, la conexión no era directa y variaba de un pueblo a otro, así que, básicamente, el estado cobraba lo que le daba la gana.
Tampoco tenía relación el precio de una tierra con su tamaño o con las tasas que se cobraban sobre ella. A veces, propiedades pequeñas tenían tasas más altas que otras más grandes y su precio variaba mucho: Algunos ejemplos de coste de tierra con olivos extraídos de varias fuentes en sólidos de oro son:

Nº de árboles Precio Impuestos
24 olivos 7 1
18 olivos 5 1
14 olivos 13 0,5
44 olivos 43 1,33

Como última curiosidad, añadir que el presupuesto anual del estado bizantino en tiempos de Justiniano rondaba los 10-12 millones de sólidos de oro.

Ahora que veo los términos en los que he escrito esta entrada, creo que la semana que viene introduciré una nueva entrada sobre monedas, pesos y medidas.

Un saludo a todos.

lunes, 30 de agosto de 2010

La construcción en Bizancio II

Hola a todos,

Esta semana continuamos con los métodos constructivos bizantinos que, pese a su neta herencia romana, dispuso de un desarrollo propio.

MUROS

El muro se construía con un núcleo de hormigón recubierto con paramentos de sillería, cuyas piedras no están ancladas entre sí. El mortero sustituye a los hierros soldados con plomo utilizados en occidente. En ocasiones se sustituye el mortero entre las piedras por una lechada de cal (como en Santa Sofía)
Cada hilada, además de los sillares, presenta perpiaños. Las hiladas de ladrillo intercaladas en los sillares permitían una mejor unión entre el paramento y el relleno, con los ladrillos haciendo el papel de perpiaños.
El lecho de mortero que se ponía entre los ladrillos era casi tan ancho como el propio ladrillo, aunque en el caso de las hiladas de piedra era menor.
Se ponían vigas de madera unidas entre sí para reforzar el muro mientras el mortero estaba aún fraguando. Cuando el mortero estaba duro pero aún no asentado del todo podía soportar el peso, pero corría el riesgo de deformarse, con lo que aumentaba la posibilidad de que la estructura se derrumbara. Las vigas de madera permitían que se endureciera. Cuando la madera se deterioraba el mortero ya estaba bien y podían ser retiradas.



Para la realización de los muros se usaban andamios que se levantaban anexos a la pared. Se hacía un agujero en el muro por donde se pasaba una viga que sobresalía por ambos extremos. Dos vigas a cada lado permitían poner un andamio sobre el que trabajaban los obreros. A medida que se ascendía se ponían más andamios. Luego, una vez que la estructura estaba finalizada y los decoradores comenzaban su trabajo, lo hacían de arriba hacia abajo, y a medida que terminaban se rellenaban los agujeros y se quitaban los andamios.




COLUMNAS

Los capiteles de las columnas eran bloques de mármol que se tallaban para formar la transición entre la columna redonda y el cuadrado superior.
A los capiteles se les daba primero la forma, tallándolos cuadrados por arriba y circulares por abajo. Luego se dibujaba una línea vertical en el medio del capitel por los cuatro lados y se rebajaban 2 dedos las zonas intermedias entre el centro y las esquinas.
Las columnas de Santa Sofía no tenían ábaco, tan sólo el capitel, pues el contacto con el arranque superior se hacía por medio de cuadrados perfectos, y no de cuadrado con rectángulo, que implica la necesidad del ábaco como transición.
Los fustes solían ser monolíticos, tallados en caliza compacta, aunque en Santa Sofía las columnas eran de mármol, el cual tendía a fisurarse por las vetas blandas, llegando algunas a desintegrarse según Procopio.
Para prevenir estas fisuras longitudinales se recurría a anillos metálicos que zunchaban (rodeaban, aprisionaban) los fustes en la cabeza y en el pie.
Además, para mayor garantía, se asentaban las columnas sobre lechos realizados con un material plástico para conseguir un reparto más uniforme de las cargas. Se usaban láminas de plomo, por lo que los tambores se colocan sobre hojas de plomo de 1 mm de espesor. El problema de esta lámina de plomo es el desbordamiento debido a la tensión en el perímetro del lecho. Para evitarlo se aprovecha el zunchado. Al rodearse por la junta el plomo queda confinado y no puede aplastarse ni extenderse.
Las columnas se elevaban a su sitio mediante cuerdas y poleas, primero la base, luego el fuste y por último el capitel.


CÚPULAS

Para hacer la cúpula se ponía un mástil en el centro hasta la altura de los muros. De la punta del mástil se tienden dos cuerdas, una que coincida con la curvatura interior de la cúpula y otra con la curvatura exterior, así se tiene la forma de la cúpula y su espesor. Se van colocando filas enteras de ladrillos alrededor de toda la cúpula de una en una, por lo que sólo se necesita andamiaje para cerrar el hueco central.
Las cúpulas de ladrillo se hacían por medio de lechos cónicos, en forma de coronas sucesivas, de ese modo podían realizarse sin cimbras. Los ladrillos de cada hilada se colocaban sobre una capa de mortero que los unía a los de la hilada precedente. Una vez terminada, cada hilada se comportaba como un tronco de cono con el vértice apuntando hacia abajo, por lo que no puede deformarse ni descender y sirve de apoyo para la siguiente.
Los vértices de los conos no tienden al punto central de la esfera, sino a un punto superior, pues a medida que la cúpula se va formando las hiladas deberían hacerse cada vez más verticales. Para determinar la inclinación de los lechos se lleva una cuerda o cintrel desde el lecho hasta la base de la cúpula en el otro extremo de la bóveda. El punto en el que corta el eje central es el vértice del cono.
Para cerrar la bóveda en la clave llega un momento que el ángulo es excesivo para que los ladrillos agarren por lo que en ese punto no se continúa aumentando el ángulo sino que se mantiene constante hasta cerrar la cúpula.
Finalmente, las cúpulas se embeben en la base dentro de un muro perimetral de fábrica que la ciñe hasta la altura de los riñones y se empalma con el trasdós mediante una contracurva. Es en este muro donde en Santa Sofía se abren las ventanas o huecos de iluminación, de forma que parece reducido a una serie de contrafuertes discontinuos.
La cúpula de Santa Sofía es nervada. El intradós se divide en 40 husos por otras tantas nervaduras meridianas salientes que convergen en la clave y dan solidez a la fábrica sin aumentar el peso notablemente. Se construyeron al mismo tiempo que los paños de relleno y se ligan al resto de la bóveda por la continuidad de las mismas hiladas cónicas. Su función es rigidizar y volver menos deformable la delgada cáscara de la cúpula.


Y esto es todo por ahora, la próxima semana variaré el tema. Para quien se quede con ganas de más le remito a la reseña bibliográfica de hace unas semanas y, sobre todo, al libro de Auguste Choisy 'El arte de construir en Bizancio'

Un saludo a todos

martes, 24 de agosto de 2010

La construcción en Bizancio

Hola a todos,

continuando con esos apuntes que no he utilizado para la novela, aquí os dejo unas pinceladas sobre los materiales de construcción usados por los bizantinos.


LADRILLOS

El ladrillo era el material constructivo bizantino por antonomasia. Pese a que también utilizaban piedra, mármol, cemento, etc. La mayor parte de sus construcciones eran de ladrillo.
Para fabricar los ladrillos se recogía la arcilla en una cantera, después se colocaba en un hoyo poco profundo y se mezclaba con agua con un azadón o con los pies. Luego se dejaba que la arcilla se asentara durante un tiempo, desde una noche a toda una semana. La masa de arcilla se transportaba entonces en cestas a un suelo de arena donde se llenaba con ella los moldes, hechos de madera o metal (probablemente lo primero). Se trabajaba en equipo, uno traía la arcilla y otro daba forma a los ladrillos en los moldes. Se podían hacer 4000 ladrillos diarios por persona. Los ladrillos se dejaban secar unos días y luego se cocían.

Los hornos de cocción de ladrillos eran redondos con chimenea cónica y tenían dos pisos, por lo que se ponían en las laderas de las colinas por facilidad de carga y aislamiento. En el piso de abajo ardía el fuego de leña o carbón, mientras que en el de arriba se apilaban los ladrillos. Se abrían hendiduras entre ambos pisos para dejar pasar mejor el calor y el humo. El fuego tenía que durar unas 12 horas sin descanso para que el ladrillo cociera bien, luego se dejaba enfriar el horno durante una semana antes de sacar los ladrillos.
El proceso de llenado, vaciado y horneado duraba en total unas dos o tres semanas. Un horno medio tenía unos 4,2 metros de diámetro, en el que se apilaban ladrillos hasta en pilas de 10, con lo que cabían unos 5000 por hornada. Eso implica que si hacían unas 10 tandas por temporada podrían fabricar unos 50.000 ladrillos por horno.
Como ejemplo, una iglesia mediana necesitaba alrededor de 1.000.000 de ladrillos, y si tenemos en cuenta los que se rompen o se cuecen mal, harían falta unos 1.200.000, por lo que se necesitan unos 10 hornos funcionando durante 2 temporadas para hacer los ladrillos necesarios.

Normalmente, los bizantinos intercalaban hiladas de ladrillo en el hormigón para dar al macizo una ligazón transversal firme. Se ponían normalmente 5 hiladas de ladrillo cada 2-3 metros de hormigón. Entre los ladrillos se ponía un lecho de mortero del mismo espesor que el propio ladrillo. A estas hiladas se les llamaba verdugadas. Los ladrillos no tenían las superficies pulidas sino irregulares, y a veces con marcas de huellas de dedos. Eso hacía que se adhirieran mejor al mortero.

Los ladrillos se marcaban con el sello del fabricante hasta el siglo VII, luego raramente hasta desaparecer en torno al siglo XI. Sin embargo, se han encontrado pocas marcas en general fuera de Constantinopla o Tesalónica. No se marcaban todos, sino una parte, entre el 1 y el 50 % de los ladrillos.


HORMIGÓN-MORTERO-CEMENTO

El hormigón bizantino, herencia del romano, se formaba con ladrillo, grava y mortero.

El primer paso para preparar el hormigón, era realizar el mortero, que se sacaba al quemar la cal en un gran agujero, donde ardía por tres días. Luego se mezclaba con aceite de linaza y hebras de algodón hasta darle la consistencia y maleabilidad necesaria para su uso.
Se preferían cales procedentes de la cocción del mármol para hacer el mortero, pero en Constantinopla se usaban calizas menos puras. Eso hacía que pudieran endurecerse en las fosas de extinción, por lo que para apagarla se la regaba con la cantidad justa de agua para que se convirtiera en polvo. Luego el polvo se echaba en capas de 2 dedos sobre un lecho de arena o teja triturada fabricando el hormigón al amasar directamente la mezcla.

El hormigón de los bizantinos utiliza una alta proporción de una materia rojiza (teja triturada) que proporciona consistencia para los grandes espesores exigidos. Normalmente se mezclaban 7 asbestos de cal por cada 3 de teja o ladrillo triturado.
El mortero se transportaba en cajas cuadradas que se colgaban del hombro con una cuerda, y se aplicaba con una especie de llana triangular de metal. Se subía a través de andamios a mano o por medio de cuerdas.
Tal y como ocurrió en Santa Sofía, cuando el mortero se usaba en grandes cantidades el tiempo de secado era uno de los factores críticos del proceso de construcción pues tardaba semanas en secar y endurecerse correctamente.


TEJAS Y VIDRIOS

Se usaban tejas semicilíndricas y ligeramente cónicas, de unos 35-50 cm de largo y 2 o 3 cm de ancho. Se fabricaban igual que el ladrillo, sólo que había un paso intermedio. Se hacían primero planas con una forma trapezoidal y luego se curvaban sobre un cilindro de madera del tamaño correcto hasta que endurecían antes de hornear.
También se usaban planchas rectangulares de metal para los tejados, sobre todo plomo, por su abundancia y maleabilidad. Se martilleaban las juntas dobladas para unir las piezas. Además se podía adaptar la forma de las planchas a la de las cúpulas.

El vidrio se solía soplar en pequeños trozos circulares (20 cm diámetro), con el borde doblado y en el centro mayor espesor, llamado corona. Se podían hacer de colores y se insertaban en las celosías de las ventanas, pero formaban muy poca superficie del total de la ventana. También se hacían en cuadrado o triángulo, aunque con menor frecuencia.


Y eso es todo por ahora... ¡un saludo a todos!