Hola a todos,
Esta semana he pensado que sería deseable dejar que el tema de la medicina en Bizancio respirara un poco, así que me voy a centrar en otra cosa.
En una entrada anterior comentaba que había adquirido un Kindle, el lector electrónico de Amazon. Ya comenté entonces que estaba encantado con él, pero la cuestión que viene al caso de esta entrada es que, desde que tengo el aparatejo, he leído más novela policíaca que histórica.
Si he de ser sincero, la novela histórica nunca entró entre mis lecturas favoritas hasta que comencé a escribir 'El ocaso de Bizancio', fue a partir de ahí cuando me entró el gusanillo. Anteriormente era la novela negra y la ciencia ficción la que llenaba mis estanterías, así que sólo he recuperado un poco mis anteriores gustos. Y, la razón final de esta entrada, es comentar que me he llevado una buena decepción.
Con todo el bombo que ha tenido la serie de Stieg Larsson, han aflorado novelas policíacas como churros, por lo que he vuelto a picar y me he leído algunos de los 'best sellers' que he encontrado, con el resultado de fiasco tras fiasco.
En primer lugar me leí un libro de Camilla Läckberg, La princesa de hielo. Muchas ediciones y, en mi opinión, un bluff. Sé que soy muy crítico con las novelas, que me revientan los giros que salen de la manga sin ton ni son y los periodistas que investigan y saben más que la policía, al igual que las pistas obvias en las que nadie repara y, de repente, a media novela se convierten en la clave del caso. Primera decepción.
Después seguí con 'Aurora Boreal', de Asa Larson, algo mejor pero, en mi opinión, uno más. Desde luego no es para sacar veinte ediciones. Seguro que si en lugar de apellidarse Larson se hubiera llamado Pérez no hubiese vendido más de 5000
El siguiente en la lista fue El observatorio, de Michael Conelly. Es parte de una serie pero, sin dudarlo, el mejor hasta el momento. No es nada del otro mundo pero al menos dispone de una trama correcta con pasos lógicos que llevan a un desenlace algo forzado pero medianamente razonable.
El cuarto fue 'Sé en lo que estás pensando', que tiene un comienzo prometedor pero luego va perdiendo fuelle y acaba con el típico psicópata de toda la vida. Otro best seller inmerecido (y lo peor es que lo he regalado...)
Y ahora estoy con 'La biblioteca de los muertos'. Buen nombre, portada atractiva, comienzo interesante (asesinatos sin ningún nexo aparente que desconciertan, y te hacen interesarte en descubrir cómo el asesino los ha planificado) y ahí acaba la cosa. Comienza a saltar en el tiempo como un código Da Vinci cualquiera y se saca de la manga un hallazgo 'mágico'. Ahí se acaba la historia, otra decepción.
En definitiva, que después de cinco libros no acabo de encontrar ninguno que me enganche. Empiezo a pensar que el problema lo tengo yo, que me he puesto el listón muy alto.
En fin, creo que volveré al género que no suele decepcionarme, el ensayo.
Un saludo
domingo, 24 de abril de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
La decadencia de la cirugía en Bizancio
Hola a todos,
Continuando con la reseña sobre la medicina en Bizancio, he rebuscado entre los libros que utilicé como documentación para El sueño de Justiniano recordando algo que había leído.
En los siglos IV a VII se dieron varios casos de famosos médicos cuyos compendios quirúrjicos han llegado hasta nosotros. Oribasio, el médico de Juliano, Aecio de Amida, protagonista en mi novela, y Pablo de Egina nos han legado ingentes trabajos en los que detallan hasta 120 tipos de operaciones y el instrumental que se utilizaba en ellas. Gracias a esos tratados sabemos que operaban hernias, tumores, piedras en el riñón e, incluso, masectomías, aunque la mayor parte de los tratamientos invasivos se centraban en la superficie del cuerpo y las áreas en las que se dispone de aberturas naturales para acceder con el instrumental a zonas más profundas, como la nariz y los genitales (para aumentar el dolor al leer esta frase, adjunto una imagen de antiguos instrumentos médicos)
La cuestión es que, a partir del siglo VII desaparecen las descripciones de cirujía de los textos bizantinos. Únicamente se hace referencia a las sangrías. Tan sólo en el siglo IX aparece una mención a 40 operaciones en los textos de León el físico. Sin embargo, no son ni mucho menos tan detalladas como las de sus predecesores siglos antes, se limita a mencionarlas de pasada sin dar explicaciones de cómo se realizaban, e incluso olvida muchas de las operaciones más corrientes del siglo VII como tratamiento para algunas dolencias.
Esto parece indicar una fuerte decadencia de la cirugía a partir del siglo VII. La única prueba en contra de esta teoría, es una extensa lista de instrumentos que data de un códice del siglo IX (Parisinus Latinus 11219) Según algunos autores, la existencia de tan exhaustivo compendio de instrumental indica que todavía seguiría en uso y, por tanto, las operaciones en las que se utilizaba serían aún parte de los tratamientos médicos de siglos posteriores. Por el contrario, hay opiniones que disienten de ésta, pues indican que los instrumentos son bastante generales y pueden ser utilizados para más cosas y, por otro lado, hay que notar que en esa época el prestigio médico había disminuido enormemente en el imperio bizantino, lo que podría ser indicativo de una generalizada pérdida de saberes en la profesión por causas varias. A este respecto, comentar que en siglo VIII Alejandría, el anterior centro de medicina por excelencia, se encontraba ya en manos árabes, lo que, indudablemente, debió influir en la bajada de experiencia de los médicos bizantinos.
En cualquier caso, se trata de un tema en el que se mantienen las especulaciones.
Y eso es todo por hoy.
Un saludo
Continuando con la reseña sobre la medicina en Bizancio, he rebuscado entre los libros que utilicé como documentación para El sueño de Justiniano recordando algo que había leído.
En los siglos IV a VII se dieron varios casos de famosos médicos cuyos compendios quirúrjicos han llegado hasta nosotros. Oribasio, el médico de Juliano, Aecio de Amida, protagonista en mi novela, y Pablo de Egina nos han legado ingentes trabajos en los que detallan hasta 120 tipos de operaciones y el instrumental que se utilizaba en ellas. Gracias a esos tratados sabemos que operaban hernias, tumores, piedras en el riñón e, incluso, masectomías, aunque la mayor parte de los tratamientos invasivos se centraban en la superficie del cuerpo y las áreas en las que se dispone de aberturas naturales para acceder con el instrumental a zonas más profundas, como la nariz y los genitales (para aumentar el dolor al leer esta frase, adjunto una imagen de antiguos instrumentos médicos)
La cuestión es que, a partir del siglo VII desaparecen las descripciones de cirujía de los textos bizantinos. Únicamente se hace referencia a las sangrías. Tan sólo en el siglo IX aparece una mención a 40 operaciones en los textos de León el físico. Sin embargo, no son ni mucho menos tan detalladas como las de sus predecesores siglos antes, se limita a mencionarlas de pasada sin dar explicaciones de cómo se realizaban, e incluso olvida muchas de las operaciones más corrientes del siglo VII como tratamiento para algunas dolencias.
Esto parece indicar una fuerte decadencia de la cirugía a partir del siglo VII. La única prueba en contra de esta teoría, es una extensa lista de instrumentos que data de un códice del siglo IX (Parisinus Latinus 11219) Según algunos autores, la existencia de tan exhaustivo compendio de instrumental indica que todavía seguiría en uso y, por tanto, las operaciones en las que se utilizaba serían aún parte de los tratamientos médicos de siglos posteriores. Por el contrario, hay opiniones que disienten de ésta, pues indican que los instrumentos son bastante generales y pueden ser utilizados para más cosas y, por otro lado, hay que notar que en esa época el prestigio médico había disminuido enormemente en el imperio bizantino, lo que podría ser indicativo de una generalizada pérdida de saberes en la profesión por causas varias. A este respecto, comentar que en siglo VIII Alejandría, el anterior centro de medicina por excelencia, se encontraba ya en manos árabes, lo que, indudablemente, debió influir en la bajada de experiencia de los médicos bizantinos.
En cualquier caso, se trata de un tema en el que se mantienen las especulaciones.
Y eso es todo por hoy.
Un saludo
sábado, 9 de abril de 2011
La formación médica en Bizancio
Hola a todos,
De nuevo regreso con una entrada de temática bizantina, algo que llevaba sin hacer unas cuantas semanas. En esta ocasión toca escribir sobre los estudios que debían seguir los bizantinos para convertirse en médicos, y es que resultaba necesario estudiar si uno quería vestir la túnica azul. Espero poder completarla con alguna entrada posterior sobre instrumental médico, operaciones, etc.
Sólo había dos formas de formarse como médico. La primera era colocarse como aprendiz de un físico en activo, y la segunda atendiendo a las clases de un profesor de medicina. Obviamente, el primer caso constituía la forma más accesible, pero la otra era mucho más prestigiosa, sobre todo si era en la escuela de medicina de Alejandría donde se cursaban los estudios. Sin embargo, estudiar no era nada barato, por lo que sólo los adinerados se instalaban en la ciudad del Delta (los estudios duraban cuatro años).
Se leía a Hipócrates (11 tratados del total) y Galeno (15 ó 16 tratados) explicándose los textos por parte del profesor. De Hipócrates se leían desde los principios generales o aforismos hasta las discusiones especializadas sobre las enfermedades de las mujeres. De Galeno anatomía, fisiología, diagnósticos y terapias. En época de Justiniano predominaba Galeno aunque a Hipócrates se le tenía como un iniciador. Otros grandes autores eran Alejandro de Aphrodisias, Themistio y Simplicio (de principios del siglo sexto) En el primer cuarto del siglo VI Juan Philoponus transcribió los comentarios de Ammonio a los libros uno y dos de Aristóteles (De anima). Es el mejor ejemplo de comentarios filosóficos que emplean ideas médicas. Se escribió en Alejandría y, probablemente, formaba parte de la formación médica. No se centra en los detalles, sino en los principios que se encuentran detrás de las ideas médicas. Y, al tiempo, muestra una de las grandes deficiencias de la medicina de la época: demasiada teoría y poca práctica (sobre todo poca práctica que tuviera visos de funcionar...)
El proceso de estudio era el siguiente: primero se detallaban las palabras del texto y su significado individual, siguiendo con el significado general de la frase y, por último, varias explicaciones realizadas por comentaristas anteriores y cómo decidir entre ellas.
En muchos casos los profesores no estaban ligados a la práctica, pero en otros acudían a realizar su trabajo acompañados de los alumnos, que así podían ver la medicina de primera mano. Estas lecciones prácticas se centraban en el último año de la 'carrera'.
Y eso es todo por hoy.
Un saludo
De nuevo regreso con una entrada de temática bizantina, algo que llevaba sin hacer unas cuantas semanas. En esta ocasión toca escribir sobre los estudios que debían seguir los bizantinos para convertirse en médicos, y es que resultaba necesario estudiar si uno quería vestir la túnica azul. Espero poder completarla con alguna entrada posterior sobre instrumental médico, operaciones, etc.
Sólo había dos formas de formarse como médico. La primera era colocarse como aprendiz de un físico en activo, y la segunda atendiendo a las clases de un profesor de medicina. Obviamente, el primer caso constituía la forma más accesible, pero la otra era mucho más prestigiosa, sobre todo si era en la escuela de medicina de Alejandría donde se cursaban los estudios. Sin embargo, estudiar no era nada barato, por lo que sólo los adinerados se instalaban en la ciudad del Delta (los estudios duraban cuatro años).
Se leía a Hipócrates (11 tratados del total) y Galeno (15 ó 16 tratados) explicándose los textos por parte del profesor. De Hipócrates se leían desde los principios generales o aforismos hasta las discusiones especializadas sobre las enfermedades de las mujeres. De Galeno anatomía, fisiología, diagnósticos y terapias. En época de Justiniano predominaba Galeno aunque a Hipócrates se le tenía como un iniciador. Otros grandes autores eran Alejandro de Aphrodisias, Themistio y Simplicio (de principios del siglo sexto) En el primer cuarto del siglo VI Juan Philoponus transcribió los comentarios de Ammonio a los libros uno y dos de Aristóteles (De anima). Es el mejor ejemplo de comentarios filosóficos que emplean ideas médicas. Se escribió en Alejandría y, probablemente, formaba parte de la formación médica. No se centra en los detalles, sino en los principios que se encuentran detrás de las ideas médicas. Y, al tiempo, muestra una de las grandes deficiencias de la medicina de la época: demasiada teoría y poca práctica (sobre todo poca práctica que tuviera visos de funcionar...)
El proceso de estudio era el siguiente: primero se detallaban las palabras del texto y su significado individual, siguiendo con el significado general de la frase y, por último, varias explicaciones realizadas por comentaristas anteriores y cómo decidir entre ellas.
En muchos casos los profesores no estaban ligados a la práctica, pero en otros acudían a realizar su trabajo acompañados de los alumnos, que así podían ver la medicina de primera mano. Estas lecciones prácticas se centraban en el último año de la 'carrera'.
Y eso es todo por hoy.
Un saludo
viernes, 1 de abril de 2011
Nueva reseña de El sueño de Justiniano
Hola a todos,
Ayer apareció una nueva reseña sobre El sueño de Justiniano en la página de Hislibris:
http://www.hislibris.com/el-sueno-de-justiniano-salvador-felip/
Sigo habitualmente la página de Hislibris desde hace unos años y, pese a que mis colaboraciones y comentarios no son prolíficos, pocos días dejo de entrar en ella a leer las reseñas que realizan sobre ensayos o novelas históricas. También he participado en dos de sus concursos de relato histórico, incluso consiguiendo con el primero de ellos que mi relato fuera publicado en un compendio de Ediciones Evohé.
En otro orden de cosas, un buen amigo está montando una web de temática militar que quiere fusionar con una tienda en la que se pueda encontrar artículos de modelismo, airsoft, y otras muchas cosas aún en preparación. Voy a hacer todo lo posible por echarle un cable con algunas reseñas, y aunque se trata de historia, táctica y estrategia militar actual (lo mío tiende más al periodo de la antigüedad) espero servirle de ayuda.
Por ahora he comenzado con una brevísima reseña sobre el libro de Stalingrado de Anthony Beevor, cuyo enlace proporcionaré cuando la web esté disponible. Es la primera vez que reseño un libro, por lo que no esperéis demasiado.
Un saludo
Ayer apareció una nueva reseña sobre El sueño de Justiniano en la página de Hislibris:
http://www.hislibris.com/el-sueno-de-justiniano-salvador-felip/
Sigo habitualmente la página de Hislibris desde hace unos años y, pese a que mis colaboraciones y comentarios no son prolíficos, pocos días dejo de entrar en ella a leer las reseñas que realizan sobre ensayos o novelas históricas. También he participado en dos de sus concursos de relato histórico, incluso consiguiendo con el primero de ellos que mi relato fuera publicado en un compendio de Ediciones Evohé.
En otro orden de cosas, un buen amigo está montando una web de temática militar que quiere fusionar con una tienda en la que se pueda encontrar artículos de modelismo, airsoft, y otras muchas cosas aún en preparación. Voy a hacer todo lo posible por echarle un cable con algunas reseñas, y aunque se trata de historia, táctica y estrategia militar actual (lo mío tiende más al periodo de la antigüedad) espero servirle de ayuda.
Por ahora he comenzado con una brevísima reseña sobre el libro de Stalingrado de Anthony Beevor, cuyo enlace proporcionaré cuando la web esté disponible. Es la primera vez que reseño un libro, por lo que no esperéis demasiado.
Un saludo
sábado, 26 de marzo de 2011
La importancia de un puesto
Hola a todos,
La entrada de hoy no es especialmente alegre, básicamente sirve para anunciar que El sueño de Justiniano ha llegado al final del recorrido.
Durante los últimos días el libro ha ido desapareciendo poco a poco de los mejores puestos en librerías y grandes almacenes, manteniéndose sólo en unas pocas mesas (algún Corte Inglés de Madrid, Alcampo y poco más) Y este cambio de ubicación, de la mesa de novedades a la librería, marca el punto de inflexión de las ventas de cualquier novela.
Hace unos días, comentaba en un correo con un compañero de Argentina, también escritor de novela bizantina, la importancia del puesto en el que se coloca una novela. Haciendo cálculos con El ocaso de Bizancio, los valores aproximados de ventas el primer año eran de un 95% de los libros vendidos en los primeros 2-3 meses (mientras estaba en las mesas) y el 5% restante es lo que vendes una vez que pasas a la estantería (libro de canto, de forma que sólo lo compran los que van expresamente a por él)
Esta fatídica estadística me demuestra que no sólo basta con publicar, sino que, si quieres poner una pica en el Flandes de las letras, debes hacerlo con una editorial de prestigio que te garantice un puesto en la zona destacada de librerías y grandes superficies, porque fuera de eso el mundo es muy, pero que muy pequeño.
En cualquier caso no tengo motivos para quejarme. A fin de cuentas, este momento tenía que llegar, y no puedo dejar de lado que he logrado una segunda edición y una buena subida de ventas respecto a mi primera novela, pero no puedo negar que me hubiera gustado ver una o dos ediciones más.
Ahora queda el salto al otro lado del Atlántico, por lo que espero que El sueño de Justiniano siga dando guerra durante algún tiempo.
Un saludo
La entrada de hoy no es especialmente alegre, básicamente sirve para anunciar que El sueño de Justiniano ha llegado al final del recorrido.
Durante los últimos días el libro ha ido desapareciendo poco a poco de los mejores puestos en librerías y grandes almacenes, manteniéndose sólo en unas pocas mesas (algún Corte Inglés de Madrid, Alcampo y poco más) Y este cambio de ubicación, de la mesa de novedades a la librería, marca el punto de inflexión de las ventas de cualquier novela.
Hace unos días, comentaba en un correo con un compañero de Argentina, también escritor de novela bizantina, la importancia del puesto en el que se coloca una novela. Haciendo cálculos con El ocaso de Bizancio, los valores aproximados de ventas el primer año eran de un 95% de los libros vendidos en los primeros 2-3 meses (mientras estaba en las mesas) y el 5% restante es lo que vendes una vez que pasas a la estantería (libro de canto, de forma que sólo lo compran los que van expresamente a por él)
Esta fatídica estadística me demuestra que no sólo basta con publicar, sino que, si quieres poner una pica en el Flandes de las letras, debes hacerlo con una editorial de prestigio que te garantice un puesto en la zona destacada de librerías y grandes superficies, porque fuera de eso el mundo es muy, pero que muy pequeño.
En cualquier caso no tengo motivos para quejarme. A fin de cuentas, este momento tenía que llegar, y no puedo dejar de lado que he logrado una segunda edición y una buena subida de ventas respecto a mi primera novela, pero no puedo negar que me hubiera gustado ver una o dos ediciones más.
Ahora queda el salto al otro lado del Atlántico, por lo que espero que El sueño de Justiniano siga dando guerra durante algún tiempo.
Un saludo
sábado, 19 de marzo de 2011
Lo difícil no es llegar a publicar sino mantenerse
Hola a todos,
La semana pasada comenté el tema de la novela con la que estoy liado actualmente (la del oficinista asesino) y, dado que no se trata de una novela histórica, se me ha ocurrido mientras mataba (literariamente) a una de las víctimas que la gente está bastante equivocada respecto a la publicación de novelas.
Hay dos tópicos fundamentales en la cabeza de cualquier persona desconocida a la que te presentan y le dices que eres escritor.
El primero es que, en cuanto le dices que has publicado un par de novelas te sueltan eso de:
- 'Estarás forrado ¿no?'
Pues no, la verdad es que no. No sólo no me he forrado con ambas novelas sino que juntando los beneficios de ambas ni siquiera tengo para el sueldo de un año como informático (y no es que gane un pastón como consultor)
Mucha gente piensa que publicar es una especie de puerta a la cueva de Alí-Babá, y que sacar un libro al mercado es sinónimo de lluvia de millones. Para muestra un botón: con un 10% de beneficio sobre precio de libro sin IVA (unos 2 euros por ejemplar vendido) la venta de 5000 ejemplares (1 edición completa) supone al autor la astronómica cifra de 10.000 euros. Como pueden ver, no da ni para ser mileurista. Eso sin contar con que se tardan 2 ó 3 años en escribir una novela histórica, así que esos 10k han de ser distribuidos entre esos años.
Como se puede ver, no es para forrarse.
El segundo tópico con el que te encuentras es el de:
- ¿Ya has publicado? Pues tu siguiente novela se la rifarán las editoriales ¿no?
Pues va a ser que no, que tampoco es el caso.
Y este punto es incluso más frustrante que el anterior. Resulta que después de publicar sigues sin tener nada asegurado, y cuando digo nada es nada. Lo único de lo que tienes garantía es que tu manuscrito sí se lo van a leer en tu editorial en lugar de ir al montón. Esto, aunque no es moco de pavo, tampoco es para tirar cohetes, no significa que te vayan a publicar. Si no les gusta la idea, la temática, la trama o el enfoque te dirán amablemente que verdes las han segado y que no es lo que buscan, que si puedes escribir de Filostros en lugar de Forlayos. No es que se trate de algo personal, no. Es cuestión de negocio, la editorial está para ganar dinero, y aunque tu novela te consiguiera la prez del mundo literario, si no es comercial te dicen que la publicará Rita (the singer)
Y si se te ocurre escribir algo que no vaya en la línea por la que te conoce la editorial (como le ocurre a un servidor, que se sale de la novela histórica) lo más probable es que tu novela, escrita con toda la ilusión del mundo, se quede en un cajón en espera de comenzar el famoso ciclo para intentar publicar, pero esta vez desde cero. A otras editoriales y agentes no les impresiona la publicación de un par de novelillas, por lo que tu manuscrito va directamente al montón.
Y esa es la cuestión principal que a veces me ronda la mente, que ahora estoy escribiendo una novela para la que no tengo nada seguro, y para la que, con absoluta probabilidad, tendré que comenzar una ronda de envíos a editoriales para ver si alguna se decide a publicarla.
No es éste un tema que trate de oídas. Mi novela 'República', que yo considero la mejor de las tres que he escrito, sigue en el baúl de las causas perdidas, junto a un taco de negativas de editoriales y agentes, lo cual no proporciona mucho ánimo para seguir probando fuera de la novela histórica, pero bueno, uno es cabezota y continúa inasequible al desaliento.
En fin, que seguiré con el oficinista loco hasta acabar la novela, y después Dios dirá...
Un saludo
La semana pasada comenté el tema de la novela con la que estoy liado actualmente (la del oficinista asesino) y, dado que no se trata de una novela histórica, se me ha ocurrido mientras mataba (literariamente) a una de las víctimas que la gente está bastante equivocada respecto a la publicación de novelas.
Hay dos tópicos fundamentales en la cabeza de cualquier persona desconocida a la que te presentan y le dices que eres escritor.
El primero es que, en cuanto le dices que has publicado un par de novelas te sueltan eso de:
- 'Estarás forrado ¿no?'
Pues no, la verdad es que no. No sólo no me he forrado con ambas novelas sino que juntando los beneficios de ambas ni siquiera tengo para el sueldo de un año como informático (y no es que gane un pastón como consultor)
Mucha gente piensa que publicar es una especie de puerta a la cueva de Alí-Babá, y que sacar un libro al mercado es sinónimo de lluvia de millones. Para muestra un botón: con un 10% de beneficio sobre precio de libro sin IVA (unos 2 euros por ejemplar vendido) la venta de 5000 ejemplares (1 edición completa) supone al autor la astronómica cifra de 10.000 euros. Como pueden ver, no da ni para ser mileurista. Eso sin contar con que se tardan 2 ó 3 años en escribir una novela histórica, así que esos 10k han de ser distribuidos entre esos años.
Como se puede ver, no es para forrarse.
El segundo tópico con el que te encuentras es el de:
- ¿Ya has publicado? Pues tu siguiente novela se la rifarán las editoriales ¿no?
Pues va a ser que no, que tampoco es el caso.
Y este punto es incluso más frustrante que el anterior. Resulta que después de publicar sigues sin tener nada asegurado, y cuando digo nada es nada. Lo único de lo que tienes garantía es que tu manuscrito sí se lo van a leer en tu editorial en lugar de ir al montón. Esto, aunque no es moco de pavo, tampoco es para tirar cohetes, no significa que te vayan a publicar. Si no les gusta la idea, la temática, la trama o el enfoque te dirán amablemente que verdes las han segado y que no es lo que buscan, que si puedes escribir de Filostros en lugar de Forlayos. No es que se trate de algo personal, no. Es cuestión de negocio, la editorial está para ganar dinero, y aunque tu novela te consiguiera la prez del mundo literario, si no es comercial te dicen que la publicará Rita (the singer)
Y si se te ocurre escribir algo que no vaya en la línea por la que te conoce la editorial (como le ocurre a un servidor, que se sale de la novela histórica) lo más probable es que tu novela, escrita con toda la ilusión del mundo, se quede en un cajón en espera de comenzar el famoso ciclo para intentar publicar, pero esta vez desde cero. A otras editoriales y agentes no les impresiona la publicación de un par de novelillas, por lo que tu manuscrito va directamente al montón.
Y esa es la cuestión principal que a veces me ronda la mente, que ahora estoy escribiendo una novela para la que no tengo nada seguro, y para la que, con absoluta probabilidad, tendré que comenzar una ronda de envíos a editoriales para ver si alguna se decide a publicarla.
No es éste un tema que trate de oídas. Mi novela 'República', que yo considero la mejor de las tres que he escrito, sigue en el baúl de las causas perdidas, junto a un taco de negativas de editoriales y agentes, lo cual no proporciona mucho ánimo para seguir probando fuera de la novela histórica, pero bueno, uno es cabezota y continúa inasequible al desaliento.
En fin, que seguiré con el oficinista loco hasta acabar la novela, y después Dios dirá...
Un saludo
domingo, 13 de marzo de 2011
Entre novela y novela
Hola a todos,
Tras darle muchas vueltas al asunto de mi siguiente novela histórica sigo sin decidirme. Resulta un poco frustrante, pero todas las alternativas tienen sus ventajas e inconvenientes y no hay ninguna por la que se incline la balanza de forma clara. Y lo peor de todo es que no sólo no descarto posibilidades sino que se van añadiendo algunas nuevas. ¡Así no hay manera!
Me he dado de plazo hasta verano para resolver el asunto. Si llega el momento y no he sido capaz de escoger una de las opciones me lo jugaré a los dados o a la carta más alta. Supongo que cualquiera pensaría que tal vez deba pedir consejo a algunos amigos, y ya lo he hecho, con el resultado neto de que... ¡a cada uno que pregunto le gusta una distinta!
Mientras tanto, para no perder el hilo de la literatura, he abierto varios frentes (como si no tuviera pocas cosas que hacer)
Y estas son sólo algunas de mis encrucijadas actuales. No sé si estoy tan despistado que voy pegando tiros a todos lo que se mueve, pero supongo que cuantas más opciones tenga más fácil será que alguno salga bien. Al final, lo único que tengo claro es que quiero dedicarme a esto, y si me quedo quieto viendo la tele seguro que no lo consigo.
La próxima semana más...
Un saludo
Tras darle muchas vueltas al asunto de mi siguiente novela histórica sigo sin decidirme. Resulta un poco frustrante, pero todas las alternativas tienen sus ventajas e inconvenientes y no hay ninguna por la que se incline la balanza de forma clara. Y lo peor de todo es que no sólo no descarto posibilidades sino que se van añadiendo algunas nuevas. ¡Así no hay manera!
Me he dado de plazo hasta verano para resolver el asunto. Si llega el momento y no he sido capaz de escoger una de las opciones me lo jugaré a los dados o a la carta más alta. Supongo que cualquiera pensaría que tal vez deba pedir consejo a algunos amigos, y ya lo he hecho, con el resultado neto de que... ¡a cada uno que pregunto le gusta una distinta!
Mientras tanto, para no perder el hilo de la literatura, he abierto varios frentes (como si no tuviera pocas cosas que hacer)
- Sigo buscando editorial para mi novela 'República'. Al parecer no debe ser lo suficientemente comercial para lo que se publica ahora. En cualquier caso no me rindo, está en estudio en dos editoriales. De todas formas, me estoy planteando que, si llega septiembre-octubre sin novedades, voy a subirla como e-book a Amazon. No creo que vaya a vender más de un centenar, pero siempre será mejor que circule a tenerla guardada en un cajón.
- Me liado la manta a la cabeza con un amigo y hemos realizado una propuesta en Antena 3 para una serie policiaca, de la que he escrito el primer guión. Tanto propuesta como primeros dos capítulos están ya en manos de la cadena, aunque ni mi amigo ni yo nos hacemos demasiadas ilusiones. El mundo de la televisión es una caja negra para nosotros, pero por probar que no quede. Caso de fallar como una escopeta de feria y que nos rechacen (lo que sería lo más normal) pasaré el guión a novela y a seguir probando.
- Con esto de comenzar a hacer guiones se me ocurrió un guión para una película. Aunque no lo he escrito tengo el boceto de todas las escenas. No he seguido porque estamos en lo de antes, luego no sé que hacer con el guión (además no es políticamente correcto) La alternativa está, nuevamente, en pasarlo a novela, pero tendría que ponerla a la cola.
- Pese a que últimamente no estoy escribiendo demasiado he comenzado una nueva novela en la que no tengo que investigar nada, simplemente me la invento según voy dando a la tecla. Trata de un oficinista cuarenton que se da cuenta que su vida es un asco y le da una pseudo-depresión de la que sale convirtiéndose en asesino. Es bastante truculenta, pero me mantiene activo mientras dilucido cuál será mi siguiente ladrillo histórico.
- Tras escribir un relato corto para el último concurso de Hislibris se me ocurrió que las seis hojas del relato serían un buen prólogo para una novela de espías en el París de la posguerra. Eso me indujo a cambiar el final del relato con lo que le resté credibilidad (quedándome fuera de los elegidos en el concurso) pero permitiéndome empezar con una novela que creo que podría tener un buen fundamento (como diría Arguiñano) Conclusión, he escrito casi veinte folios pero la he dejado hasta que termine la anterior (la del oficinista loco) porque soy consciente de que empezar demasiadas cosas no sirve más que para dispersarse y no acabar ninguna.
- Le he prometido a unos de mis sobrinos escribirles una historia en la que ellos sean los protagonistas. La tengo en la cabeza y he escrito un par de escenas, pero no encuentro tiempo para ello. Pero lo prometido es deuda, y antes o después tendré que sumergirme en un mundo de elfos, dragones y sobrinetes.
Y estas son sólo algunas de mis encrucijadas actuales. No sé si estoy tan despistado que voy pegando tiros a todos lo que se mueve, pero supongo que cuantas más opciones tenga más fácil será que alguno salga bien. Al final, lo único que tengo claro es que quiero dedicarme a esto, y si me quedo quieto viendo la tele seguro que no lo consigo.
La próxima semana más...
Un saludo
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